Novedades 2008

martes, 9 de septiembre de 2008

La vuelta de las vacaciones de agosto es siempre una época de nuevos propósitos. Los quioscos se llenan de colecciones inútiles, la gente se apunta con ilusión al gimnasio, se empiezan nuevas dietas... Pues yo lo aprovecho para renovar mi blog. Después de casi un año le doy un lavado de cara que llevaba pensando desde hace tiempo:

  • Cabecera. Aprovechando una foto que Xeni me hizo en Amsterdam, mi blog ya tiene una imagen en el título, que se la ha currado, por supuesto, J. Mil gracias killo.
  • Presentación. Un vídeo con 100 fotos de lugares en los que he estado. Como juego... ¿sabrías adivinar los 100 lugares? ¿Quién acierta más?
  • Álbumes de fotos. Para que no sólo se vean las fotos de las entradas, subiré mis fotos al Picassa, donde se puede: ver todas las fotos por álbumes, descargar las que quieras, ver algunas fotos en un mapa para saber dónde fueron tomadas, buscar fotos de otros usuarios poniendo palabras clave en el buscador, dejar comentarios en las fotos, jugar a juego de adivinar dónde fueron tomadas las fotos que salgan (en la etiqueta "Explorar") y algunas cosas más. Este álbum dedicado especialmente a Lola.
Eso es todo (por ahora, claro).

Órdago a la chica

lunes, 8 de septiembre de 2008

Va siendo hora de que hable del campamento de verano de este año, que a este ritmo llegamos al otoño y va a quedar desfasado. Lo hemos celebrado en Talveila, un pueblecillo de unos 200 habitantes al oeste de Soria, a media distancia entre ésta y Burgos. La provincia de Soria es de órdago a la chica, pues si apostásemos a que posee algún tipo de record, lo haríamos siempre tirando por lo bajo.

La capital, Soria, tiene apenas 40 mil habitantes (las personas que van al campo del Betis cada domingo, por ejemplo), y sólo adelanta a Teruel como capital de provincia española menos poblada. Es pequeñísima en tamaño: nada más entrar paré en un semáforo con la Demetrio (la furgoneta de este año), miré a un lado y ¡zas!, encontré la estación de autobuses que estaba buscando donde tenía que recoger a Íñigo (por cierto, deberían cambiarle el letrero pues queda bastante ochentero). Proseguí mi camino en busca del centro y en apenas 5 minutos ya me encontraba fuera de la ciudad, ¡la había cruzado entera!. Impresionante.

El centro es bastante bonito. Tiene dos calles, vaya, pero peatonales y con mucha vida. Lleno de comercios que abren prontísimo (antes de las cuatro ya te atienden algunos) y cuyos dependientes te tratan con mucha amabilidad (si tienen que explicarte dónde se encuentra algo, salen a la calle y todo para señalarte; tampoco es que estén muy lejos las cosas, claro). Marta y yo nos conocimos todas las tiendas de veinte duros y todas las ferreterías de la ciudad (sobre todo nos encantó La llave, auténtico necogio tradicional de antaño). Sólo tiene 4 líneas de autobús, bueno, de microbús, y lo más llamativo es que empezaron a funcionar ¡en 2007!.

Los edificios, en su mayoría románicos, están hechos de una piedra blanquecina que le da un aire medieval. La plaza del ayuntamiento (la de la foto) es bastante bonita, y allí se celebró el día de mi cumpleaños la entrada de toda la ciudad al mundo de la TDT. Parece que en esto han sido vanguardistas. También me gustaron sus espacios verdes, como la inmensa alameda de Cervantes o la ribera del río Duero, un espacio de esparcimiento muy bien equipado donde pasear es un placer.

Pero Soria es famosa sobre todo por dos cosas: el CD Numancia, que con uno de los estadios más pequeños de primera y segunda se codea con los grandes en la liga de las estrellas y es capaz de ganar al Barça; y por Machado, sevillano de nacimiento pero soriano de adopción, un enamorado de estos lares en cuyos libros se describen los parajes de estas tierras castellanas. En el instituto me aburrió la lectura de Machado, aunque ahora quizás, después de haber visitado Soria, podría comprender un poco más qué es lo que nos quería decir.

“Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.
Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera”


(Son quizás los poemas más famosos de Machado, un halo de esperanza en este símil entre el olmo seco y su mujer Leonor, moribunda)

El gusto de ser diferente

domingo, 7 de septiembre de 2008

Seguro que Obélix, cuando viajó a Gran Bretaña en uno de sus cómics, pronunció en algún momento la frase: "están locos estos bretones". Está claro que una de los aspectos más enriquecedores de viajar es aprender cómo otras personas viven haciendo las cosas de manera distinta a lo que uno está habituado. Pero, en el caso de los británicos, parece que el ir a contracorriente de los demás es una tendencia, que en ocasiones roza lo forzado.

Y no me refiero a los hechos tradicionales que todo el mundo conoce (y que tienen sus ventajas e inconvenientes). A saber: conducir por la izquierda; medir la longitud en pulgadas, pies, yardas y millas (curioso que estas medidas no guarden entre sí ningún tipo de relación decimal); el peso en onzas o libras; la temperatura en grados Farenheit; los líquidos en galones o pintas; no querer adaptarse al euro, etc. Me centraré en esta ocasión en los deportes, pues los ingleses son únicos en inventarse nuevas disciplinas y normas, aún si el resto del mundo lo hace de otra forma.

El críquet. Todos hemos visto alguna vez este deporte que levanta pasiones en el Reino Unido y las que fueron sus colonias en el pasado. Es una mezcla de béisbol (hay que batear, pero por bajo) y los monos de la feria (pues hay que tratar de derribar unos palos con una bola); pero, por más que lo he intentado, aún no he conocido a nadie (y mira que lo he preguntado) que sea capaz de explicarme las reglas. En realidad lo entiendo, pues es difícil hacerme entender cómo un partido de críquet puede llegar a durar hasta 3 días (siempre está en la televisión).

El netball. No sé si alguien se ha fijado que no hay ningún baloncestista inglés famoso. Es que allí no se practica este deporte, sino uno parecido que se conoce como netball. En realidad, me contaron que el baloncesto proviene del netball, pues éste se practicaba antes. Al lado de la residencia en Portsmouth se jugó un torneo de este deporte que sólo practican las mujeres (¿porqué?), pero lo más curioso es que la canasta no tiene tablero, y que la jugadora que lleva el balón no puede mover los pies (al estilo de la "popota bollá"). Además, sólo pueden lanzar a aro dos jugadoras determinadas del equipo, que dentro del área no pueden ser tocadas (lo que da lugar a posturas de las defensas muy divertidas). Raro, raro, raro.


El football indoor. Cuando vivía en Hull me invitaron a jugar un partido de fútbol sala. No lo dudé, pero las extrañezas comenzaron cuando me llevaron a un campo cubierto (normal, con todo lo que llueve en Inglaterra). Allí dentro, la cancha estaba rodeada de paredes, y las porterías no medían más de un metro de altura. "¿Esto qué es?", me pregunté. Pues el fútbol sala al estilo inglés. En su deporte, nadie puede entrar en las áreas (como en balonmano), y lo mejor de todo, es que ¡se puede jugar con las paredes! (menos las del fondo). La verdad es que fue curioso y divertido, aunque me costó adaptarme a las nuevas normas y a aprovechar el rebote de la pared para zafarse de un contrario.

El dodgeball. En el campus de Portsmouth nos trataron de explicar este juego, parecido al "matar" de toda la vida, pero jugando con varias pelotas a la vez y algunas personas fuera del área de juego. La verdad es que ni siquiera la activity leader, trabajadora de la residencia y encargada de llevar la actividad, era capaz de explicar las reglas (yo creo que ni ella las entendía). Así que finalmente nos dedicamos a jugar al "matar" de toda la vida. ¿Para qué complicarnos?

Perdón por existir

jueves, 4 de septiembre de 2008

En general, se destaca de los británicos su afable manera de comunicarse, ya que prestan mucha importancia a la forma de decir las cosas a los demás. En clase de inglés siempre se prioriza el uso de las palabras please and thank you, como prototipos del hablar con correción; y, ciertamente, es un hecho la utilización constante por parte de los ingleses de estas dos palabras en su día a día.

Hasta aquí me todo me parece correcto. Pero lo que no me parece tan oportuno es que, si no se utilizan estas dos palabras, los ingleses se lo toman muy a lo personal y como algo violento. En la presentación del curso de inglés para los chavales de Granada, uno de ellos pidió un bolígrafo a uno de los interlocutores que estaban dando las explicaciones; pero como no dijo please, esta persona no se lo dio y además se lo recriminó. Este comportamiento me resultó del todo exagerado, pues creo que, lo mismo que los no ingleses tenemos que comprender (y aprender) que allí es constumbre decir "gracias" y "por favor" en cada frase, ellos deberían entender que, siendo extranjero, el no decirlas no supone (ni presupone) una falta de respeto. De hecho, en español se puede hablar muy educamente con el simple uso del "usted" sin tener que pedir un favor cada vez que se quiere decir algo.

A partir de entonces, me entró la auténtica psicosis. Siempre soy educado hablando en inglés, pero llegué a un punto en el que, para pedir algo, trataba de hacer la frase tan rebuscadamente formal que no se entendía nada de lo que decía, del tipo: "Si usted fuera tan amable y no tuviera ningún inconveniente, ¿no le importaría ....?". Algo realmente exagerado, pero es que muchas veces en el Reino Unido parece que hay que pedir perdón por todo, como en el cartel de la foto (que piden perdón porque te has encontrado el acuario cerrado, y digo yo: ¿qué culpa tienen los señores trabajadores de que el acuario tenga un horario y cierre alguna vez? ¿Es que tiene que estar 24 horas abierto?). Lo dicho, parece que hay que pedir perdón por existir.

Orgullo de guerra

martes, 2 de septiembre de 2008

A lo largo de la historia, los británicos, por su condición de superpotencia mundial, han sido un pueblo propenso a la entrada de sus ejércitos en conflictos bélicos de todo tipo. Los "fregados" en los que se han visto envueltos son incontables, y la Royal Navy, por ejemplo, ha sido desde su creación la marina más poderosa del mundo (como bien sabemos los españoles tras la Batalla de Trafalgar). Los ingleses muestran con orgullo su supremacía bélica, y las referencias a un pasado de guerra se encuentran en cualquier rincón de sus ciudades. Portsmouth es un claro ejemplo de ello. Por la ciudad abundan las estatuas de soldados, y cada banco está dedicado a un almirante diferente. Pero sobre todo, la oferta museística de Portsmouth está claramente ligada a estos conflictos que son enaltecidos sin ningún pudor:

The D-Day museum (el museo del día D)

Situado en pleno paseo marítimo, este museo trata sobre el día del desembarco de Normandía (el 6 de junio de 1944). Más en concreto, sobre los preparativos a ese día, lo cual lo hace mucho más interesante. El museo hace un recorrido histórico, a través de paneles informativos, fotos, documentos y recreaciones a escala real, de todo el desarrollo de la II Guerra Mundial desde que Hitler invadiese Polonia en 1939. La información se centra, desde 1942, en cómo los países aliados (Reino Unido, Rusia y Estados Unidos) planearon un ataque de reconquista a los países ocupados por los nazis, y ciertamente es espectacular pensar en que se necesitaron dos años para lanzar la ofensiva que con cierta seguridad diera posiciones ventajosas a estas potencias. Estas explicaciones me vinieron muy bien a la hora de leerme el Diario de Ana Frank, que es coetáneo a esta invasión.

Se explica minuciosamente porqué se eligió Normandía, al norte de Francia, como inicio del ataque (por su cercanía a la gran isla); cómo se plantearon cinco ataques simultáneos (por el factor sorpresa) y alguno en otro lugar (para despistar); y cómo se consiguió movilizar a 7.000 barcos, 11.000 aviones y 156.000 hombres sin que el enemigo se diese cuenta (cifras que cuesta asimilar). Aunque todas estos datos previos son muy interesantes, quizás eché en falta que se hablara más de lo que pasó después del Día-D, pues la exposición se acaba y se te queda un regusto de más. Bueno, para eso me compré un libro en la tienda que me lo explicaba.

HMS Warrior

El puerto de Portsmouth está lleno de atracciones turísticas de tipo naval (la mayoría sobre la guerra), aunque yo visité solo este impresionante barco de guerra, el HMS Warrior (todos los buques de la Royal Navy están encabezados por las siglas HMS, que significan His/Her Majesty's Ship - "El barco de su Majestad"). Se trata de un buque revolucionario en su época (fue creado en 1860), pues introdujo por primera vez el hierro en la construcción de su casco, y en su día fue el barco de guerra más grande, veloz y poderoso del mundo (los ingleses siempre buscan ser "los más" en todo).

El barco tiene 4 plantas diferentes y está completamente restaurado. La superior tiene 127 metros de eslora, y sus tres mástiles dejan caer un sin fin de cuerdas en perfecto orden (algo así podríamos hacer para los campamentos). Bajando a la cubierta principal, se puede visitar el camarote del capitán (el más lujoso, claro), el del Master and Commander (¿no hay una película titulada así?), el cabrestante para levar las anclas (se dice que harían falta 176 hombres para subirlas) la cocina, y el arsenal bélico (cañones, rifles...). En la cubierta inferior se visitan las celdas de castigo, los estantes para los petates y los minimalistas cuartos de baño. Por último, un piso más abajo se llega a la sala de máquinas, donde se puede uno imaginar el calor que debía hacer allí dentro "a toda máquina".

Como documentos históricos, estos museos son una fuente de información esencial. Aunque, desde mi punto de vista, deberían dejarse de tanto orgullo y, tomando el ejemplo de Costa Rica (que no tiene ejército) concienciar más a los visitantes de la vergüenza que suponen las guerras sean del tipo que sean.

Cuenta atrás: dos meses

lunes, 1 de septiembre de 2008

Antes de irme a la cuarta dimensión (como le llaman algunos), tengo una lista de cosas que me gustaría hacer:

  • Ordenar y poner fin a la colección de azucarillos
  • Hacer fotos por Sevilla con Otto
  • Irme en piragua con Javi por Puerto Real
  • Ir con Pablo a ver despegar o aterrizar los aviones
  • Hacer una ruta en bici con Olga
  • Pisar el anillo de atletismo del estadio olímpico
  • Ir con Pablo a la Cartuja y ver lo que quede de la Expo'92
  • Contarle a Hanah el viaje a Amsterdam y el campamento
  • Ir a Almería
  • Desenterrar un cofre con el clan
  • Ver Parque Jurásico 1 con Carlos diciendo todos los diálogos de la película
  • Ganarle a Labracho un partido de tenis
  • Dejar que Emilio me gane un partido de pádel
  • Hacerle a Ramón y Marina un regalo por su boda
  • Aprender a colgar mi hamaca en el jardín (¡Guepardo!)
  • Ver un partido de fútbol en un estadio que no sea de Sevilla
  • Hacer el puzzle que me regalaron los rovers
  • Aprender a cocinar algo para sobrevivir en Madriz y hacer una pannacotta final (con base de Oreo)
  • Ver Batman Begins con Rota
  • Ir a la inauguración de ronda con el Nanuara
Veremos a ver a qué me da tiempo, aunque si yo me lo propongo...

Buscando mi sitio

domingo, 31 de agosto de 2008

Este verano mi visita a Inglaterra no ha sido por vacaciones; bueno, casi. En realidad, he estado trabajando para un programa de la Junta de Andalucía que se llama "Idioma y juventud", que da la oportunidad a 9000 estudiantes de bachillerato andaluces para que cada año aprendan un idioma extranjero durante 15 días en otro país. Yo en concreto llevaba a 50 chavales, de 17 y 18 años, todos de Granada, capital o provincia.

Este tipo de experiencias pueden ser magníficas o nefastas, y la línea divisoria es tan delgada que estar en uno u otro lado depende simplemente de la actitud de los chavales y del funcionamiento del equipo de monitores que te corresponda. Por suerte, en Portsmouth, me he sentido como si estuviera de vacaciones pagadas, así que la combinación ha sido perfecta.

Aunque los primeros días estuve bastante fuera de lugar, supongo que cada uno estaba buscando su sitio (aunque creo que alguna aún no lo ha encontrado). Me aburría porque las actividades eran aburridas, y no terminaba de ocupar de alguna forma mi tiempo libre. Pero enseguida todo cambió. Empecé a hacer deporte (me he aficionado al tenis y he mejorado en pingpong), a organizar juegos para los niños (clásicos pistoleros, novedades como el bingo, el cluedo), a solucionar retos del Kaleidoscope (juego altamente adictivo), y a disfrutar de las visitas y de la compañía, tanto que al final, ya de vuelta, echaba de menos muchas cosas.

Echaba de menos al grupo de monitores, mi jefa Juani y mi papá Antonio; a las ciudadrealeñas, Ceci y Lola, y a la palentina de pura cepa, Raquel; la cháchara post-comida en la cantina, que Ceci me pidiera que me levantase a por algo, que Raquel no pasease un donut por todo el campus, que Arancha y Nadal no jugasen más partidos, que Antonio no se parase a mirar cualquier tienda, y muchas otras cosas que han ido marcando la convivencia y que, al final, se ha transformado en muestras de afecto, como las tarjetitas sorpresa del final.

Y echaba de menos al grupo de "compaes" de Granada, unos chavales buenos, de los que escuchan cuando se les habla (algo que ya escasea), y de los que, a pesar de algunos tropiezos que podrían haber enturbiado la relación, me guardo un recuerdo cariñoso y divertido, como el que siempre tendré al ver este vídeo.

De cara al mar

jueves, 28 de agosto de 2008

Después de haber vivido en varias ciudades inglesas (Hull, Ramsgate), puedo decir que Portsmouth es una de las que mejor sabor de boca me ha dejado. Y eso a pesar de que urbanísticamente no aporta mucho al esquema archirrepetido de urbe británica: calles alargadas, viviendas unifamiliares adosadas con pequeño jardín mal ciudado delantero y uno mayor trasero, con una vidriera frontal con cortinas pero sin persianas (¿para qué?, si apenas hace sol), amplísimas zonas de césped para practicar todo tipo de deportes, calle céntrica peatonalizada donde se ubican las principales firmas comerciales (menos mal que no faltan nunca Primark ni Sport World), cementerio de lápidas de piedras (que te encuentras de repente en cualquier lugar al torcer una calle), con aspecto mohoso al igual que los ladrillos de las casas...

Pero Portsmouth me ha aportado muchas cosas novedosas. La ciudad vivía de cara al mar, pues dependía de él en su pasado cuando su puerto militar era uno de los más importantes para la implacable armada británica (la Royal Navy). Reminiscencias de ese pasado bélico se observan aún en estatuas de soldados o almirantes que se hallan esparcidas por sus calles; en varios de sus museos, como el Museo del día D (sobre el desembarco de Normandía, no sobre los días temáticos de los campamentos scout), el museo naval, y los barcos de guerra HMS Warrior o HMS Victory, restaurados y en perfecto estado para su visita; o en la fortaleza defensiva que la separa en algunas partes de las aguas del Canal de la Mancha.

Y la ciudad vive aún del mar, pues su puerto, hoy comercial, mantiene líneas regulares con muchas zonas de Europa, como Bilbao. Además, Portsmouth tiene playa, de chinos gordos pero playa al fin y al cabo, y buena parte de sus 189.000 habitantes aprovechan cualquier rayo de sol (haberlos haylos, pero pocos) para hacer una escapada al mar a ver si oscurencen su piel color leche. Y reflejo de su importancia hoy en día es que en 2005 se construyó la impresionante Spinnaker Tower, 170 metros en forma de vela de barco, como no podía ser de otra manera.

Cuando Charles Dickens nació allí en 1812, la ciudad respiraba un aire bélico fruto de la época en la que vivió. Hoy, los únicos aires bélicos que he soportado en Portsmouth han sido los del fuerte viento que nos ha azotado durante la mayoría de nuestra estancia allí, provocados, cómo no, por el omnipresente mar.

Añado como novedad al blog los álbumes de fotos, de momento sólo de Portsmouth aunque pronto pondré más para que se puedan ver muchas de mis fotos (no todas que son demasiadas). Se pueden ver como presentación y lo más chulo es que algunas están enlazadas a un mapa, para que se vean dónde se tomaron exactamente.

Y, por supuesto, el vídeo que merece:

El oso apagado

martes, 26 de agosto de 2008

De todos es sabido que los ingleses, como no tienen la necesidad de aprender ningún idioma porque el suyo se habla por todo el mundo, no se preocupan lo más mínimo en estudiar otras lenguas. Cuando los llevo de tapas por Sevilla siempre me dicen "Tapas es mucho bueno" y frases por el estilo. Pues bien, estos días que estuve en Portsmouth me pasó algo de lo más divertido en relación con este tema. Me compré un Backgammon magnético para jugar en los trayectos en autobús, y como no sé las reglas me dispuse a leerlas en inglés. Como no me quedaba del todo claro, recurrí a las reglas en español que venían adjuntas. Y ahí encontré una serie de incoherencias que me hicieron troncharme de risa conforme iba leyendo:

Frase en Inglés: The objective is to remove all your pieces from your inner table off the board
Traducción al Español: "El objetivo es quitar todos sus pedazos de su tabla interna del tablero" (pues para mí que las piezas venían enteritas, no en pedazos, y la tabla no la encuentro)

FI: White moves anti-clockwise around the board to bear off out of his/her inner table
TE: "El blanco quita a la izquierda alrededor del tablero al oso de su tabla interna (¡Al oso! ¡Han metido a un oso dentro de una tabla! Este juego es alucinante)

FI: Black moves clockwise around the board to bear off at his/her inner table
TE: "El negro se mueve a la derecha alrededor del tablero al oso apagado en su tabla interna" (Así que los negros tienen que apagar al oso, pues sí que es difícil este juego)

FI: If a piece stops on a point occupied by one opposing piece, he(she 'blots' the opposing piece and it is removed and place on the 'bar'
TE: "Si un pedazo para en un punto ocupado por un pedazo de oposición, él/ella 'borra' el pedazo de oposición y se quita y se pone en la 'barra'" (para pedazo de oposición la mía, anda que no tuve nada que estudiar, para que ahora me la borren en este juego)

FI: This piece must then be put into play before any other move is made by the player whose piece it is
TE: "Este pedazo se debe entonces poner en juego antes de que cualquier otro movimiento sea hecho por el jugador que pedazo es" (me sorprende que utilicen figuras literarias como el hipérbaton, así quién va a entender cómo se juega)

FI: The bearing off. A player can began bearing off pieces only only when all pieces are within his/her inner table
TE: "El llevar apagado. Una poder del jugador comenzó a llevar de pedazos solamente cuando todos los pedazos están dentro de su propia tabla interna" (¿El llevar apagado? ¿El qué? ¿El móvil? Ni que fuéramos a jugar en una gasolinera. Y la segunda frase, si ya es cutre escribirla mal en inglés, más cutre es traducirla al español con esos errores incluidos)

FI: Winning: The first player to bear off all his/her pieces wins!
TE: "El ganar: ¡El primer jugador a llevar de todos su pedazos gana!" (El ganar... así que al final gana el que se lleva todos los pedazos... ¡haber empezado por ahí!)

Nunca jamás vi una traducción peor hecha (y eso que no he puesto todas las frases, sólo las perlas). Y yo sigo sin saber cómo se juega al Backgammon. ¿Alguien me enseña? Pero que traiga al oso apagado que no venía incluido.

Andar por el aire

domingo, 24 de agosto de 2008

Resulta curioso que en Portsmouth, una ciudad de tamaño medio que ni siquiera es capital de su región (la ciudad más importante de Hampshire es Southampton), se encuentre un edificio como la Spinnaker Tower, impresionante por su belleza y grandiosidad. Esta torre, construida hace apenas 3 años, domina toda la ciudad, y con sus 170 metros de altura no hay otro edificio en Portsmouth que le haga sombra. Se ve desde todas partes, aunque realmente se encuentra en el puerto, a la orilla del mar. Su forma es para algunos la de un esqueleto de tiburón, aunque para mi es una vela de barco gigante, con su espigado mástil que la sostiene, reinando por encima de todos las demás embarcaciones que la circundan.

La torre tiene 3 miradores, situados a 100, 105 y 115 metros de altura. Los dos primeros están cubiertos, pero no así el tercero, el llamado crow's nest (nido de cuervos), que al no tener techo está sujeto a las inclemencias del tiempo, como comprobamos cuando nos cayó un inesperado aguacero. Pero lo más impactante de la torre se halla en el primer mirador, donde existe una zona de unos 3 metros de largo donde el suelo es completamente de un cristal transparente que permite ver el suelo que se situa 100 metros más abajo.

Te obligan a descalzarte para pasar por encima, y la verdad es que se pasa miedo porque parece que el cristal se puede romper en cualquier momento. Me sentí muy ridículo dando pasitos de puntillas por si acaso mientras que los niños pasaban a mi lado corriendo sin ningún pavor. Pero es que parece que vas andando por el aire, y, aunque lo crucé unas 15 veces, el corazón no paró de latir fuerte por la adrenalina, sobre todo cuando decidí sentarme encima del cristal (estaba deseando que hicieran la foto rápido). Quizás se aprecie algo de lo que digo en el vídeo que grabé allí arriba:



La Spinnaker Tower es mi edificio favorito de Portsmouth, por su forma, por su modernidad, por las vistas que ofrece de toda la ciudad y alrededores (hasta 40 millas a la redonda, bueno, 60 kilómetros, si no llueve claro) y por la forma que tienen los británicos de publicitarla. Ellos siempre tienen que ser lo más de lo más, y por ello se han inventado un rocambolesco eslogan con el que la torre se convierte en algo puntero. En el folleto se lee: The highest accessible building in UK outside London (algo así como "el edificio al que se puede acceder más alto de todo el Reino Unido excluyendo los de Londres). Tronchante.

El regreso

jueves, 21 de agosto de 2008

Ya estoy de vuelta, en España y en el blog. La verdad es que tenía ya ganas de ambas cosas: tenía ganas de pasar calor (madre, qué frío he pasado por ahí) y de contar todo lo que me ha ido pasando en los múltiples viajes que me ha deparado el verano. Y como no sé muy bien por dónde empezar, lo haré por el final, que lo tengo más fresco.

Nada más bajar del avión que me trajo de Gatwick, y aprovechando que aterrizaba en Málaga, me recogieron Lourdes y Diana (dos de los amigos que hice en Tübingen) para disfrutar de la feria de esta ciudad, que se celebra siempre en verano en torno al 19 de agosto (el día de la patrona, la Virgen de la Victoria). La feria de los malagueños tiene dos partes bien diferenciadas, de día y de noche, que además, se celebran en sitios distintos.

Feria de día. Lo primero que hicimos fue ir al centro, a la calle Larios, que estaba atiborrada de gente. Me llamó la antención las escasas personas que iban vestidas de flamenca, aunque sí que vimos algún grupo (que aquí llaman "panda") de verdiales, el baile típico malagueño. No sabría muy bien describirlo, de hecho Lourdes (la malagueña) no sabe bailarlo, pero a grandes rasgos unas señoras bailan en círculos tocando unas castañuelas con lacitos de colores, mientras un coro de hombres canta dirigidos por el alcalde de la panda (que suele ser el más mayor, y según vi, también el más gordo) quien sostiene un bastón a modo de batuta. A ver si con este vídeo, grabado a los pies de la catedral, se entiende mejor:


Me gusto mucho esta animación callejera, junto con otras bandas tipo "charanga" que tocaban todo clase de canciones (el "Paquito chocolatero" no faltó, para dar por sentado que ya estaba en España), aunque Lourdes me contó que estos grupos son contratados por el ayuntamiento para tocar en las calles. Me sorprendió, pues yo pensaba que actuaban espontáneamente, algo así como las chirigotas ilegales en carnavales de Cádiz, pero no.

Seguimos la calle arriba y nos encontramos con Manolo, un amigo de Lourdes que se dedica a vender biznagas. Esta flor es el símbolo de Málaga, pues te la encuentras por doquier (como las enormes de la foto de arriba). Según nos contó, la biznaga es una especie de injerto del jazmín en un delgado y largo tronco (que suele ser de un cardo), que florece en forma de pompón y da un olor exquisito. Sólo dura dos días en flor, por lo que hay que darse prisa para venderlas. Pero parece un buen negocio, pues en los 5 minutos que estuvimos con Antonio vendió 4 (y eso que costaban 3 euros cada una).


Más adelante llegamos a la plaza de la Constitución, la más bulliciosa de todas. Allí, varias casetas (de Cruzcampo, de la Ser) reproducían música a toda voz, y fue un momento divertido el llevar sólo unas horas en España y estar ya bailando sevillanas y rumbas en plena calle. Otro gran momento fue la comida: pescaíto frito (chanquetes, adobo y calamares) que disfruté como un enano (ya estaba harto de chips a todas horas). Y la bebida típica de la feria, el vino Cartojal, un vino hecho con uva moscatel típico de Málaga, muy dulce y que, sirviéndose muy frío, es una auténtica perdición.


Después, comienza la feria en los bares, que hay muchos y la música es de lo más variado. Eso sí, hay que asegurarse entrar antes de la seis de la tarde, pues a partir de esa hora ya cuesta dinero entrar.

Feria de noche. Después de un rato de descanso en casa de Lourdes, nos dispusimos a conocer la fiesta nocturna, que se celebra a las afueras de la ciudad, en lo que se conoce como el real de la feria. Me sorprendió la gran luminosidad, la amplitud de las calles, y la de las casetas (sólo hay 214 pero todas son más anchas que en la de Sevilla). Las casetas son fijas (se mantienen todo el año) y me llamó la atención que en la parte frontal, en vez de toldos, tienen una pared con una puerta (como si fuera una casa normal y corriente). En todas ellas se puede acceder libremente, aunque el ambiente me resultó inesperado. La feria nocturna tiene poco de feria y mucho de discoteca, pues la música que se escucha es de todo tipo. Además, a partir de cierta hora ciertas casetas están tan llenas que hay que hacer cola para poder entrar.


Lo que más me gustó, sin duda, es que la feria no se limita sólo al real, sino que el ayuntamiento elabora un programa de festejos que va más allá de las corridas de toros. Todos los días hay un concierto en el auditorio, gratuito, al que puede accerder cualquiera y está a escasos metros del real. Nosotros vimos el concierto de Carlos Baute (bueno, más que un concierto era un show, os podéis imaginar), y me quedé con ganas de asistir al de Jarabe de Palo que es este sábado.

Me encanta conocer las fiestas tradicionales de los distintos lugares, y le agradezco a Lourdes que me diese la oportunidad de disfrutar de su feria. Ha sido una gran manera de celebrar el regreso.

Hasta mañana

miércoles, 16 de julio de 2008

Hasta mañana le digo al blog. No es una despedida eterna, pero el verano ha llegado y con él los viajes se multiplican, iré de un lado para otro y no sé cuándo podré actualizar para comentar. El domingo llegué de Amsterdam y en apenas 3 horas estaré ya camino de Soria para disfrutar de un campamento al más puro estilo scout. Y sin tiempo para descansar, mi nuevo trabajo en Portsmouth, al sur de Inglaterra, me tendrá liado otros 15 días. Los viajes se suceden y se acumulan las historias que contar. Como a mi me gusta.

Y digo hasta mañana de la mejor manera que se me ocurre, con la puesta de sol más espectacular que he visto en mi vida. La foto es de Playa Tamarindo, en la costa pacífica de Costa Rica, un lugar lleno de rastafaris donde se disfruta del surf, las iguanas, los pelícanos pescando, las conchas en formas de broca en espiral o las comidas ticas más típicas.

Dicen los costarricenses que es el atardecer más bonito del mundo, y que nunca se repiten dos iguales. Yo, de momento, no puedo comparar con nada ese momento en que el cielo pasó de un azul prístino a tornarse en toda la gama de rojos desde el rosa más claro al rojo más intenso, en apenas unos minutos. La luz del sol que se despedía inundaba todo, las aguas, la arena, y las nubes en el cielo, y el espectáculo era absorbente: imposible apartar la mirada de este regalo natural.

Al día siguiente, a la misma hora, el mismo show gratuito, pero fue diferente, los colores no eran los mismos, ni tampoco las sensaciones, pero no por ello su grandeza fue menor. Tamarindo es una de las mejores opciones para decir adiós a un día y por eso lo uso como un hasta pronto para mi blog.

Como en Costa Rica

sábado, 5 de julio de 2008

La primera vez que visité la cascada grande del Martinete, en la Sierra Norte de Sevilla, me quedé atónito pensando en que un lugar como aquél pudiera existir en uno de los lugares más secos de España. Sin embargo, allí estaba, a apenas una hora en coche de mi casa.

La postal parecía más propia de un lugar tropical como Costa Rica. Una cascada de unos 8 metros de altura, que deja caer su chorro de agua a una inmensa poza de aguas azules, rodeada de paredes de piedra y vegetación que aislan el lugar, y un hueco por el que penetran los rayos del sol que dan al paisaje un toque más místico.

La cascada forma parte de un conjunto de tres torrentes que va formando el río Huesna (o Huéznar, no está claro el nombre), que crece un par de kilómetros más arriba. Las dos primeras son de fácil acceso y están señalizadas con un camino; sin embargo, la tercera, la más impresionante, está un poco más escondida y hay que saber que existe para encontrarla.

El otro día fui a visitarlo con mis niños de la Ruta Quetzal y, a pesar de estar en pleno julio, el río mantenía el cuadal de agua suficiente para preservar ese gran espectáculo natural. El bañito fue ritual, y el agua estaba tan fresquita que nos hizo olvidar el sofoco que provoca el calor estos días por Sevilla.

No hace falta cruzar el charco para ver sitios que te dejan perplejo; y es que a veces, sin darnos cuenta, infravaloramos lo que tenemos cercano.

Unidos

jueves, 3 de julio de 2008

Por fin, por primera vez en toda mi vida, la selección nacional hizo algo importante a nivel internacional (en fútbol, claro). La ilusión de la gente iba creciendo conforme avanzaba la Eurocopa y en el ambiente se notaba una alegría generalizada que explotó de un modo nunca visto con la consecución del título.

El domingo, como casi siempre en este torneo, quedamos en casa de alguien (Marta en este caso) para ver la final, y disfrutamos con el juego, nos emocionamos con cada jugada, aplaudimos en todo momento, nos deleitamos con la pannacotta y saltamos con el pitido final. Un gran momento y un gran placer.

Y nos echamos a las calles de Sevilla, todos vestidos de rojo como casi todo el mundo con el que nos encontramos. Las calles rebosaban júbilo y la Puerta de Jerez era una fiesta que no hacía distinción de colores, no había béticos ni sevillistas, sino banderas, bufandas y camisetas de España. Gentes de todas las edades (botaron hasta las abuelas) unidos en unos mismos cánticos.

Fue algo muy especial. Antes de la Eurocopa, enseñar una bandera de nuestro país parecía un acto vergonzoso (era fácil tildarte de "facha", incluso por gente que no sabía ni lo que esto significa), por claras reminiscencias de un pasado deshonroso no muy lejano (ni muy cercano). Sin embargo, el otro día las banderas no recordaban a la dictadura sino que significaban otra cosa. Y la gente gritaba al unísono el "yo soy español" sin ningún pudor. ¿No se sentían así antes de la cita de Austria y Suiza, o es que no se atrevían?. Puede ser que, gracias al fútbol, las costumbres vayan a cambiar, y a la gente no le importe enseñar unos emblemas de los que se sienten orgullosos. Veremos, en un futuro, si este cambio es posible.

Agujetas que merecen la pena

martes, 1 de julio de 2008

Ayer domingo disfruté de una gran aventura, otra más de las preparadas por esa persona a la que sobrevaloramos con toda la razón. Antílope nos organizó el descenso de un barranco conocido como La buitrera, en el que se baja por el cañón del río Guadiaro hasta las inmediaciones de la estación de trenes de Gaucín, la cual, debido al crecimiento de casas a su alrededor, ha adoptado nombre propio, El Colmenar.

Lo más complicado del barranco, de dificultad media, es llegar a él. En el viaje en coche nos dimos una vuelta por pueblos de montaña los que raramente volveré (como Coripe, en todo el medio de la sierra) pasando por tres provincias andaluzas y dando un rodeo de 200 kilómetros. Una vez en el pueblo de inicio, dejamos el coche y comenzamos a andar por en medio de las vías del tren hasta el principio del barranco. Hay otro modo un poco más legal de llegar hasta ese punto, pero tiene su punto de excitación atravesar cuatro túneles (a cada cual más largo) a oscuras y con el riesgo probable de que pase el tren en cualquier momento.

Comienza el barranco. Nos embutimos como podemos en los trajes de neopreno y bajamos rápido a las primeras pozas para sofocar el inmenso calor. Por suerte, las pozas están frías y es una gozada flotar en ellas. A partir de entonces, comienza el descenso, y comienzan los nervios conforme llega el primer rappel, mitigados por la seguridad que nos transmite Antílope.

Las paredes del estrecho cañón crecen hasta las 100 metros de altura. La sensación de pequeñez es absoluta. De poza en poza, nadando boca arriba, disfrutamos de las caprichosas formas que el paso del agua ha ido moldeando en las rocas con el paso del tiempo, o del puente que los alemanes construyeron a 60 metros de altura. Llega el momento de los saltos. Difícil decisión la de rappelar o saltar, pues me sigue dando impresión. Sin mucho pensar, salto y no me arrepiento. Gran sensación en en aire, dentro del agua y tras salir de ella.

Algún rappel más pequeñito y la luz empieza a desaparecer. El cañón se convierte casi en un cueva, los pasos se estrechan, el agua se enfría cada vez más y de repente, una imagen imborrable. Las paredes se abren formando una caverna con el punto justo de iluminación que realza las increíbles formas de la piedra. Estamos solos en ese momento y tengo la sensación de que somos los primeros humanos en poder contemplar un espectáculo tan bello.

Seguimos el descenso, entre historias de la cabra muerta, de la serpiente muerta y del ratón muerto, y al cabo de más de tres horas, el cañón se abre definitivamente y finaliza con dos largas pozas que disfrutamos bajo el sol de Andalucía y sobre las frías aguas del Guadiaro. Tiempo final para saltos muy altos, de esos de cortar la respiración y de los que aún no me atrevo. Vuelta al coche durante 4 kilómetros andando con los trajes de neopreno, y vuelta a Sevilla, esta vez sí, por el camino correcto (menos mal, lo justo para no perdernos la gran final de la Eurocopa).

Ha sido una delicia de barranco. Un gran experiencia compartida con un gran grupo de gente. A pesar de las agujetas del día de hoy.