Si las bicis hablaran, se sorprenderían de cómo una ciudad como Madrid, a la cabeza en vanguardia para muchas cosas, las tiene completamente olvidadas en su red de comunicaciones; las bicis se quejarían de tener que ir por unas aceras estrechas, esquivando peatones, por el miedo a circular por unas calzadas repletas de coches en su doble vertiente: parados en un atasco o a velocidad endiablada; y llorarían por la incomprensión de conductores que les pitan, les aparcan en doble fila o les abren la puerta del coche sin mirar si viene alguna.
Justo ayer recorrí los 12 kilómetros que separan mi casa de la Puerta del Sol, un recorrido en exclusividad por la calle Alcalá (la más larga de la ciudad) que se tradujo en una terrorífica experiencia de riesgo: ni por la acera ni por la calzada, soportando pitidos, Alonsitos, atascos, taxistas... el ciclista no cuenta nada en Madrid. Realmente, acudía a un evento que pretende conseguir lo contrario: todos los jueves finales de cada mes, a las 8 de la tarde, se reunen de manera no oficial en la Plaza de Cibeles todos aquellos ciclistas que lo deseen para dar un paseo conjunto por Madrid. Es la conocida como Bici crítica.
Al llegar a Cibeles me sorprendí de la gran masa de ciclos presentes: podría haber más de mil personas congregadas. Y enseguida empezó el recorrido, un itinerario de unos 10 kilómetros que cada mes varía según van decidiendo los que van en cabeza, los veteranos de este movimiento que ha cumplido ya 5 años de vida. El ambiente es festivo, y el pelotón ocupa toda la calzada por lo que impide el paso de coches. Así, hicimos un tranquilo paseo, ya sin miedo a ser atropellados por nadie, de casi dos horas de duración por las principales calles del centro, pasando junto a la Puerta de Alcalá, las torres de Colón, el Palacio Real, la Puerta de Toledo, Atocha y de nuevo Cibeles.
La concentración carece de normas, aunque se suele respetar a los peatones que tienen que cruzar la calle. No así a los vehículos motorizados: en los cruces, algunos ciclistas taponan a los vehículos para que no pasen y la bici crítica permanezca compacta. En el gran pelotón se ve de todo: monociclos, bicis antiguas de estas altísimas, tandems, gente en patines o monopatín, incluso un ciclista con un remolque que va llevando un hilo musical un poco esperpéntico pero bastante animado. Es muy curioso observar las reacciones de la gente al ver una concentración de bicis por las calles de Madrid ocupando tanto espacio: los incrédulos, los que se enfadan, y los que están encantados, como la señora mayor que, loca de contenta, se acercó para darme las gracias por esa gran idea de salir todos en bici, algo que ella ya no podía hacer.
¿Necesita Madrid una red de carriles bici? Es más, ¿sería factible? Es cierto que las distancias en la capital son tan enormísimas que el coche se hace imprescindible para los desplazamientos. Pero Madrid debe estar a la altura de las grandes ciudades europeas, que están apostando por integrar las bicicletas en el trazado urbano como un complemento a la red de transportes. El transporte público en Madrid es la envidia de muchas ciudades (el metro, quizás el mejor del mundo), pero debería dar más importancia a este medio tan ecológico. Muchos dicen que no hay hueco, pero también se decía de Sevilla y se ha conseguido. Las bicis ya han hablado, ahora le toca el turno a los políticos.
Si las bicicletas hablaran
viernes, 29 de enero de 2010
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Clase de arte
domingo, 24 de enero de 2010
Tenía ciertos reparos a la hora de ir a conocer el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, ya fuera por lo repipi del nombre o por todas las implicaciones de lujo y fama que rodean a la familia de Tita Cervera. Pero la verdad es que, dejando al margen el lado rosa, me alegro mucho de haberme comido mis prejuicios porque la visita es, sencillamente, imprescindible.
Esta acaudalada familia ha apostado por invertir su fortuna en el coleccionismo de obras de arte, que ahora queda expuesto a pocos metros del Museo del Prado. Pero, a diferencia de este, el Thyssen está organizado de una manera cronológica, es decir, esta familia tiene tantísimo dinero que ha sido capaz de recopilar cuadros que van desde la pintura medieval del siglo XIV hasta los más modernos del Por Art del siglo pasado, pasando por todos los estilos y escuelas de la historia.
Así, ir al Thyssen es como acudir a una clase práctica de Historia del Arte. Con la audioguía al oido me fui enterando de toda la evolución del arte, claramente ejemplificada en la colección. Del teocentrismo al humanismo, de la pintura burguesa a la popular, del policromismo al tenebrismo, de Tintoretto a Van Gogh, del rococó al cubismo, de los patrones al individualismo... los progresos de las técnicas artísticas resumidas en 3 plantas. En ninguna clase teórica aprendí tanto como en este museo.
Además, por esta época el Thyssen (conjuntamente con la Fundación Caja Madrid) acoge la exposición temporal Las lágrimas de Eros, que nuevamente está organizada de una manera que considero muy acertada: se elige un tema genérico, en esta ocasión la relación del amor y la muerte en el arte, y se exponen obras de épocas y estilos diferentes sobre ese tema. Es muy ilustrativo porque da a entender de qué variada forma se puede expresar lo mismo, y se observa también la evolución del arte. No sé muy bien qué pinta el vídeo de Beckham echándose una siesta, pero todo lo demás de la exposición me pareció realmente interesante.
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Todo vale
miércoles, 20 de enero de 2010
¿Qué es el arte? Creo que siempre me hago esta pregunta cuando visito alguna exposición de arte moderno; pero si ni científicos ni historiadores han logrado dar con una definición apropiada, no seré yo quién pierda mi tiempo hallando la cuadratura del círculo; en cambio, prefiero planterame esta otra: ¿vale todo en el arte?
El Museo Reina Sofía de Madrid es el centro de arte moderno más importante del país. Salvo algunas salas de la exposición permanente que supe valorar, como las cubistas con el Guernica de Picasso destacando, las surrealistas de Dalí y alguna de fotos de la guerra civil española, el resto me decepcionó. Y puede que quede como el típico cateto que no entiende el arte; pues vale, no sabré entenderlo, pero al menos sí puedo decir que no me gustó.
Parece que hoy en día para ser artista hay que ser original, pero yo creo que no debería valer todo. No entiendo porqué un señor que pinta un cuadro de blanco y le pone una rallita negra vertical minúscula en la parte central alta tirando un poco a la izquierda se merece estar en un museo; o el que dispone una pared con varios focos fluorescentes como los de las cocinas puestos en vertical en número ascendente; o el que hace un tablero de ajedrez en el suelo (que por cierto pisé sin querer). Tampoco es todo malo: hay obras excepcionales, originales y muy bonitas... pero hay otras que parece que el artista se está riendo del público (de hecho, se han hecho experimentos con obras de arte falsas expuestas en museos para ver las reacciones de la gente).
Si todo vale, todos somos artistas, todos expresamos cosas a diario, en nuestros quehaceres, en nuestros hobbies, en nuestros trabajos, luego todos nos mereceríamos estar en un museo. ¡Qué guay!
No quiero quitar méritos a los artistas modernos, que los hay y buenos, pero creo que alguno está aprovechando la indefinición del arte para colarnos más de un golito. ¿Todo vale? Mal que me pese, parece que sí.
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La lluvia en Sevilla
domingo, 17 de enero de 2010
Después de un mes seguido sin parar de llover (los andaluces no exageramos, son los demás los que se quedan cortos), ¿a quién le sigue pareciendo que en Sevilla la lluvia es una maravilla?
Se quejan los conductores, porque los atascos se multiplican (aún más si cabe); y los del metro, porque han salido goteras; se quejan los ciclistas, porque no pueden usar las bicis; y los viandantes, que se mojan la ropa con los enormes charcos que se forman cada vez que llueve (¿por qué nunca drenan bien los sumideros?); se queja el peluquero porque la gente pasa de arreglarse el pelo; y el de la tienda porque nadie sale a comprar; los turistas, porque la ciudad está fea; y los de Lipasam porque no paran de limpiar.
Lo cierto es que pasarme toda la Navidad en casa y que no haya parado de llover es un trastorno incómodo, ya que apetecía más reguardarse en casita que salir a tomar algo. Pero a mí, en verdad, la lluvia en Sevilla me maravilla. Será por lo poco acostumbrados que estamos, pero me quedo embobado viendo las gotas caer tras la ventana. Y, cuando llueve, el aire se limpia, los humos se esfuman, y cuando por fin escampa y sale el sol, la luz que alumbra la ciudad le confiere un color especial.
Eso sí, a ver si sale el sol ya, que Sevilla parece Vigo. Que por tener, dicen, han tenido este año hasta nieve. Nuevamente, son los demás los que se quedan cortos.
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Tatatito, Tati, Tati
lunes, 4 de enero de 2010
Irse a esquiar un fin de semana es todo un reto, pero se puede convertir en un viaje mucho más divertido si te equivocas de hotel y lo reservas a 170 kms de distancia de donde hubieras debido; la cosa se complica si encima Pas de la Casa es el último pueblo de Andorra, todavía más lejos. Pero no pasa nada, ya que estábamos, Ricardo el snowboarder y yo el esquiador principiante nos lanzamos a la aventura de conocer Andorra en un viaje exprés.
Muy ilusionado por esquiar en una estación nueva, aunque tuviera que volver al hotel a por la documentación ya que no se pueden alquilar esquíes sin dejar el DNI. El fin de semana pilló con poca nieve, pero nunca imaginé que hubiera tan poca que sólo estuvieran abiertas pistas rojas y negras (las más difíciles), yo que por lo máximo que me había tirado era por una azul... Así que tocaba armarse de valor para bajar por esas empinadas cuestas... y levantarse de las innumerables caídas. Remonte arriba (sin dar bastonazos a la señora de al lado, claro), y poco a poco cogiendo confianza y controlando más los esquíes. Y si alguna vez me perdía de Ricardo... bastaba con dar un toque al móvil para quedar en el lugar convenido (si no te olvidas el móvil en el baño del hotel, claro).
Al acabar la jornada de esquí, toca guardar el equipamiento en las taquillas del hotel (sin cerrar el candado en la taquilla del de al lado, claro). Duchita (sin mojar la toalla con el grifo, claro), siestecita sin moverse mucho para evitar los muchos lugares doloridos y vueltecita por el pueblo siguiendo las recomendaciones la recepcionista (ligando con ella sin la boca llena de chocolate, claro). Tras poner el correspondiente ticket de zona azul al coche (sin olvidarse la llave en la habitación, claro), conocimos trabajando bien en equipo la ambientada noche pasdelacasiense, especialmente el Déja Beer del que nos hicimos clientes habituales.
Un viaje con muchas anédoctas y en el que todo salió a pedir de boca... hasta el tiempo nos acompañó y aunque el lunes de regreso se cerraron muchas de las carreteras españolas, nuestra vuelta por la A-2 no tuvo mayor dificultad (después de haber comprado las cadenas para el coche, claro).
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¿Hay alguien ahí?
miércoles, 30 de diciembre de 2009
El último pueblo de Andorra, frontera con Francia, y separado del resto del mini país por el puerto con carreteras más álto de todos los Pirineos, el Puerto de Envalira (2.409 metros AMSL). Es Pas de la Casa, un poblado de 2.500 habitantes con una situación de aislamiento que se refleja en su población pero no en su encanto.
Los autóctonos de Pas hay que buscarlos con lupa. Se mezclan por un lado con los turistas de deportes de nieve, principal fuente de ingresos, y los buscadores de trabajo en temporada de invierno, que hace que el país de llene de argentinos que de autostop en autostop (muy usual en Andorra) buscan un buen curro para hacer su agosto en navidad.
La nieve es riqueza en Pas. Si no nieva, el pueblo queda desierto, como en verano, cuando se vive de los ingresos del invierno. Con nieve, las montañas enblanquecen y se abren las pistas de esquí y snowboard. Las pistas de Pas están conectadas con las de otros pueblos cercanos por medio de los remontes, lo que hace que, en una buena temporada, haya 193 kilómetros de disponibles en 110 pistas de todos los colores.
Pero Andorra es rico, y los andorranos se aprovechan de su ventaja fiscal de no pagar impuestos para ofrecer precios competitivos que llenen sus arcas. Pero no en todo: el ahorro se nota en tabaco (casi la mitad de económico), gasolina (10 céntimos menos por litro), alcohol (como en los Duty free de los aeropuertos) y en perfumes. Y les debe ir bien porque si no no me explico cómo las perfumerías Gala copan el pueblo pudiendo haber hasta 4 establecimientos iguales en un cruce de calles.
El alto status social se nota en muchas cosas. No ya en los coches caros (hay más coches que personas) o en las casas de lujo: la simple iluminación navideña, tan limpia, blanca y bonita, dan fe de ello (había hasta una grúa de obra decorada).
También me llamó la antención el idioma. Aún no tengo claro si escuché más español, francés o catalán. Y los que hablaban uno bien se dejaban llevar en el otro. La propia disyuntiva aparece incluso en el nombre del pueblo. Pas de la Casa parece una mezcla de francés y español, ¿o estará en catalán?.
Sea como fuere, mereció la pena conocer este lugar y sus gentes, aunque los -12 grados que llegamos a sufrir me hicieron cuestionarme si de verdad había alguien ahí; había que saber bien dónde buscar (sin duda, los bares como el Underground o el Déjà Beer eran buenas recomendaciones).
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Un as en La Manga
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Puede que La Manga del Mar Menor sea el lugar más conocido de Murcia, por la singularidad del estrecho brazo de tierra que origina un gran lago interior separado del gran Mediterráneo. Sin embargo, su encanto natural se ha perdido en pro de la urbanización masiva: hoteles y apartamente se suceden devastándolo todo.
Pero en este Monopoly aún no está todo comprado: a escasa distancia al sur del Mar Menor existe una zona conocida como Calblanque, una extensión de 13 kilómetros de litoral de playas vírgenes (que me recordaron a Doñana o Cabo de Gata) en las que la acción de algunos seres racionales ha impedido que la especulación urbanística haya arrasado con semejante paraíso natural.
Efectivamente, para llegar a Calblanque hay que acceder por una pista de tierra. La única edificación es un centro de interpretación e información: todo lo demás es nada. Sólo un templado y cristalino mar, y multitud de playas, que van de inmensos arenales de un intenso amarillo a diminutas calas de ensueño, flanqueadas por montañas de escasa altura repletas de arbustos aromáticos como la jara, la lavanda o el romero.
Por Calblanque se pueden hacer rutas de senderismo o en bicleta, visitar sus salinas o unas dunas fósiles prehistóricas que hoy están protegidas. Pero lo más recomendable es dejarse atrapar por su aislamiento y tranquilidad. Proteger este lugar es tarea de todos, pues conservar este as es sin duda una jugada maestra.
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¿Hay montañas en Murcia?
domingo, 20 de diciembre de 2009
¿Quién dijo que en Murcia no había montañas? Pues no sé quién lo dijo, pero yo así lo creía. Y muy cerquita de la ciudad: en apenas 7 kilómetros ya se empieza a ascender por una verde ladera. La ruta empieza en el santuario de la Fuensanta, un lugar de devoción para los murcianos desde el que cada septiembre la virgen, patrona de la ciudad, es bajada a la catedral. Como no podía ser menos, sábado por la mañana y boda al canto en la ermita con Murcia al fondo.
Desde allí, una vereda secreta, que solo conocen los buenos murcianos, continua subiendo hasta el techo de la montaña, un mirador conocido como La Gaveta desde el que se obtiene una panorámica magnífica de toda la ciudad. Una imagen de la que resalta una mancha blanca central, correspodiente a lo urbanizado, y un anillo verde que la rodea, de las huertas que aún perduran en Murcia.
Nuestra ruta continúa, ya sin ascender demasiado, rodeados de pinos que estaban siendo talados para evitar mayores riesgos de incendio en el futuro. Hasta llegar a uno de los lugares más populares en Murcia, la cresta del Gallo, una serie de grandes peñascos (no hace falta decir qué forma tienen) rodeados de vegetación que son el auténtico pulmón de aire fresco que mitiga un poco el sofocante calor de la ciudad. Es un lugar ideal para sentirse en el campo, foco de salidas de grupos scouts y montañeros, pero sobre todo de escaladores que aprovechan sus empinadas paredes para practicar este deporte. Verlos trepar en vertical es una delicia.Las vistas desde la cresta son espectaculares. A un lado Murcia y sus huertas, y al otro el mar, el gran Mediterráneo y el menor de La Manga. Es lo que tienen las montañas, que sí, efectivamente, existen en Murcia.
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Murcia, hermosa, ¿qué eres?
jueves, 17 de diciembre de 2009
Nunca había estado en Murcia y mi conocimiento sobre ella se limitaba a ese programa que cada 9 de junio (día de la comunidad) echaban por la noche en La Primera, con un lema que los murcianos han cogido un poco de tirria. Porque aquel programa de propaganda política no ha ayudado en nada para dar a conocer a una ciudad que, sin hacer ruido, es la séptima en población de toda España con nada menos que 430.000 habitantes. Murcia, hermosa, ¿qué eres?
Murcia se relaciona siempre con la huerta: hace años todos los murcianos tenían una casa con un huerto que les suministraba los productos más básicos ayudados por el benigno clima de la región; pero la expansión urbanística rompió tendencia y los murcianos vendieron sus tierras para que se construyeran los nuevos barrios. Por eso hoy se ven pocas huertas, y las que hay las encontramos en la periferia.
La venta de tierras dio dinero a los murcianos, la ciudad duplicó su población en 50 años, y hoy, según nos cuenta Juanchope, el estatus de vida mejoró y se nota en los hábitos de la gente, como en su forma de vestir o en el hecho de que algunos procuran perder el característico acento murciano (de boca abierta y con muchas "ees") por uno más formal.
Por lo demás, en Murcia se vive muy bien. El clima es espectacularmente cálido aunque bochornoso en verano; por eso, en diciembre, y a 20 grados, la gente va por la calle con abrigos (algún día habría que ponérselos). La ciudad está llena de bares y es típico el salir de tapas; de hecho, dimos buena cuenta de productos típicos como el zarangollo, los michirones, la ensalada murciana o el pastel de carne (espectacular el de sesos). Y por la noche, se nota buen ambiente por las calles.
El día que visitamos Murcia era día de fiesta, y la gente se agolpaba por las calles peatonales del centro. Por el cruce de las calles Platería y Trapería o en la Plaza de la Catedral, los murcianos disfrutaban de los edificios como el Casino o el Palacio Almodóvar; aunque lo que más nos llamó la antención es que todos los niños hermanos, aunque fueran de edades diferentes, iban vestidos iguales.
Por cierto, siempre se dijo que Murcia era una región seca. Es cierto, llueve poco, y el Segura recorre con poco caudal y un color verdáceo bajo varios puentes (uno, el típico de Calatrava) al sur de la ciudad. Del ayuntamiento y de varios puntos de la ciudad cuelgan pancartas reivindicando el "agua para todos", pero ese es un polémico tema de difícil solución.
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Pon un Juanchope en tu vida
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Qué difícil es resumir el encuentro de Murcia... tan corto pero tan intenso. Empecemos por sus participantes, siendo protagonista indiscutible el gran anfitrión Juanchope, cuya bondad nos tiene ganada el cariño inmenso de todos... y por ser integrante del buen dúo Los caños; la cumpleañera Almu, que no duda en tratar de que su tos nos deje dormir curándola con chupitos de licor de crema; el inquieto Curro, estrenando California yendo a por el turrón; la reflexiva Meriangels, que busca El secreto de orientarse un poco mejor; el cuentacuentos Agus, feliz de poder por fin haber terminado una historia de miedo; la nutricionista Gema, tan contenta de ver el lema "Agua para todos" por doquier; y el lector Felirrintxi, que a falta de Audi se entretiene con las citas del libro rutero "Qué soñaste". Aunque, aún ausente, hay que citar al gran fichaje Mariana, cuya casa invadimos y que no puede faltar a la próxima quedada.
Ha sido un encuentro con cabida para la reflexión. A sabiendas de que el reto de vivir es el reto de elegir, hemos llegado a profundas conclusiones sobre el "¿Porqué no tengo pareja?". Pero no hablamos de ligar con furcias que fumándose un par de pitis nos digan vamos a follar por la calle; los achos pijos, para conquistar zagalas, tienen que empezar comprándose un perro, un capricho de Braco de Weimar a ser posible; o meterse a pintor de cuadros, o dejar medio armario vacío esperando a que venga tu media naranja. Todo sea por arrimar el caño...
Pero también tuvo cabida el entretenimiento. Tras un copioso desayuno con macedonias, tostadas de tomate y dulces varios, tuvimos ruta de senderismo por la sierra periférica de la ciudad. Visita a la virgen de la Fuensanta con boda incluida (algún pico de más) y subida a un precioso mirador de la ciudad y la Cresta del Gallo, un lugar ideal para practicar la escalada. Por la tarde, talleres varios: aprendimos cómo saber si eres zurdo o diestro de ojo; y a fabricar unas complejas estrellas de papiroflexia... con papel de servilleta. Y por la noche, tapitas por Murcia probando lo mejor de la huerta: zarangoyo, berenjenas fritas, ensalada murciana, habitas y sangre frita; y salidita nocturna por Murcia la nuit para bailar y adivinar las canciones que sonaban.
Al día siguiente tocaba baño. Tras comer la tarta que regalamos a Almu, nos fuimos al parque regional de Calblanque, donde entre montañas verdes llenas de arbustos aromáticos encontramos la calita que sería la base para el baño ritual. Arena amarilla y agua cristalina para disfrutar del calor murciano un 6 de diciembre. Comida y juego de orientación para que Almu encontrase sus regalos de cumpleaños. Y luego visita Portman para disfrutar de los colores de un atardecer en la bahía. De noche nos separamos con tristeza, ya que la mitad del grupo tenía que marchar. Los que nos quedamos pudimos conocer a la familia de Juanchope, tan buena como él. Y al dia siguiente nos dedicamos a visitar Murcia y sus monumentos, aunque por llegar apurados de tiempo siempre nos terminaban echando de todos ellos. Unas tapas por el centro, que en ausencia de Gema era fritanga y sesos altos en colesterol, un campeonato de lanzamiento de huesos de aceituna y el tiempo justo para recoger e irnos con una gran sensación de felicidad.
Glacias Juanchope por ponernos en tu vida.
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Gato encerrado
lunes, 30 de noviembre de 2009
Aquí hay gato encerrado: más de un año viviendo entre madrileños y aún no digo "ejque" ni "Rijquetos"... ¿pero no hablaban todos así?. No es casualidad que, a mí que se me pega todo, hable más gallego que madrileño. Los madrileños de mi entorno carecen de ese característico deje que los foráneos adoptamos con mofa como genérico. Pero, en verdad, esa "j" tan sonora no se oye mucho en Madrid. Sólo en algunos barrios del sur, porque el ejqueísmo, para quien no lo sepa, es más propio de Albacete.
No ocurre lo mismo con el "lalala" de Massiel: el laísmo y el leísmo sí están más extendidos, pero como quiera que creo que la RAE los acepta no me queda más remedio que procurar que no se me peguen.
Los tópicos, que malos son. Otra idea preconcebida que tenía de los madrileños es que eran unos chulos. Su forma de hablar puede denotarlo un poco, pero lo imagen que tengo, del pequeño espectro que conozco (para mí suficientemente representativo), es totalmente contraria. Desde que llegamos los madrileños nos han recibido con los brazos abiertos. Me ha sorprendido que desde el principio nos han acogido en sus vidas, quizás acostumbrado a mi querida Sevilla donde los grupos son más cerrados y cuesta hacerse un hueco. Supongo que tendrá que ver con lo que es Madrid: una ciudad cosmopolita y multicultural donde todo el mundo tiene cabida.
Son abiertos pero también independientes, un reflejo de lo que es la ciudad. Porque es cierto que la gente en la calle siempre va con prisas: el nivel de estrés es muy alto, pero yo también procuraría tardar lo menos posible en llegar a mi trabajo si me quita 3 horas de vida al día. Pero también son muy amables: cualquier viandante te explica lo mejor que puede cómo encontrar esa calle de la que estás perdido.
Madrid, una ciudad llena de gente, con muchos madrileños pero con pocos gatos... Va en serio; los gatos en Madrid son una especie en extinción, pues aquí un "gato" es alguien cuyos dos padres y cuatro abuelos nacieron en Madrid. Un mote que la leyenda remonta a la conquista de la ciudad por Alfonso VI, cuando uno de sus soldados logró franquear la elevada muralla árabe subiendo por la pared "como un ágil gato". Hoy, no conozco a ningún gato y sólo Elenita me contó que conoció a una compañera de clase que era un "gato", un extraño caso. ¿Dónde están los demás? Encerrados, supongo.
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De Madrid al cielo
lunes, 16 de noviembre de 2009
Esta es buena. Una excursión por Madrid, bocadillo en mano, por el eje viario más importante de la ciudad, la gran avenida que forman los paseos de El Prado, Recoletos y la Castellana. Un recorrido de 8 kilómetros, antiguo cauce de un arroyo llamado Fuente Catellana, que diametriza la M-30 y que acoge en su ribera los principales edificios y museos de la ciudad.
El paseo del Prado empieza en la glorieta de Atocha, que en verdad se llama de Carlos V. Empezamos bajo tierra, en la estación
de trenes, que acoge el monumento a
las víctimas del 11-M, mucho más impresionante en su azulada sala interior que en su horrenda chimenea de cristal externa. Alrededor de la plaza se levantan también el Ministerio de Agricultura y el Museo Reina Sofía de arte contemporáneo.El paseo dirección norte nos lleva por un bulevar lleno de árboles, los del "No a la tala" de Tita Cervera. A la izquierda la sala de exposiciones Caixa Forum, que se sostiene milagrosamente en el aire, junto con el impresionante jardín vertical. Miramos derecha donde sabemos que se encuentran el Jardín Botánico y la pinacoteca más famosa, el Museo del Prado. Pasamos junto al Ministerio de Sanidad y Consumo y enseguida llegamos a la siguiente plaza.
Es la Plaza de Neptuno, donde el Atleti muy de vez en cuando celebra algo, rodeado de dos de los hoteles más lujosos, el Ritz y el Palace. Más adelante llegamos a la Plaza de la Lealtad, que recuerda a los caídos el 8 de mayo, donde también se encuentra la Bolsa de Madrid. Más museos en este tramo: el Thyssen (el de Tita) y el Naval, para acabar el Paseo del Prado en la siguiente plaza.
Es Cibeles, cita obligada en los triunfos del Madrid. La diosa está rodeada de edificios tan importantes como el Cuartel General del Ejército, Correos (que será el próximo ayuntamiento de Madrid), la Casa América y el Banco de España, y es el cruce de camino con la otra calle más larga de Madrid, la de Alcalá.
En seguida empieza el Paseo de Recoletos, que pasando por la Biblioteca Nacional y la sala de exposiciones Fundación Mapfre termina en la siguiente plaza, la de Colón, donde se halla la bandera de España más grande del mundo. Allí se encuentra el soterrado teatro Fernán Gómez, unos pedruscos dedicados al descubrimiento, y rodeando, el Museo de Cera y el primer gran edificio alto: las Torres de Colón. A partir de ahora empieza la castellana y vamos a tener que mirar para arriba.
Entramos en la zona financiera de Madrid. Se suceden bancos y rascacielos como el de Mutua Madrileña. Debajo de un puente hay una exposición permanente al aire libre de esculturas contemporáneas. Pasamos la Plaza de Emilio Castelar y la de Gregorio Marañón para encontrarnos con el Museo de Ciencias Naturales y el cubículo que está dedicado a la constitución de 1978.
La tortícolis empieza después de pasar los edificios de Nuevos Ministerios. Llega AZCA, el complejo de negocios más importante de la ciudad con sus impresionante rascacielos: el edificio BBVA, la Torre Picaso que con sus 157 metros de altura fue hasta hace poco la mayor altura de todo Madrid, y la Torre Europa. Era en esta zona donde existía un famoso Windsor que acabó calcinado.
El dolor de cuello se relaja para mirar a la derecha y llegar al Santiago Bernabeu, el campo del Madrid. Seguimos y pasamos el INE (que será desde nos llaman para hacer esas "interesantes" encuestas telefónicas) y llegamos a la Plaza de Cuzco, donde se empieza a divisar el final de nuestro camino.
Unos metros más adelante llegamos a la Plaza Castilla, casi ya a las afueras, famosa por sus inclinadas Torres Kio que hasta hace poco eran el símbolo de la salida de la ciudad. Hoy está eclipsada por un obelisco dorado aún en construcción, invención de Calatrava que cuando esté operativo hara girar sus 92 metros sin descanso. Y más adelante, como colosal final del paseo, las 4 torres del business area, los edificios más altos de todo el país.
Tres horas de paseo para conocer la zona más espectacular de toda la ciudad. Un recorrido muy recomendable de hacer a pie; aunque, la vuelta, por supuesto, la hice en metro.
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La construcción de un sueño
domingo, 8 de noviembre de 2009
Hace unos años Aquarius nos sorprendió con un emotivo anuncio en el que nos contaba el afán de superación de un hombre que, con sus propias manos, estaba construyendo una catedral. Ese hombre existe, y su catedral también. Y, para mi sorpresa, muy cerca de mi casa, en el pueblo de Mejorada del campo.
El sujeto se llama Justo Gallego, un mejoreño al que la vida no le dio la oportunidad de cumplir con su vocación de ser religioso. Expulsado del monasterio debido a la tuberculosis que padecía, emprendió un camino de locura al proponerse construir, en unos terrenos propiedad de su familia, una Catedral. Justo cambió el reto que no le dejaron seguir por otro que nadie podía negárselo. El mérito de Justo es, con 80 años, llevar más de media vida levantando un gran edificio sin tener ni idea de arquitectura, sin medios materiales y sin ayuda: todo por su cuenta.
Con estas referencias, la Catedral de Justo, que es como se conoce popularmente, deja boquiabierto a todo el que la visita. Dadas las condiciones, el proyecto es espectacular. Al estar inconclusa, se observan perfectamente los procesos constructivos. Las torres están ladeadas, no se sigue ningún patrón, todo es rudimentario... eso sí, la base tiene tanto cemento que la catedral no se cae ni tirándola. Los materiales que utiliza son reciclados, los coge de donde puede o se los dan... un collage inmenso.Y lo mejor es que parece una Catedral. Tiene su altar, su cripta, su cúpula, su patio, su rosetón, su pórtico y escalinatas... perderse por ella es descubrir en cada esquina algo nuevo y sorprendente. Tiene estatuas con bustos reutilizados, frescos pintados por un amigo suyo y vidrieras hechas pegando pequeños cristalitos uno junto a otro. A su vez, no sigue ningún estilo arquitectónico en concreto pero recuerda a todos a la vez: gótico, modernista, renacentista...
¿Y cómo ha podido Justo financiar tal proyecto? Fundamentalmente, de donaciones particulares (él mismo dispone una gran caja a la entrada de la catedral para el que quiera colaborar). Pero sobre todo fue Aquarius y su anuncio el que le dio la fama; de hecho, desde entonces Justo siempre lleva mientras trabaja en gorrito rojo con el que apareció, pues a la gente le gustaba. Se ha vendido un poco al marketing pero se ha asegurado cumplir su sueño. Porque él sigue currando; se le puede ver de lunes a viernes hasta las 6 de la tarde, y los sábados hasta mediodía. Es curioso verlo trabajar; pero si él no está cuando lo visites, seguro que está su cuñado, un personaje casi aún más peculiar que Justo. Pero no le quitemos protagonismo... aquí dejo el anuncio para recordarlo.
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El Mesías de Alcalá
martes, 3 de noviembre de 2009
Menuda sorpresa me llevé en Alcalá de Henares al descubrir que la ciudad no es sólo patrimonio de la humanidad por su legado histórico sino también por acoger al verdadero mesías de todo el orbe. Un caso único que no alcanzo a entender cómo ha escapado de los micrófonos del caza-frikis Javier Cárdenas.
En pleno centro del pueblo, en la calle paralela a la Mayor, tiene su taller el Toro Bravo. A pesar de lo que pudiera parecer, este lugar nada tiene que ver con corridas y demás. Bueno, aunque algún capotazo (al mundo en general) sí que habrá dado su propietario. Toro Bravo es un pintor, aunque sólo por hobby; él en verdad es el Mesías, un incomprendido salvador de la humanidad que tiene tantos años como desde que el mundo es mundo. Él es dios, la ciencia debería hacerle más caso pues puede curar todo tipo de enfermedades. No creo que viva de vender sus cuadros, así que, como dice que lleva 5 años seguidos acertando el gordo de la Navidad, supongo que algo tendrá ahorrado. Además, al más puro estilo La vida de Bryan, Toro Bravo refleja en sus cuadros su preocupación por los ovnis que invadirán la Tierra, y cómo el hombre, sus hombres, deberían prepararse por explorar nuevos planetas.
Así es Toro Bravo, y sus ideas están recogidas en libros (publicados por Editorial) que también tiene en su taller. Un mundo de irrealidad paralelo, como la calle de su taller, a la real Alcalá de Henarés. Aquí un reportaje de Callejeros para conocerle un poco más:
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¿Recordar o ensalzar?
miércoles, 28 de octubre de 2009
La tan polémica Ley de memoria histórica aprobada por el gobierno en 2007 dividió, como siempre, a los partidos (y por ende a sus adláteres seguidores) entre aquellos que se oponían a la eliminación de estatuas y símbolos de exaltación franquista, y los que aplaudían la iniciativa de borrar para siempre los rastros de una época deshonrosa de nuestro país. La propia ley hace especial mención en uno de sus artículos al Valle de los Caídos, ese lugar de culto mandado construir por Franco 8 kilómetros al norte del Monasterio del Escorial.
Tenía ganas de visitar este monumento para poder hablar de él. El lugar impresiona; no obstante, consta de una cruz latina de 150 metros de altura (visible casi desde Madrid, a 60 kilómetros) cuya base se apoya sobre una gigantesca roca, en cuya interior se ha excavado un templo religioso que, para hacerse una idea de su magnitud, mide 262 metros de largo. La cripta consta de una única nave cuyo interior recuerda al intrépido Robert Langdon buscando símbolos en el Louvre del Código da Vinci.
El sitio es único; el problema es lo que significa. El Valle de los Caídos fue mandado construir por Franco tras su victoria en la Guerra Civil en homenaje a las víctimas del bando nacional. No hace falta ser muy listo para imaginarse quiénes fueron los artífices de abrir un agujero inmenso en una roca para recordar a los vencedores: cuántos presos de guerra no morirían retirando los 200.000 metros cúbicos de piedra necesarios para abrir tan ingente hueco. En la última época, con una dictadura más aperturista, el general decidió que el monumento sería un homenaje para los caídos en ambos frentes de la guerra. Pero lo cierto es que, en mi visita, no vi ni un solo motivo de recuerdo a los republicanos. Al contrario, todo eran vítores a los nacionales. Es más, además de las tumbas de Franco y de Primo de Rivera, ubicadas en el mejor lugar del templo, vi muchas inscripciones alabando a los que lo dieron todo por la patria. De los otros, ni rastro.
La citada Ley propone que el Valle de los Caídos se aleje de la política para convertirse en un simple centro de culto religioso. Yo, después de mi visita, me parece acertado reutilizar tan magna obra de ingeniería. Pero vería más positivo convertirlo en una especie de museo de la Guerra Civil, un lugar de estudio y reflexión donde todos seamos conscientes de lo que pasó y cuatos para que no vuelva a ocurrir. Y desde luego un lugar que sirva para recordar a unos y a otros, pero no para ensalzar a ninguno.
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