Hace 7 días que acabé uno de los trabajos que he venido haciendo últimamente, las rutas turísticas que la Junta de Andalucía programa para los jubilados andaluces por Cáceres y provincia. El jueves pasado, en la fiesta de despedida, estuve reflexionando con el grupo que me tocó (que venían de la provincia de Sevilla) sobre lo que este trabajo ha significado para mí en estos dos años, y lo cierto es que es una de las experiencias que más me han marcado en mi vida y de la que seguro que guardaré un mejor recuerdo.
Tratar con mayores requiere unas aptitudes básicas sin las cuales se está destinado al fracaso. Hay que tener mucha paciencia para recordar una y otra vez en qué consiste la planificación de las visitas del día (no importa lo claro lo que lo digas, si se puede preguntar lo mismo que se acaba de explicar mejor para estar más seguros); hay que ser astuto para establecer normas desde el principio que no se pueden saltar (como ocupar siempre el mismo lugar en el autobús o en las mesas del comedor; las peleas cuando alguien se cambia son de lo más habitual); hay que ser inteligente a la hora de abordar las protestas constantes que tienen (y saber que si alguien se queja de que en su habitación del hotel hay pocas perchas, quizás haya que prestarle poca atención); y hay que ser amable y atento (sobre todo a la hora de bajar del autobús: los escalones son auténticos acantilados para algunos de ellos).
Una vez tenido todo esto en cuenta, sólo queda disfrutar de ellos y hacerlos disfrutar. Estos viejitos andaluces con los que he trabajado parece que han vuelto a una segunda juventud. Les encantan los chistes verdes y me muero de risa con las carcajadas tipo "enlatadas" de las señoras cuando se pronuncia la palabra "culo" o "cosita de los hombres". Adoran bailar (algunos son auténticos profesionales, se nota que "Mira quien baila" tiene audiencia entre los mayores) y les encanta bailar pasodobles conmigo aunque no tenga ni idea (aunque alguna viuda ya me rechazó porque ella "no bailaba con hombres"). Son cotillas por naturaleza y les encanta emparejar a los "solteros" (los corrillos eran evidentes cuando un divorciado quiso invitar a un baile a una viuda). Se empeñan en buscarme novia y todas sus sobrinas o nietas son candidatas perfectas (tengan la edad que tengan). Me recriminan toda la semana que no me afeite y en las fiestas de los jueves, cuando por fin lo hago, la sorpresa es mayúscula y todas me felicitan. Su tema de conversación favorito es sus respectivas enfermedades (desde que se suben al autobús ya empiezan a contarme de todo lo que están operados). Se preguntan asombrados porqué en sus teles no se puede ver "Arrayán" (sin percatarse de que en Extremadura no se ve Canal Sur). Y disfruto observando cómo hacen cola desde antes de que abran el Franki para comprar regalitos para toda la familia en esa tienda tan barata que les obsesiona.
La verdad es que me lo he pasado en grande con ellos. Pero, a la vez, me he dado cuenta de todo lo que se puede aprender de sus historias. Las famosas "batallitas" están cargadas de anécdotas que son reflejo de nuestro pasado. Te ayudan a entender mejor los difíciles años que vivieron en la guerra, o en la postguerra; cómo muchos tuvieron que emigrar y dejar a su familia atrás; como enviaban todo lo que ganaban de Argelia o Alemania para que la existencia de los suyos fuera un poco más placentera. Me encanta escuchar cosas de sus pueblos, y me emociono al observar sus caras maravilladas cuando ven el teatro romano de Mérida o el Monasterio de Guadalupe (muchos no han salido nunca de su pueblo).
Echaré de menos trabajar con mayores. Yo, que no tengo ya abuelos, he podido volver a disfrutar de ellos y escuchar con tristeza cómo muchos piensan que la sociedad los tiene un poco abandonados. Por eso, como le gustaría a María del Monte, sirva hoy esta entrada como homenaje a todos ellos.
Son como niños
jueves, 16 de octubre de 2008
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Menos lobos
jueves, 9 de octubre de 2008
Este año en el campamento de verano el clan ha hecho dos rutas en una, diferentes pero igualmente atractivas: la de los Picos de Urbión y la del Cañón del Río Lobos. Esta última tiene una vertiente burgalesa y otra soriana, ambas de unos 13 kilómetros de longitud, pero nosotros hicimos sólo la segunda, que era la más cercana al campamento y la que más nos convenía.El Parque Natural del Cañón del Río Lobos no tiene nada de bélico. Al contrario, es un remanso de tranquilidad. El sendero empieza en el pueblo de Ucero, con su castillo y su viaducto romano, aunque en realidad nuestra ruta comenzó 18 kilómetros antes ya que salimos directamente desde el campamento en Talveila. Después de comer, emprendimos camino e hicimos una primera parada en el centro de interpretación del parque (donde cogimos los pertinentes folletos), edificio anexo a una piscifactoría repleta de peces.
La ruta tiende cuesta arriba, cosa lógica porque remontamos el río. No llevaba mucha agua (esperaba mucho más caudal), pero la suficiente para estar repleto de truchas y de nenúfares que a veces no dejaban ver el fondo, aunque sí el reflejo del cañón.
El camino discurre rodeado de los paredes de roca caliza entre las que desciende el río. Me recordaba mucho al Cañón del Río Ebro pero un menos majestuoso y con menos agua. Pinos y sabinas flanqueaban las montañas, y gigantes trozos de piedra perfectamente dispuestos ayudaban a cruzar el río cuando el sendero así lo exigía.
Al poco de empezar nos encontramos con una iglesia (la ermita de San Bartolomé) que hubiera hecho las delicias de Robert Langdon y Sophie Neveu (los protagonistas del Código da Vinci), pero como cobraban un euro ni siquiera nos interesamos por los tesoros que los templarios pudieran llegar a esconder allí dentro. A su lado, sin embargo, la Cueva Grande, que haciendo honor a su nombre se abría con una entrada gigantesca, nos permitía el acceso gratuito para descubrir sus profundidades.
El terreno del cañón es muy calizo y es por ello por lo que, a mediados de ruta y por estar en verano, el río desapareció. Bueno, realmente se escondía en el subsuelo, por medio de galerías subterráneas que en otras épocas del año afloran a la superficie. Sin río que nos acompañase, continuamos nuestro camino con nuevos compañeros de viaje: los rebaños de ovejas y sus guardianes los mastines tamaño caballo que intimidaban más que si hubiera habido lobos de verdad.
Ya después de mucho andar, divisamos el puente de los 7 ojos que marcaba el final de nuestra ruta. Podríamos haber seguido pero después de más de 30 kilómetros de marcha pensamos que aquel era un buen lugar para poner el punto final y resguardarnos de la noche bajo el techo de los aparcamientos de coches que había a su lado. Otro día de ruta nos esperaba al amanecer.
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El cazador cazado
martes, 7 de octubre de 2008
Yo, el eterno organizador de eventos para los demás, estoy poco acostumbrado a ser el sujeto que participa en las actividades que preparan los otros. Pero, en el campamento de verano, los rovers no sólo consiguieron darle la vuelta a esta tortilla, sino que me dieron una de las mayores sorpresas de mi vida.
Su tarea consistía en llevar a cabo una "gymkhana para el scouter", es decir, un típico juego de pistas con un único grupo participante compuesto por una sola persona. Dispuesto a disfrutar a lo grande de una oportunidad como ésta, puse todas mis ganas en encontrar cada uno de los papelitos que se hallaban dispersos por todo el recinto (por supuesto, colocados todos ellos lo más alejado posible el uno del otro). Con cada pista, una foto obligatoria, una prueba, un trozo de puzzle y una nueva dirección para hallar la siguiente.
Después del largo paseo para ir y volver del campamento de la Társis, me esperaba el último obstáculo, esta vez por las alturas: cruzar un puente mono. Y allí, en vez del ya clásico papelito azul que me daba las informaciones, me encontré con algo inesperado. Don banderas colgaban protegiendo las 4 camisas del uniforme de los rovers, perfectamente dobladas y con sus pañoletas al cuello, con la mía delante igualmente dispuesta. En una mirada más atenta, me fijé en un cartel donde había escrita una frase que no olvidaré nunca, "Siempre formarás parte de nuestra vida". Y otro papel me anunciaba que empezase a cantar el estribillo de una canción que nos ha marcado en este año rover, el famoso "Hay que superar" de la Társis.
Cuando así lo hice, Niala, Chacal, Teresa y Adri salieron de su escondite y me siguieron en mi cántico. Mi cara de tonto no iba a ser nada con lo que aún faltaba: detrás del cartel con la frase inolvidable había algo más, que no había apercibido. El puzzle de papel que había ido formando se transformaba de repente en uno real, de verdad, y personalizado, con una foto de todos mis rovers dividida en 560 pedazos.
Aún se me eriza el pelo cuando pienso en ello, y recuerdo que, aunque no solté lágrimas, era incapaz de decir nada por la emoción. El cazador cazado. El culmen perfecto para un año increíble. Yo sí que estoy feliz porque os hayáis cruzado en mi camino.
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La expo se fue...
domingo, 5 de octubre de 2008
A pesar de que las comparaciones son odiosas, me fue inevitable pensar la Expo de Sevilla cuando estuvimos visitando en julio su homónima en Zaragoza. Yo entonces era mucho más pequeño, y quizás por ello todo me pareció que en el recinto de la Cartuja todo era grandioso. Sin embargo, la Expo del agua me dejó un sabor agridulce. Había tenido tanto bombo publicitario que esperaba encontar algo más que unos pabellones monodedicados a la concienciación del uso del agua de una manera sostenible. Y lo que es peor, en muchos de los que visité se veía claramente que el agua era sólo una excusa para intentar vender el país de alguna forma.
La expo en sí era bastante bonita. Tenía grandes cubetas de agua, amplias avenidas, y algunos pabellones muy modernos arquitectónicamente hablando (como el Pabellón-Puente o la Torre del agua), pero la mayoría se encontraban apilados unos detrás de otros como naves industriales en un polígono (aunque mejor decoradas, claro). Una vez en el interior, muchas fotos, algún vídeo y la inevitable tienda, 3 elementos que desde mi punto de vista no justifican una presencia en un evento de tal magnitud. Cierto es que debido a las colas no entré en los supuestamente mejores pabellones, pero sí que estuve en muchos y el esquema se repetía una y otra vez.
Los pabellones nos defraudaron, aunque los rovers lo pasaron en grande intentando buscar recuerdos que regalar al resto del grupo que permanecía en el campamento en Talveila. Por la noche, los espectáculos animaron un poco más el ambiente y la expo despertó de su letargo. La función del iceberg sobre el río Ebro fue bastante espectacular, y nos lo pasamos en grande asistiendo a unas clases de salsa para toda la multitud.
Después de tanto tiempo, creo que mereció la pena ir a Zaragoza y ser partícipes de tal evento, aunque la Expo del agua (que por cierto carecía de fuentes para beber el líquido al que estaba dedicada) no fue exactamente lo que esperaba.
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El record de la hora (y 18)
jueves, 2 de octubre de 2008
Hace ya una semana que corrí la XX Carrera Nocturna del Guadalquivir y aún no me creo que lograse acabar la carrera y sin pararme ni una sola vez a lo largo de los 12 kilómetros de distancia. Sobre todo teniendo en cuenta que sólo había salido a correr 3 veces antes en mi vida y con una marca máxima de 40 minutos seguidos. ¿Cómo pude aguantarlo?
Puede que me motivase el atractivo recorrido. La carrera discurre paralela al río en su mayor parte, pasa por la Torre del Oro y la Barqueta, y termina en las pistas del Estadio Olímpico (que por fin se abre para algo). O tal vez me motivó que, aquel día y a la misma hora, Amaral ofreciera un concierto en el Auditorio y por dos veces escuchásemos privilegiadamente sus canciones mientras trotábamos en busca de la meta.
Tambien motivaba el festivo ambiente de la carrera. Más de diez mil corredores abarrotaban las calles y adelantar se tornaba complicado en algunas fases. Resultaba bastante divertido correr junto a atletas vestidos con traje de flamenca o junto a uno disfrazado del mismísimo papa, al que, ataviado con su sotana, sombrero papal y libro en la mano, le cantaban "Qué maravilla, el papa está en Sevilla". O el público que nos apoyaba, incluyendo el hecho de encontrar caras conocidas como las de Magüi o Lola.
Y, por supuesto, me sirvieron de ayuda mis compañeros de carrera, aunque empezamos los últimos porque no nos encontrábamos en la salida. Gema, Íñigo y sobre todo Palma, quien continuaba hablándome y animándome a pesar de que a partir del kilómetro 7 empecé a flaquear y me resultaba imposible responderle.
Pero, fundamentalmente, conseguí acabar por orgullo propio. Tenía esa ilusión y quería conseguirlo. Y conforme quedaba menos distancia para llegar, y las fuerzas se esfumaban vertiginosamente, cada vez tenía más ganas cruzar la meta. La entrada al estadio es espectacular, me asaltó una gran alegría al ver las gradas desde dentro y golpear la pista con mis pies, y de repente, sin saber cómo, comencé a dar zancadas más largas y aumentar la velocidad. ¿Dónde se había ido el cansancio? No lo sé, pero en la curva final adelantamos a muchos corredores y cruzamos la meta una hora y 18 minutos después de haber tomado la salida. Todo un record personal. La carrera había concluido y me invadió una gran satisfacción.
Después del gran esfuerzo, abrazos, camisetas de regalo y cervecitas. Esta carrera ha sido una gran experiencia, y espero que sigan proyectando más eventos como este pues ayuda al fomento del deporte entre los ciudadanos..jpg)
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Pringaos por to los laos
miércoles, 1 de octubre de 2008
En Cáceres, rodeado todo el día de mis viejitos, siempre me agrada ver un grupo de jóvenes rondando por ahí. Pero lo de hoy no ha destacado precisamente por ser agradable, al menos para alguno de ellos. Por las calles de la ciudad se notaba hoy un gran bullicio y agitación. Un enorme grupo de jóvenes avanzaba en masa hacia la Plaza Mayor vociferando, gritando y cantando. Pero enseguida noté algo raro en esta manifestación espontánea: el grupo se dividía en dos, claramente diferenciados; unos daban órdenes mientras los otros obedecían; unos dirigían como pastores al rebaño de ovejas todas atadas entre sí; unos tenían las caras manchadas de garabatos que los otros les pintaban.
Todo tenía una explicación. Ayer comenzó el curso universitario en Cáceres y es tradición (también en Badajoz) el hacer novatadas a los nuevos. El segundo día los antiguos alumnos acuden a las clases de los primerizos y los raptan, los atan a todos con una cuerda, les pintan una N de novato en la cara, los recubren de un plástico de colores y los sacan a las calles de la ciudad. Empieza un día de calvario o de fiesta, según te lo tomes.
Los novatos tienen que soportar las perrerías a plena luz del día delante de todos los convecinos. Tienen que cantar algo así como "Pringaos, pringaos, pringaos por to los laos, soy un novato y obedezco" y demuestran su sumisión a los antiguos (que pasaron por lo mismo el año pasado) gritando "Qué buenos son, los señores veteranos, qué buenos son, que nos llevan de excursión". Si no obedecen, les tiran huevos, les manchan el pelo o les ponen fregonas en la cabeza, y al pasar por calles estrechas, la gente desde los balcones les echa cubos de agua. Cualquier cosa por dejarlos en ridículo.Desde luego es algo que llama la atención y no deja indiferente a nadie. Y todos los años se repite: los que lo sufren un año arden en deseos de hacer lo mismo a los nuevos al siguiente. Parece que tiene cosas positivas, ya que los nuevos se integran rápidamente y todos lo celebran juntos al final del día con una fiesta (algunos bares anuncian ofertas especiales con motivos de las novatadas). Aunque a mi me parece algo bastante infantil y creo que más pringao es el que lo hace que el que lo recibe. Algunos de los que lo han soportado aseguran que te lo pasas en grande, pero yo prefiero haber estudiado en Sevilla para no tener que pasar por ello.
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Capítulo aparte
jueves, 25 de septiembre de 2008
La laguna Negra merece un capítulo aparte. Es un lugar inesperado, sorprendente, especial. Nadie se espera que, descenciendo gradualmente por el valle desde el pico Urbión, haya un barranco tan hondo en el que se aloje una masa de agua; la sorpresa es mayúscula cuando ante tus ojos aparece un circo de montañas lleno de vegetación que rodea un círculo casi perfecto de un líquido de color oscuro; te sientes especial, observándolo todo desde el privilegiado espacio regalado por una roca saliente que actúa de mirador.
Llegamos casi anocheciendo a la laguna Negra. La quietud era máxima, nadie perturbaba una visión tan espectacular. No daba crédito a que la naturaleza me estuviese invitando a contemplar una de sus manifestaciones más hermosas. No podía negarme a pegarme un bañito en sus aguas, aunque su fría tempratura casi me acható. A la mañana siguiente, recién levantados, el sol salía lentamente y su luz iba impregnando la laguna, una laguna tranquila, silenciosa. Nuevamente, la idea de un chapuzón en aquel lugar fue imposible de esquivar, y en esta ocasión el frío fue relativamente bien soportado. Unos cuantos largos de un lado a otro, sin parar de mover las extremidades para no morir en el intento, y con la tensión de no poder ni intuir lo que hay en el fondo de unas aguas tan oscuras.
Tuve la suerte de que, justo al salir, comenzaron a llegar hondanadas de personas que venían a hacer turismo a la laguna. Entonces me di cuenta de lo afortunado que había sido al haber podido disfrutar de aquel lugar para mí solo, tanto a la salida de la luna como con los primeros rayos del sol. El gentío aumentaba y entonces decidí que mi tiempo en la laguna había acabado. No tenía ganas de que nadie me quitase el recuerdo de ese lugar tan mágico.Y sin duda que es mágico. Parece una constante el utilizar formas únicas de la naturaleza para la proliferación de leyendas ilógicas sobre estos lugares, como comprobé en el Salto del cabrero. Respecto a la laguna Negra se dice que no tiene fondo (de ahí su color tan negro) o que existe un ser en su interior, tipo el monstruo del lago Ness. También llamó la atención, cómo no, de Machado, quien en su historia sobre los hijos de Alvargonzález la describió así:
hasta la Laguna Negra,
agua transparente y muda
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas
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De ruta por los Picos de Urbión
martes, 23 de septiembre de 2008
La provincia de Soria guarda, en su lado noroeste y casi limitando con Burgos, un patrimonio natural sorprendente y desconocido. Yo, neófito de esta zona, ardía en deseos de descubrir los tesoros que los folletos y mapas que había ojeado me habían ido publicitando; pero la ruta del clan, para mi satisfacción, superó todas mis expectativas.Por los Picos de Urbión anduvimos un par de días. Nuestra ruta comenzó en Castroviejo, cerca de Duruelo de la Sierra. Allí, enormes bloques de piedra moldeados a lo largo del tiempo por la erosión del viento y la lluvia nos dieron la bienvenida. Desde este sucedáneo de ciudad encantada de Cuenca se divisaba una vista espectacular de toda la sierra con su verde manto de copas de pinos. Un poco más adelante visitamos una cueva cuya entrada se veía bloqueada por una cortina de agua que no impidió que nos hiciéramos una foto a su lado.
Ya con las pesadas mochilas a cuestas, partimos por una senda por la que aún circulaba algún vehículo. El camino comenzaba su tendencia al alza mientras nos cruzábamos con los chicos de la Ruta Ibérica que venían cuesta abajo. Poco después, el sendero se estrechó y, después de una obligada parada para comer, la cuesta se empinó hasta límites insospechados. Comenzaba la auténtica ascensión.
El ritmo, más lento, y el paisaje, espectacular. Rodeados de pinos, subíamos por la ladera de un valle que formaba un recién nacido Río Duero. A ambos lados, verdes praderas y cadenas montañosas de rocas grises que nos encajonaban en nuestra ruta. Las rampas suavizaron y el camino discurría junto a las cristalinas aguas del río, que en ocasiones formaban unas apetecibles pozas para el baño.
Un poco más arriba encontramos el nacimiento del río (fue curioso que el año pasado en el campamento visitase Oporto, donde desemboca, y este año Soria, donde se origina). Un cartel nos avisó de tal hecho, pues el chorro de agua que sale es mínimo y no es difícil pasárselo de largo. Bebimos un trago de su fresca agua para coger energías y seguir a la conquista del pico.
El pico Urbíon no quedaba lejos. Con sus 2.228 metros sobre el nivel del mar, es el punto más alto de toda la provincia. Para alcanzar el punto geodésico hay que casi trepar por algunas rocas pero no tiene mayor dificultad. La vista desde arriba, después del esfuerzo, es reconfortante, y se contemplan varias lagunas a su alrededor. Pero no eran éstas nuestro objetivo final...
Comenzamos a oir truenos y decidimos continuar rápido la marcha. Pero la granizada fue inevitable. Sin cobijo posible, recibimos toda la dureza de los pedruscos helados en nuestras cabezas. Un día espléndido se había transformado en unos minutos en una tormenta inesperada. La montaña es así de traicionera.
Afortunadamente, "sólo" duró 5 minutos. Entre un campo minado de bolitas blancas, emprendimos la bajada por un valle que nos debía conducir a la Laguna Negra, donde dormiríamos. El camino no tiene pérdida, aunque no es corto. Se pasan un nevero perpetuo y una primera laguna y, después de muchos kilómetros, se obtiene una de las mejores recompensas que he recibido en mi vida. La Laguna Negra no se ve desde lejos, sino que te la encuentras de repente. Y ese encontronazo deja boquiabierto a cualquiera. Desde un balconcillo situado a unos 60 metros de altura, la laguna se presentó ante nuestras atónitas miradas, que no daban crédito a tan bello espectáculo. Estaba oscureciendo y no paramos de hacer fotos para plasmar aquel momento. Aunque, sin duda, el mejor recuerdo lo guardo en mi retina.
Descendimos por un peligroso acantilado, hasta encontrar el refugio donde dormiríamos aquella noche. Unos descansaron dentro pero Íñigo y yo preferimos pernoctar junto a la orilla de la laguna. No todos los días se puede tener el lujo de dormir en un lugar así. La luna salió para darnos las buenas noches tras una larga jornada, y reposamos plácidamente que bien lo merecíamos.
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Hoy
jueves, 18 de septiembre de 2008
Hoy no es un día para hablar de viajes. Y eso que se me acumula el trabajo. El miércoles pasado dormí en Puerto Real, el jueves en Sevilla, el viernes en Covanera, el domingo en Burgos, el martes en Madrid, ayer en un autobús, hoy en Sevilla y mañana espero terminar en alguna calita perdida del Cabo de Gata.
Pero no. Hoy sólo puedo pensar en la suerte que tengo por la gente que me rodea, en cómo su ayuda desinteresada te hace la vida un poco más fácil, en cómo te hacen sentir querido de manera tan sencilla. Me encanta la gente que se preocupa por los demás, que demuestra mucho con muy poco.
Hoy es un día para estar agradecido. Los viajes, ya habrá tiempo el lunes cuando regrese.
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Novedades 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
La vuelta de las vacaciones de agosto es siempre una época de nuevos propósitos. Los quioscos se llenan de colecciones inútiles, la gente se apunta con ilusión al gimnasio, se empiezan nuevas dietas... Pues yo lo aprovecho para renovar mi blog. Después de casi un año le doy un lavado de cara que llevaba pensando desde hace tiempo:
- Cabecera. Aprovechando una foto que Xeni me hizo en Amsterdam, mi blog ya tiene una imagen en el título, que se la ha currado, por supuesto, J. Mil gracias killo.
- Presentación. Un vídeo con 100 fotos de lugares en los que he estado. Como juego... ¿sabrías adivinar los 100 lugares? ¿Quién acierta más?
- Álbumes de fotos. Para que no sólo se vean las fotos de las entradas, subiré mis fotos al Picassa, donde se puede: ver todas las fotos por álbumes, descargar las que quieras, ver algunas fotos en un mapa para saber dónde fueron tomadas, buscar fotos de otros usuarios poniendo palabras clave en el buscador, dejar comentarios en las fotos, jugar a juego de adivinar dónde fueron tomadas las fotos que salgan (en la etiqueta "Explorar") y algunas cosas más. Este álbum dedicado especialmente a Lola.
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Órdago a la chica
lunes, 8 de septiembre de 2008
Va siendo hora de que hable del campamento de verano de este año, que a este ritmo llegamos al otoño y va a quedar desfasado. Lo hemos celebrado en Talveila, un pueblecillo de unos 200 habitantes al oeste de Soria, a media distancia entre ésta y Burgos. La provincia de Soria es de órdago a la chica, pues si apostásemos a que posee algún tipo de record, lo haríamos siempre tirando por lo bajo.
La capital, Soria, tiene apenas 40 mil habitantes (las personas que van al campo del Betis cada domingo, por ejemplo), y sólo adelanta a Teruel como capital de provincia española menos poblada. Es pequeñísima en tamaño: nada más entrar paré en un semáforo con la Demetrio (la furgoneta de este año), miré a un lado y ¡zas!, encontré la estación de autobuses que estaba buscando donde tenía que recoger a Íñigo (por cierto, deberían cambiarle el letrero pues queda bastante ochentero). Proseguí mi camino en busca del centro y en apenas 5 minutos ya me encontraba fuera de la ciudad, ¡la había cruzado entera!. Impresionante.
El centro es bastante bonito. Tiene dos calles, vaya, pero peatonales y con mucha vida. Lleno de comercios que abren prontísimo (antes de las cuatro ya te atienden algunos) y cuyos dependientes te tratan con mucha amabilidad (si tienen que explicarte dónde se encuentra algo, salen a la calle y todo para señalarte; tampoco es que estén muy lejos las cosas, claro). Marta y yo nos conocimos todas las tiendas de veinte duros y todas las ferreterías de la ciudad (sobre todo nos encantó La llave, auténtico necogio tradicional de antaño). Sólo tiene 4 líneas de autobús, bueno, de microbús, y lo más llamativo es que empezaron a funcionar ¡en 2007!.
Los edificios, en su mayoría románicos, están hechos de una piedra blanquecina que le da un aire medieval. La plaza del ayuntamiento (la de la foto) es bastante bonita, y allí se celebró el día de mi cumpleaños la entrada de toda la ciudad al mundo de la TDT. Parece que en esto han sido vanguardistas. También me gustaron sus espacios verdes, como la inmensa alameda de Cervantes o la ribera del río Duero, un espacio de esparcimiento muy bien equipado donde pasear es un placer.
Pero Soria es famosa sobre todo por dos cosas: el CD Numancia, que con uno de los estadios más pequeños de primera y segunda se codea con los grandes en la liga de las estrellas y es capaz de ganar al Barça; y por Machado, sevillano de nacimiento pero soriano de adopción, un enamorado de estos lares en cuyos libros se describen los parajes de estas tierras castellanas. En el instituto me aburrió la lectura de Machado, aunque ahora quizás, después de haber visitado Soria, podría comprender un poco más qué es lo que nos quería decir.
con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.
Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera”
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El gusto de ser diferente
domingo, 7 de septiembre de 2008
Seguro que Obélix, cuando viajó a Gran Bretaña en uno de sus cómics, pronunció en algún momento la frase: "están locos estos bretones". Está claro que una de los aspectos más enriquecedores de viajar es aprender cómo otras personas viven haciendo las cosas de manera distinta a lo que uno está habituado. Pero, en el caso de los británicos, parece que el ir a contracorriente de los demás es una tendencia, que en ocasiones roza lo forzado.
Y no me refiero a los hechos tradicionales que todo el mundo conoce (y que tienen sus ventajas e inconvenientes). A saber: conducir por la izquierda; medir la longitud en pulgadas, pies, yardas y millas (curioso que estas medidas no guarden entre sí ningún tipo de relación decimal); el peso en onzas o libras; la temperatura en grados Farenheit; los líquidos en galones o pintas; no querer adaptarse al euro, etc. Me centraré en esta ocasión en los deportes, pues los ingleses son únicos en inventarse nuevas disciplinas y normas, aún si el resto del mundo lo hace de otra forma.
El críquet. Todos hemos visto alguna vez este deporte que levanta pasiones en el Reino Unido y las que fueron sus colonias en el pasado. Es una mezcla de béisbol (hay que batear, pero por bajo) y los monos de la feria (pues hay que tratar de derribar unos palos con una bola); pero, por más que lo he intentado, aún no he conocido a nadie (y mira que lo he preguntado) que sea capaz de explicarme las reglas. En realidad lo entiendo, pues es difícil hacerme entender cómo un partido de críquet puede llegar a durar hasta 3 días (siempre está en la televisión).El netball. No sé si alguien se ha fijado que no hay ningún baloncestista inglés famoso. Es que allí no se practica este deporte, sino uno parecido que se conoce como netball. En realidad, me contaron que el baloncesto proviene del netball, pues éste se practicaba antes. Al lado de la residencia en Portsmouth se jugó un torneo de este deporte que sólo practican las mujeres (¿porqué?), pero lo más curioso es que la canasta no tiene tablero, y que la jugadora que lleva el balón no puede mover los pies (al estilo de la "popota bollá"). Además, sólo pueden lanzar a aro dos jugadoras determinadas del equipo, que dentro del área no pueden ser tocadas (lo que da lugar a posturas de las defensas muy divertidas). Raro, raro, raro.
El football indoor. Cuando vivía en Hull me invitaron a jugar un partido de fútbol sala. No lo dudé, pero las extrañezas comenzaron cuando me llevaron a un campo cubierto (normal, con todo lo que llueve en Inglaterra). Allí dentro, la cancha estaba rodeada de paredes, y las porterías no medían más de un metro de altura. "¿Esto qué es?", me pregunté. Pues el fútbol sala al estilo inglés. En su deporte, nadie puede entrar en las áreas (como en balonmano), y lo mejor de todo, es que ¡se puede jugar con las paredes! (menos las del fondo). La verdad es que fue curioso y divertido, aunque me costó adaptarme a las nuevas normas y a aprovechar el rebote de la pared para zafarse de un contrario.
El dodgeball. En el campus de Portsmouth nos trataron de explicar este juego, parecido al "matar" de toda la vida, pero jugando con varias pelotas a la vez y algunas personas fuera del área de juego. La verdad es que ni siquiera la activity leader, trabajadora de la residencia y encargada de llevar la actividad, era capaz de explicar las reglas (yo creo que ni ella las entendía). Así que finalmente nos dedicamos a jugar al "matar" de toda la vida. ¿Para qué complicarnos?
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Perdón por existir
jueves, 4 de septiembre de 2008
En general, se destaca de los británicos su afable manera de comunicarse, ya que prestan mucha importancia a la forma de decir las cosas a los demás. En clase de inglés siempre se prioriza el uso de las palabras please and thank you, como prototipos del hablar con correción; y, ciertamente, es un hecho la utilización constante por parte de los ingleses de estas dos palabras en su día a día.
Hasta aquí me todo me parece correcto. Pero lo que no me parece tan oportuno es que, si no se utilizan estas dos palabras, los ingleses se lo toman muy a lo personal y como algo violento. En la presentación del curso de inglés para los chavales de Granada, uno de ellos pidió un bolígrafo a uno de los interlocutores que estaban dando las explicaciones; pero como no dijo please, esta persona no se lo dio y además se lo recriminó. Este comportamiento me resultó del todo exagerado, pues creo que, lo mismo que los no ingleses tenemos que comprender (y aprender) que allí es constumbre decir "gracias" y "por favor" en cada frase, ellos deberían entender que, siendo extranjero, el no decirlas no supone (ni presupone) una falta de respeto. De hecho, en español se puede hablar muy educamente con el simple uso del "usted" sin tener que pedir un favor cada vez que se quiere decir algo.
A partir de entonces, me entró la auténtica psicosis. Siempre soy educado hablando en inglés, pero llegué a un punto en el que, para pedir algo, trataba de hacer la frase tan rebuscadamente formal que no se entendía nada de lo que decía, del tipo: "Si usted fuera tan amable y no tuviera ningún inconveniente, ¿no le importaría ....?". Algo realmente exagerado, pero es que muchas veces en el Reino Unido parece que hay que pedir perdón por todo, como en el cartel de la foto (que piden perdón porque te has encontrado el acuario cerrado, y digo yo: ¿qué culpa tienen los señores trabajadores de que el acuario tenga un horario y cierre alguna vez? ¿Es que tiene que estar 24 horas abierto?). Lo dicho, parece que hay que pedir perdón por existir.
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Orgullo de guerra
martes, 2 de septiembre de 2008
A lo largo de la historia, los británicos, por su condición de superpotencia mundial, han sido un pueblo propenso a la entrada de sus ejércitos en conflictos bélicos de todo tipo. Los "fregados" en los que se han visto envueltos son incontables, y la Royal Navy, por ejemplo, ha sido desde su creación la marina más poderosa del mundo (como bien sabemos los españoles tras la Batalla de Trafalgar). Los ingleses muestran con orgullo su supremacía bélica, y las referencias a un pasado de guerra se encuentran en cualquier rincón de sus ciudades. Portsmouth es un claro ejemplo de ello. Por la ciudad abundan las estatuas de soldados, y cada banco está dedicado a un almirante diferente. Pero sobre todo, la oferta museística de Portsmouth está claramente ligada a estos conflictos que son enaltecidos sin ningún pudor:
The D-Day museum (el museo del día D)
Se explica minuciosamente porqué se eligió Normandía, al norte de Francia, como inicio del ataque (por su cercanía a la gran isla); cómo se plantearon cinco ataques simultáneos (por el factor sorpresa) y alguno en otro lugar (para despistar); y cómo se consiguió movilizar a 7.000 barcos, 11.000 aviones y 156.000 hombres sin que el enemigo se diese cuenta (cifras que cuesta asimilar). Aunque todas estos datos previos son muy interesantes, quizás eché en falta que se hablara más de lo que pasó después del Día-D, pues la exposición se acaba y se te queda un regusto de más. Bueno, para eso me compré un libro en la tienda que me lo explicaba.
HMS Warrior
El barco tiene 4 plantas diferentes y está completamente restaurado. La superior tiene 127 metros de eslora, y sus tres mástiles dejan caer un sin fin de cuerdas en perfecto orden (algo así podríamos hacer para los campamentos). Bajando a la cubierta principal, se puede visitar el camarote del capitán (el más lujoso, claro), el del Master and Commander (¿no hay una película titulada así?), el cabrestante para levar las anclas (se dice que harían falta 176 hombres para subirlas) la cocina, y el arsenal bélico (cañones, rifles...). En la cubierta inferior se visitan las celdas de castigo, los estantes para los petates y los minimalistas cuartos de baño. Por último, un piso más abajo se llega a la sala de máquinas, donde se puede uno imaginar el calor que debía hacer allí dentro "a toda máquina".
Como documentos históricos, estos museos son una fuente de información esencial. Aunque, desde mi punto de vista, deberían dejarse de tanto orgullo y, tomando el ejemplo de Costa Rica (que no tiene ejército) concienciar más a los visitantes de la vergüenza que suponen las guerras sean del tipo que sean.
Publicado por Lince, viajero de culo inquieto en 18:06 0 comentarios
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Cuenta atrás: dos meses
lunes, 1 de septiembre de 2008
Antes de irme a la cuarta dimensión (como le llaman algunos), tengo una lista de cosas que me gustaría hacer:
- Ordenar y poner fin a la colección de azucarillos
- Hacer fotos por Sevilla con Otto
- Irme en piragua con Javi por Puerto Real
- Ir con Pablo a ver despegar o aterrizar los aviones
- Hacer una ruta en bici con Olga
- Pisar el anillo de atletismo del estadio olímpico
- Ir con Pablo a la Cartuja y ver lo que quede de la Expo'92
- Contarle a Hanah el viaje a Amsterdam y el campamento
- Ir a Almería
- Desenterrar un cofre con el clan
- Ver Parque Jurásico 1 con Carlos diciendo todos los diálogos de la película
- Ganarle a Labracho un partido de tenis
- Dejar que Emilio me gane un partido de pádel
- Hacerle a Ramón y Marina un regalo por su boda
- Aprender a colgar mi hamaca en el jardín (¡Guepardo!)
- Ver un partido de fútbol en un estadio que no sea de Sevilla
- Hacer el puzzle que me regalaron los rovers
- Aprender a cocinar algo para sobrevivir en Madriz y hacer una pannacotta final (con base de Oreo)
- Ver Batman Begins con Rota
- Ir a la inauguración de ronda con el Nanuara
Publicado por Lince, viajero de culo inquieto en 21:06 11 comentarios