La mole le mola

lunes, 4 de abril de 2011

El símbolo de Turín es una mole, es decir, por definición, un bulto grande o corpulento. No es a priori muy atractivo decir que tu símbolo es un bulto. Pero esta mole es una mole que mola. La Mole Antonelliana lleva siendo la atalaya más alta de Turín desde 1889, el bulto molón del que los turineses de sienten más orgullosos, y el monumento que mola a los colectivos más diversos.

La mole le mola a los arquitectos, que admiran a Alessandro Antonelli, el constructor que fue capaz de transformar el proyecto inicial, una sinagoga de 66 metros de altura, para elevarlo cien metros más y convertir a la construcción que lleva su nombre en el edificio de ladrillo más alto levantado en su momento, con 167 metros.

La mole le mola a los fotógrafos, que buscan la postal perfecta en un día soleado desde el Monte Capuccini, con la Mole destacando su gigantesca cúpula sobre el resto de edificios de Turín y con la preciosa estampa de los Alpes nevados al fondo; o que acceden al mirador del edificio, ubicado a 100 metros sobre el suelo, para tener la mejor vista desde el interior de la ciudad.

La mole le mola a los que buscan emociones fuertes, pues es toda una aventura subirse a su ascensor central, totalmente acristalado para ascender 75 metros en medio de la nada. Y mirar para arriba y ver por qué agujero tan pequeñito tiene que caber ese elevador que no para de subir.

La mole le mola a los cinéfilos, pues desde el 2000 acoge el Museo Nacional del Cine, un espacio expositivo de 5 plantas con, entre otras muchas atracciones, carteles que repasan toda la historia del cine contextualizada con la historia del mundo, atrezzo de tamaño gigante utilizado en algunas películas, y salas que repasan todos los géneros cinematográficos a nivel italiano e internacional.

La mole le mola a los numismáticos, pues desde que el euro entró en Italia la efigie de la Mole representa al país en las monedas de dos céntimos.

Y por último, la mole le mola a los viajeros de culo inquieto que, como el menda lerenda, disfruta de este bulto cada vez que visita Turín.

Que no se te olvide validar

domingo, 3 de abril de 2011

Me acerco a cualquier estación de tren de Italia. Busco el panel informativo que, tras una cristalera, indica en papel amarillento las salidas de todos los trenes de esa estación, separadas por horas e indicando las paradas. Hay muchas opciones que van a donde yo quiero, y entre la gran variedad de trenes hay que tener cuidado de no elegir el más caro. Desde la privatización del servicio ferroviario, en Italia hay muchas empresas de trenes, nacionales como Trenitalia o regionales como Tilo, más la alta velocidad del Frecciarossa.

Para comprar el billete, existe la posibilidad de ir a un quiosco en la propia estación a adquirir una modalidad de billete por kilómetros: pides uno para X kilómetros y te permite ir a cualquier parada dentro de esa distancia. Como no me queda claro, prefiero ir a las máquinas de billete rápido. Deben ser complicadas, porque una especie de gorrilla al uso está dispuesto a ayudar a los compradores, a cambio de una propina por tan buen servicio. Tampoco me fío, así que, lo más seguro aunque más lento, es esperar la cola de la taquilla y pagar al señor en la ventanilla.

Con el billete en mano, hay que buscar el tren. Miro en en panel de salidas, y mi tren sale del binario 5. Me llama la atención que en el panel haya una casilla fija para el posible ritardo, retraso que en Italia no es posible sino más bien probable. Mi tren trae 5 minutos de demora, así que no hay que correr.

Una vez en el andén, suenan los altavoces. Quedan dos minutos para la llegada. Una voz en italiano lee un mensaje incomprensible. De repente, todas las personas que estaban en el binario salen disparadas en otra dirección. Me fijo en los paneles, y me dio cuenta de que el tren vendrá pero el andén es otro. Estos cambios de última hora están a la orden del día en Italia, así que hay que correr.

Con la lengua fuera y detrás de la multitud, llego al tren y me trato de acomodar. El tren tiene dos plantas, así que como la que más mola siempre es la de arriba, subo las escaleras. El tren va repleto y apenas hay un asiento libre. Me lo quedo para mí, pero mi maleta no tiene sitio. El portaequipajes superior es tan poco espacioso que no cabe ni una maleta de mano pequeña.

El tren comienza su camino, y me relajo en mi asiento como puedo junto a mi maleta. Al poco tiempo, llega el revisor. Enseño mi billete al controllore, que lo observa y me mira con cara de pocos amigos. "Non è convalidato", me dice. Los billetes en Italia, cuando se adquieren, no están cerrados, sino que se pueden usar para ese trayecto durante 2 meses. Por ello, antes de subir al tren, hay que ir a una máquinas amarillas con aspecto viejuno, meter el billete para que se imprima la estación de origen, la fecha y la hora de imprimación, y a partir de entonces tienes 6 horas para poder usarlo. Nadie te lo explica, sólo el revisor cuando te pilla. Por esta vez, y convencido de que, a pesar de ser español, no lo había hecho con mala fe sino por desconocimiento, lo deja pasar y no me multa. Pero me advierte, la próxima vez, que no se te olvide validar.

Facile e divertente

miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Por qué elegir estudiar italiano? No parece una decisión atractiva para triunfar en la carrera profesional, pues la lengua italiana sólo la hablan unos 70 millones de personas en el mundo, siendo idioma oficial únicamente en Italia y San Marino, co-oficial en Suiza (donde apenas el 6,5% de la población la usa) y el Vaticano, y hablada escasamente en otros como Eslovenia y Eritrea. Entonces, ¿por qué me gusta tanto el italiano? Pues entre otras cosas porque es facile e divertente:

Travestirsi. Los italiano parlantes lo dicen sin tapujos, son una comunidad mucho más moderna y tolerante y allí incluso todos se animan a ir travestidos, pero eso sí, sobre todo en carnaval. Porque travestirsi en italiano significa "disfrazarse".

Stirare. El italiano es lógico y consecuente, por eso a la hora de inventar una palabra, piensan: cuando tengo una camisa arrugada, para quitarle las arrugas, en verdad lo que hay que hacer es estirar para que quede lisa, ¿no? (bueno, hay que recordar que en Italia se inventaron lo de llevar las camisas arrugadas, moda que llegó allí al menos en 2002). Pues ya está, de planchar nada, aquí se dice stirare.

Porro. Cuando en una cena con amigos te digan que una comida lleva porro, no te frotes las manos pensando en colocarte de gratis. El porro es el puerro, y si quieres de lo otro pide un spinello o canna.

Autista. Cuando en Italia o Lugano te montes en un autobús, si el conductor no te hace caso y le llamas "autista", ni se enfandará, pues ese es el nombre en italiano de su profesión. Además, estará cumpliendo con su obligación porque no se le puede molestar mientras trabaja.

Accidenti. En Italia soy muy melodramáticos, y ante cualquier situación extraña que ocurra y nos sorprenda, cuando nosotros diríamos un simple "¡caramba!", ellos parece que siempre se imaginen lo peor, y te soltarán un accidenti!

Mettercela tutta. Pues sí, tal expresión se usa en italiano, y con mucha asiduidad, y significa "hacer todo lo posible para", pero me da que la mente calenturienta de un español jamás podrá pensar en que una expresión así pueda significar lo que de verdad quiere decir.

150 años

sábado, 26 de marzo de 2011

El 17 de marzo de 1861, Vittorio Emanuele Maria Alberto Eugenio Ferdinando Luca Tommaso di Savoia-Carignano, Vittorio Emanuele II para los amigos, fue coronado como el primer rey de Italia. El país de la pizza, cuna del primer gran imperio de la historia, el romano, nunca había tenido una identidad nacional antes de esa fecha. Su anterior territorio, dividido en estados independientes, algunos controlados por la pequeña pero guerrera Austria, quedó a partir de ese día unificado.

Este año se cumplen pues 150 años de aquel suceso. Italia es, por tanto, una nación joven, pero, a pesar de ello, el país ha sabido consolidar una identidad nacional férrea, a diferencia de lo que sucede por ejemplo en España. Y eso que en Italia, al igual que en su vecino mediterráneo, cada región es diferente a la de al lado; incluso cada una posee un dialecto propio, distinto e inentendible para las demás.

Hace 150 años, Turín, ciudad natal del rey, fue elegida capital del naciente estado. Y es por ello por lo que Turín y el Piamonte han adoptado este evento como propio para celebrarlo por todo lo alto. Desde marzo a noviembre, por toda la región habrá actividades culturales, depotivas y temáticas respecto a l'Unitá dell'Italia, con programaciones especiales en museos y asociaciones. Cursiva
El sentimiento italiano desborda las calles de Turín. Todos, absolutamente todos los comercios de la ciudad tienen una pegatina decorando su escaparate con el logotipo de la tricolore. Algunos lo llevan al extremo y monopolizan su negocio con los colores verde, blanco y azul, metaforizando su bandera con globos, pasteles, helados y hasta en abrigos.

Las calles están llenas de guirnaldas, de banderas italianas, de luces que pintan edificios, de carteles y pantallas luminosas que irradian italianismo. Los italianos están orgullosos de su país, y no tienen reparos en demostrarlo. Algo que en España sólo ha ocurrido cuando ganamos el Mundial. ¿Por qué está diferencia? Ah claro, ya está, debe ser que Italia lo ha ganado 4 veces.

No fallan

martes, 22 de marzo de 2011

Se acabaron las Fallas. Valencia echa el cierre el 19 de marzo a un año de preparativos con una traca final de 3 días de locura. Tres días para quemar una ciudad que está de fiesta, una fiesta donde predomina el olor a pólvora por las calles, unas calles por las que pasear se torna complejo tratando de evitar ora la marabunta de gente, ora los petardos ensordecedores y molestos que lanzan los niños a todas, y digo a todas, horas. Las fallas no fallan. Predomina el buen ambiente y la fiesta en la calle. ¿Qué qué es lo que se hace en Fallas? Dada su gran variedad de posibilidades nada mejor que hacer una lista para no perderse un detalle.

Ver las fallas. Las fallas son esos monumentos de poliespan que abarrotan cada plaza de Valencia. Cada barrio expone 2, el gigante y uno infantil, y su temática, aunque me la esperaba mucho más crítica, era muy variada (la televisión, deportes, y otras muchas de difícil interpretación). Los personajes más repetidos, Zapatero y Rita Barberá, la alcaldesa. Su elaboración conlleva todo un año de preparación por parte de un maestro fallero. Se disponen el día 15, con lo que apenas hay 4 días para intentar ver las más de 400 dispersas por toda la ciudad. Todas las fallas entran en un concurso, de la que resulta ganadora una el día 18, aunque, como en las elecciones, a pesar de haber un único ganador, todas parecen ganar, pues hay premios secundarios (ingenio, infantil) y todas exponen un baluarte con destacando con orgullo su posición, fuere cual fuere.

Sentir la Mascletá. Todos los días a las 14.00 en la plaza del Ayuntamiento se hace la guerra. Una hora antes la gente se atrinchera, nunca mejor dicho, alrededor de un cubículo enrejado que aloja en su interior cientos de kilos de pólvora presta para ser explosionada. En apenas 10 minutos todo que quema, el suelo tiembla, el corazón palpita y las bocas quedan boquiabiertas doblemente para no dañar los oidos y para expresar la emoción de este caos controlado. Un vídeo para recordar la traca final:


Ver un castillo. Los castillos de fuegos artificiales tienen lugar a diario a la 1 de la madrugada. Cada noche distintos, se lanzan en al antiguo cauce del Turia y el más largo y espectacular en el del día 18, la Nit del foc, más de 20 minutos de cohetes y petardos de colores, alguno cayendo pausadamente con un pequeño paracaidas. Lo más importante, sin duda, saber cuándo terminan: dos petardazos finales y un aplauso generalizado.

La ofrenda. El 17 y el 18, por la tarde, se organiza un desfile en el que cada falla, ordenadamente, procesiona en una especie de carrera oficial con final en la Plaza de la Virgen, detrás de la Catedral. Las falleras lucen sus trajes, caros carísimos, con sus característicos peinados, que son postizos y que tienen que mantener durante una semana (duermen boca abajo); y los falleros llevan un curioso traje que recuerda al de un pirata, al son de una banda que toca canciones típicas (aunque sean alicantinas como mon'anirem al Postiguet). Todos llevan claveles a la virgen, que al llegar a la plaza, entre lágrimas de los falleros, serán dispuestas en una estructura de madera gigante que formarán un espectacular manto para la Cheperudeta (así se llama cariñosamente a la Virgen de los Desamparados).

Las luces. La calle es protagonista, también, de otro concurso: el de la iluminación. Cada barrio decora sus vías con luces, aunque siempre siempre gana la de Russafa, que se gasta un pastizal en formar una espectacular estructura. Cada tarde, a las 8, se enciende ceremonialmente con música de fondo muy muy mística, un evento que acoge a multitud de interesados como se ve en el vídeo.



La cremá. El fin de fiesta, la noche del 19, el día más triste para los valencianos. Las fallas se queman, siempre rodeadas por un dispositivo de bomberos que riegan las edificios, muchas veces muy próximos al monumento. Un año de preparación que arde en unos segundos, cuando la fallera mayor, a lágrima viva, enciende la mecha que marca el final de la fiesta. No todo se reduce a cenizas: la falla que gana puede salvar un pequeño muñeco, el ninot indultat, que se guardará en un museo.

Y más y más. Las fallas dan para mucho. Los guiris se ponen un pañuelo de cuadros azules, que ningún valenciano lleva; por las noches, si no te cuelas en algún casal de esos privados con ambiente bastante cerrado, existe la posibilidad alternativa de que cada falla monta una paellada, para no limitar el comer arroz en el almuerzo, y una verbena para bailar hasta las tantas; y a la vuelta, nada mejor que desayunar, pero sin equivocarse: lo típico no son los churros, sino los buñuelos de calabaza. Y si no se ha conseguido ligar, no hay problema. Como dice el refrán, "Si en Fallas no follas, en Pascua no fallas".

La mayor torreta del mon

martes, 8 de marzo de 2011

No podía ser de otra manera. Alicante, la millor terreta del mon, ostenta la mayor torreta del mon. Hay que viajar un poco al sur de la provincia, a Guardamar del Segura, un municipio eminentemente playero, para encontrarnos una antena de radio que, por su ubicación cercana al mar y alejada de montañas, se puede divisar en un día claro desde más de 50 kilómetros de distancia. Lo que hace especial a esta torre es que, con sus 370 metros de altura (50 metros más que la Torre Eiffel, por ejemplo), es la construcción más alta de toda España.

Es decir, no hay nada en España construido por el hombre que supere en altura, desde su base hasta su tope, a la torreta de Guadarmar. Normalmente, la clasificación famosa es la de los edificios más altos, que a día de hoy en nuestro país son las 4 torres de Madrid y el hotel Bali de Benidorm. Pero, para este ranking, se considera edificio a aquella estructura que tiene más de un 50% de su superficie destinada a uso humano (vivienda, oficinas...). Este criterio deja fuera a otras construcciones destinadas a comunicaciones o a uso industrial, y en concreto hay 6 (como se puede ver en este gráfico) que superan a los citados edificios.

La torre de Guardamar presume de record de altura desde que se construyera en 1962, y es también la construcción de uso militar más alta de toda Europa. Su altura asombra, pues yergue su figura en un entorno diáfano que aún la engrandece más. Hoy pertenece a la Armada Española y su altura se justifica en su utilidad: da servicio a los submarinos que salen de Cartagena, y que necesitan de una antena emisora de un tamaño enorme según nosequé ley física para transmitir ondas de radio de gran longitud que les lleguen bajo el agua a grandes profundidades. Lo curioso es que dicha antena se controla desde la base militar de Rota.

Y es que su historia emana de los Estados Unidos, que la construyeron durante la Guerra Fría según las concesiones que el régimen otorgó a los yanquis, para dejar de usarla después de la Guerra del Golfo. Es por ello por lo que la antena es conocida como "La torre de los americanos". Su peculiaridad bien merece una visita, sin dejarse engañar por el cartel de la puerta que le otorga 10 metros más de los que en verdad tiene.

La patrulla águila

miércoles, 2 de marzo de 2011

El águila, poderosa y ágil, surca los vientos. Su planta, esbelta y robusta, intimida. Su imagen, potente y cautivadora, ha sido tomada por muchos pueblos, desde el Imperio Romano a los Austrias españoles, como símbolo nacional, una imagen que transmite per se fuerza y poderío. Nuestro ejército también ha utilizado al águila como referente, para dar nombre a una patrulla cuyos miembros, como el águila, se manejan en el aire con firmeza.

La patrulla águila es un grupo perteneciente al Ejército del aire, compuesto por 7 aviones del tipo aviojet C101, que se han especializado en acrobacias aéreas. Tienen su sede en la base militar de San Javier, junto al Mar Menor, y ensayan durante el invierno las exhibiciones que realizan periódicamente de primavera a otoño. Aunque participan en otros eventos, como cuando durante el paseo de los campeones del mundo los vi cruzar por encima del autobús de la selección desplegando con humo de colores la bandera de España.

Para que sus acrobacias salgan óptimas en las exhibiciones, estos aviadores de la patrulla águila hacen un intenso entrenamiento que empieza en febrero. Cada miércoles, sus 7 pilotos suben a sus culopollos (que es como curiosamente llaman a sus aviones) para ensayar unas maniobras imposibles. La suerte es justo, sin saberlo, visitar San Javier en febrero un miércoles, y contemplar in situ su entrenamiento con la ilustre compañía del comandante Lombo, que como ex miembro de la patrulla, te va además explicando cada uno de los ejercicios y te hace ver lo complicado de su ejecución.

La patrulla águila se mueve en bandada. La bandada tiene un líder, que es el que decide la formación a seguir. Ya sea en flecha, en cuña o en rombo, estos pájaros a motor vuelan juntos, tan juntos que parece que sus alas se van a tocar. La pericia del piloto persigue realizar el ejercicio lo más preciso posible, con cruces a 600 km/h por aparato. Los aviones pueden volar en vertical, dejándose caer en el aire y recuperando la estabilidad en pocos segundos; también se dan la vuelta, y vuelan boca abajo haciendo un espejo con otro avión pocos metros más abajo; o rotan y rotan sobre sí mismos gracias a unos pilotos inmunes al centrifugado. Los mirlos dejan estelas de humo dibujando el cielo con formas, rompen su formación con movimientos inverosímiles y dejan atónito al espectador asustado por la ilusión óptica de un choque en el aire.

Al terminar el ensayo, los pilotos de la patrulla águila descienden de su culopollo como si nada. Alguno reconoce un poco de mareo, pero sin más muestras de fatiga. Estos águilas humanos bajan a la tierra para repasar en un vídeo los posibles errores que subsanar para que el día de la exhibición oficial el vuelo salga perfecto. Y ya se preparan para volver a surcar el cielo. La patrulla águila, siempre listos.

De color de rosa

jueves, 24 de febrero de 2011

Así les gusta ver el campo a los turroneros de la Marina Baja de Alicante. Un paisaje predominantemente rosa implica una gran cosecha de almendras para la temporada navideña del turrón. Y es justo ahora cuando el almendro tiñe las tierras con un tono inesperado.

El campo invita a darse una vuelta por las carreteras de Relleu, Torremanzanas, Jijona o Alcoy. A ambos lados abundan los almendros, que justo ahora en febrero han florecido y han tornado de rosa lo que antes era un campo seco, árido y amarillento. La invasión del rosa es realmente impresionante. Y el nuevo color le sienta bien a Alicante. Cinco pétalos conforman la rosácea flor del almendro, y son ellos los culpables de dar alegría y vistosidad al paisaje. Pero los nuevos tonos no son para siempre. En pocos días, la flor rosa se cae, se vuelve verde y producirá el fruto marrón de la almendra que tardará medio año en madurar.

La zona es propicia para el cultivo del almendro, que se desarrolla mejor en zonas cálidas, sin mucho frío y alejado de heladas, suportando bien prolongados periodos sin lluvia. Estamos describiendo sin quererlo en clima alicantino. Que el campo se vuelve rosa en estas fechas hace que la vida se vuelva de ese color para las miles de personas que viven de la cosecha de la almendra. Y para los que nos gusta comernos un buen turrón en Navidad.

Cascadas en masa

viernes, 18 de febrero de 2011

Precioso, natural y único. Así era el entorno de las Fonts del Algar, un reducto de naturaleza que quien lo visita no se cree que se encuentre en Alicante. En la tierra de la la playa y del Mediterráneo, del boom inmobiliario y de los guiris colorados, sorprende encontrar un paraje diferente, montañoso, lleno de vida, de agua que fluye cristalina formando espectaculares cascadas, con su rumor constante y refrescante, entre paredes de roca caliza. Y lo más llamativo: a tan sólo 15 kilómetros de Benidorm.

Situadas sólo a 3 kilómetros de Callosa de Ensarrià, las fuentes del Algar, que con ese nombre denota a las claras qué pueblo las bautizó ("Algar" en árabe significa cueva), son el resultado de la unión de los cursos de los ríos Guadalest y Algar, siendo el nacimiento de este último visitable en un recorrido senderista de kilómetro y medio. Las frías aguas que poco más abajo desembocarán en el Mare Nostrum han ido modelando un paisaje kárstico dominado por una sucesión impresionante de cataratas y pozas donde tomar un baño es una obligación.

Pero empecé el post en pasado no por gusto, sino por un motivo claro. Hace años, nadie conocía las Fonts del Algar: los privilegiados que sabían de su existencia disfrutaban de un espectáculo natural virgen. Hoy, todo ha cambiado. El lugar está explotado por ese turismo de masas que arrasa cual Atila allá por donde pasa hasta el límite de hacer incómoda la visita. Es imposible aparcar el coche si no es en el aparcamiento de un restaurante donde te cobran un euro (que te amablemente te descuentan si comes allí luego); nada más coger la senda una chica te hace una foto que luego puedes comprar, como si fuera un parque temático; para acceder a las cascadas hay que pasar primero por una pasarela rodeado de bares y artículos de recuerdo, donde por cierto, sólo se puede ir al servicio si consumes; al llegar, hay que pasar por una garita donde en época estival te cobran entrada ¡por ver algo natural!; no te dejan entrar comida con la excusa de preservar el entorno (o para que gastes en los restaurantes); y en verano está masificado de gente bañándose o pasando el día. De pena.

Es el eterno debate, todos tenemos derecho a disfrutar de lo que la naturaleza nos ha dado, no veo mal poner algunas restricciones para su preservación, pero ¿hasta qué punto podemos destruir un entorno incomparable para el lucro? A pesar de todo, las fuentes del Algar son una maravilla de la naturaleza que merece la pena ser conocida. Eso sí, en invierno.

El legado del Ironman

sábado, 12 de febrero de 2011

El hombre de hierro, el Tatcher de la construcción ha sido y será por siempre Gustave Eiffel, el genial arquitecto que a caballo entre los siglos XIX y XX dio forma a amasijos del férreo metal para convertirlos en referentes arquitectónicos y artísticos. Su obra y la de su escuela, inconfundible, ha pasado a la historia en lo vertical, por la inigualable torre que lleva su nombre; pero se fundamentó en sus menos conocidas estructuras horizontales, de las que en España disfrutamos en algunas ciudades.

Puente Eiffel sobre el río Oñar, Gerona

La capital del norte de Cataluña cuenta con un paso elevado sobre el Oñar, datado en 1876 y diseñado por el propio Eiffel. Es uno de los once puentes que unen los barrios viejo (margen derecha) y de Mercadal (margen izquierda). Sus estructuras de hierro tintado en rojo encierran la pasarela de madera por la que se camina sobre el río, formando rombos (o cuadrados) y dando una gran sensación de perspectiva. Desde él se obtiene una magnífica panorámica de las casas de colores que cuelgan sobre el río y de la catedral manca de una de sus torres.


El Cable Inglés, Almería

Esta estructura sorprende a los que deambulan por el paseo marítimo de Almería. Una gran construcción de hierro sin utilidad aparente emerge de la ciudad para morir en el puerto. Efectivamente, hoy está en desuso; pero se ha conservado como monumento histórico por lo infrecuente de su diseño. El conocido como Cable Inglés se construyó en 1904 siguiendo las directrices de la escuela Eiffel, para poder llevar con facilidad todo el mineral procedente las minas de Alquife, en Granada, desde la estación de trenes al puerto. Desde entonces y hasta 1973, este "Jaguar" del sigle XX mantuvo su actividad; tras salvar varios conatos de demolición, en la actualidad hay diversos proyectos para su conversión en espacio público.



El muelle de Río Tinto, Huelva

La obra de ingeniería más destacada de la ciudad de Huelva se situa, paradójicamente, sobre el río Odiel, a pesar de que en su nombre se haga mención al Tinto. Fue mandado construir a finales del XIX por la compañía inglesa Río Tinto Company Limited, encargada de la explotación y distribución de las minas de Río Tinto, al norte de la provincia. Tras recorrer 84 kilómetros por vía ferroviaria, el mineral acababa en el puerto de Huelva capital gracias a este inmenso muelle de 1.165 metros construido según la influencia de la escuela Eiffel. En desuso desde 1975, ha sido rehabilitado y formará parte como icono del nuevo paseo marítimo de la ciudad.

Un museo abierto

miércoles, 2 de febrero de 2011

Besalú, al norte de Gerona, es un auténtico pueblo-museo del medievo, donde el espacio expositivo lo constituyen las propias calles del minúsculo municipio por las que el tiempo parece haberse detenido desde hace 500 años. Vías solitarias, jalonadas por muros de piedra de unas casas en las que no parece vivir nadie, testigos de un pasado medieval que lo convierten en uno de los conjuntos más impresionantes de toda Cataluña.

Como todo museo, Besalú tiene entrada, aunque carece de torno por el que cruzar, sino que su puerta siempre está abierta para todos los públicos. Se trata de una torre vigía con una gran reja de hierro que hoy siempre está elevada para los amigos turistas, como antaño tuvo que estar siempre cerrada cuando vinieran los enemigos intrusistas. La puerta se halla en el centro del fastuoso puente románico sobre el río Fluviá, la angosta construcción de 5 metros de ancho, obstáculo insalvable para las huestes contrarias y ahora símbolo del pueblo. Sus 145 metros de largo, salvando el río con 7 arcos dispuestos en ángulo obtuso con vértice en la torre, otorgan el perfil diferenciador del que se sienten orgullosos sus poco más de dos mil convecinos.

Las calles del pueblo constituyen per se un verdadero museo, pero actualmente acogen además una iniciativa cultural expositiva: un intercambio con un artista italiano que ha decidido traer su obra a Besalú, una obra llamativa que ha llenado el enclave de sillas de todos los tamaños y formas, dispuestas en las calles o incluso en las paredes de las casas. Un paso más para potenciar su fuerza como museo urbano.

Recuperemos la Expo

viernes, 14 de enero de 2011

Más de 18 años han pasado desde que bajase el telón de la Expo, tiempo tras el cual la función acabó para siempre y sus escenarios fueron llenándose de polvo en un letargo eterno. Desde 1992, mucho directores para tan poco teatro, 18 años en los cuales no se ha alcanzado la madurez, y maravillas fueron cayendo en el olvido y la descomposición hasta su inutilidad absoluta, como el monorrail, las estaciones del telecabina, la fastuosa cabalgata, los jardines, las pérgolas de agua, la bola gigante, el Palenque, la estación del AVE y un largo y triste etcétera. Pues es penoso comprobar lo que se tenía y lo que queda, y cómo Lisboa ha convertido su expo en un flamante Parque das Naçoes, limpio, reciclado y abierto, y como en Sevilla cuesta no tropezar con alguna baldosa suelta dentro de los barrotes blancos que enjaulan la Cartuja.

El mal está hecho, ahora toca no hacerlo aún peor. Por eso son plausibles las inciativas de abrir espacios como el flamante Jardín americano, recuperando los espacios del antiguo Pabellón de la Naturaleza de la Expo junto al margen derecho del río Guadalquivir. Un lugar único que se debería promocionar con orgullo, pues sus 3 hectáreas acogen más de 350 especies de plantas diferentes, la mayoría provenientes del continente americano. El jardín se ha concebido para uso y disfrute peatonal o ciclista, y se divide en diversos ambientes que recrean las condiciones necesarias para que ese tipo de plantas se desarrollen en Sevilla. Así, sorprende un umbráculo cuyo techo formado por láminas de madera dejan pasar más o menos la luz dependiendo de la flora a la que afecte; o el jardín de las pameras, el de los cactus, el lago y sus cascadas, la esclusa, las reutilizadas pérgolas o el jardín de ribera.

Además, se ha creado una plataforma de madera flotante, para circular a pie o en bici y disfrutar de ambas orillas del río desde una perspectiva diferente. El jardín americano es todo un acierto, y demuestra que en Sevilla aún quedan tablas para montar otra buena obra, como el pabellón de la navegación, la torre Schindler y otros, atrezzo idóneo todavía entre bambalinas para un necesario revival que apasione de nuevo al desencantado público.

Lo hortera por bandera

lunes, 10 de enero de 2011

El clásico corazoncito en cuyo interior encerrábamos las iniciales de dos enamorados y que todos hemos pintado en el pupitre de la escuela ha salido del aula y se ha renovado: ahora la moda es dibujarlo en un candado y atar el candado a algo visible para que todo el mundo sea partícipe de ese amor que no se puede separar.

El Sevilla el lugar escogido para esta nueva tradición es el puente de Triana, el más clásico y bonito de cuantos cruzan el Guadalquivir que ahora más bien asemeja al escaparate de una ferretería. Las preciosas formas de su hierro forjado se afean por una sucesión de candados de todas las formas y colores, y las iniciales se complementan con frases como "nuestro amor es lo más grande" y otras perlas por el estilo. Pero sin duda lo peor de esta horterada es que la tradición dictamina que la llave del candado debe tirarse al río para que nunca nadie pueda reabrir el candado y deshacer el amor. Toma ya, en vez de una rosa me compro un candado y encima contamino el Guadalquivir, por si ya tenían poco los peces de tres ojos que nadan en sus aguas.


Lo más curioso del caso es que toda esta ola de chabacanería viene del gesto de una pareja en la novela de Federico Moccia A 3 metros sobre el cielo, donde los protagonistas efectivamente daban fe de su amor en Roma encadenando un candado a una farola del Puente Milvio y lanzaban la llave al Tíber. En la era del platanismo, donde todo se globaliza a una velocidad de vértigo (la novela se publicó en 2008), miles de personas copiaron el gesto y la pobre farola apareció con un enjambre de candados (ver foto) que, debido al peso generado, al poco tiempo cedió y ¡se cayó al río!

Los candados del puente de Triana ya han sido retirados alguna vez por el ayuntamiento, con los consecuentes costes que ello genera, pero aquellos se reproducen más rápido que los Gremlins cuando se mojaban. La masa social con su bandera de lo hortera está imponiendo su dictámen, y ya no sé si llorar o poner mejor una ferretería en la esquina del puente.

El misterio de Alicante

martes, 28 de diciembre de 2010

En Alicante, como en Elche, también hay un misterio sin resolver. Un misterio que nos situa en el corazón de la ciudad, donde hay un monte y en el monte un castillo y en el castillo una roca sobre la que se perfila una intrigante cara, una cara en la que se distinguen perfectamente una boca, una nariz respingona y unos ojos tristes bajo una especie de turbante mimético con la caliza. ¿A quién pertenece esta tez amarillácea que todos los alicantinos conocen como "la cara del moro"?

La historia que no es leyenda nos dice que en España, hace muchos años, los árabes dominaron nuestro vasto territorio; y la leyenda que no es historia nos particulariza que en Alicante, por aquella vasta época, gobernaba un rey musulmán (que no de bastos), que como todos los reyes de las fábulas tenía una bella hija, y que como todas las bellas hijas estaba soltera. Esta bella hija soltera hizo bueno el dicho de que los designios del amor son caprichosos, y como en amores imposibles los cuentos no escatiman, la bella hija soltera quedó prendada de un apuesto príncipe cristiano cuyo padre rivalizaba con el de la joven árabe. Rivalidades familiares, políticas y religiosas que forzaron una relación apasionada de encuentros clandestinos por los pasadizos secretos del castillo que conducen a la playa hasta que, como era inevitable en toda buena leyenda, el rey musulmán descubrió la traición y mandó apresar y sacrificar al amante de su hija.

La tristeza que invadió a la joven árabe hizo que su padre rey concediese una última oportunidad al príncipe cristiano: si al día siguiente la medina aparecía cubierta de nieve (apostar por que Alicante no aparecerá nevado es sin duda hacerlo a caballo ganador), el joven sería perdonado. La bella hija soltera imploró porque el milagro sucediera y al día siguiente, al alba, la ciudad apareció cubierta de un precioso manto blanco. Pero el rey árabe no tuvo piedad y el príncipe cristiano amaneció ahorcado. El milagro no fue tal pues donde la joven musulmana creyó ver nieve no fueron copos sino las copas de los cerezos de las que brotaron sus blancas flores. Pero la joven ciega de amor intentó salvar a su amado dando un salto hasta abrazarlo que finalmente fue un salto al vacío, por el acantalido del castillo; el padre rey, intentando rescatar a su bella hija abrumado por la idea de perderla, también tropezó y cayó ladera abajo. La misma ladera donde, castigado por su indulgencia, el rey fue condenado a tallar su faz en la roca con expresión triste y de llanto, para que todos los alicantinos contemplaran su dolor que perdurará para siempre.

Hoy la cara del moro es perfectamente reconocible, convertida en símbolo de Alicante incluso en el escudo de la ciudad. Grabada sobre el monte Benacantil a 166 metros de altura donde aún se conserva el Castillo de Santa Barbara, antes musulmán y llamado ahora así por ser conquistado por Jaime I el día de la santa. El castillo es el monumento más destacado y desde su cima se observan las mejores vistas de Alicante, con la playa del Postiguet a sus pies, la misma playa donde la joven árabe y el príncipe cristiano vivieron una leyenda de amor fugitivo.

Stop

jueves, 16 de diciembre de 2010

Después del letargo vuelven a abrirse los ojos de Lince para contar nuevas historias, ahora sobre Alicante, donde todo marcha sobre ruedas, aunque no precisamente muy rápido. Y lo expreso con toda la literalidad que puedo, pues lo primero que me llamó la atención de esta ciudad es lo que tardan en abrirse los semáforos.

Ya sé que parece un tema un poco banal, pero se me hacía tan largo esperar a que el rojo se cambiase al tan ansiado verde que la curiosidad me empezó a picar: ¿el haber vivido en Madrid me habrá hecho volverme más impaciente? No creo; desde luego, lo que no es normal que el 10% del tiempo total que tardo en ir a mi trabajo lo emplee parado en el semáforo de mi calle.

En seguida los alicantinos comenzaron a darme la razón. En la ciudad hay una obsesión por no conducir a gran velocidad. Las calles se llenan de resaltos de esos que destrozan los ejes de las ruedas, y ya en Radio Nou he oído algún debate sobre el excesivo parque de semáforos de la ciudad. Nada como estar parado en una avenida esperando y esperando a que no pase ningún peatón con tu semáfoto en rojo para darles la razón a los contertulios. ¿No han inventado el botoncito?

Con estas premisas, no me pareció nada raro que pillaran al pobre Drenthe a 160 km/h cruzándose la ciudad por le paseo del puerto; un ataque de desesperación para saltarse los semáforos en rojo. Pero mejor me dejo de imitar el modelo Drenthe: prefiero esperar pacientemente y disfrutar de la sorprendente Alicante y de las virtudes que poco a poco comenzaré a relatar.