Paralela Cibeles

viernes, 19 de febrero de 2010

Ayer descubrí un universo paralelo al que hasta ahora había conocido. Está claro que sólo mi infinita curiosidad podía llevarme a asistir a algo que no me interesaba para nada como era la Pasarela Cibeles que esta semana se celebra en el IFEMA de Madrid. El show de ayer era de dos jóvenes diseñadores que exponían sus colecciones en la pasarela blanca. Me sorprendió todo lo que rodea a este evento: decenas de periodistas, infinitos focos de luz, cámaras... Camuflados un poco entre el público, vimos los dos pases que apenas duraron... ¿10 minutos? Desde luego me esperaba algo más longevo...

La verdad es que me gustaría que alguien me explicase para qué sirven este tipo de eventos. Porque lo que vimos ayer me pareció realmente vergonzoso. La primera sesión parecía el desfile de la cabalgata del Carnaval de Cádiz: los modelos portaban "disfraces" (o "estilismos", como los llaman los entendidos) que parecían de conejito o de dinosaurio, incluso uno llevaba cosida una churra al pantalón; en el segundo, unas avatares de la moda (por su famélica figura y por su espigada forma de andar) llevaban una especie de funda de ropa transparente y unas faldas tipo hawaiiana que parecían una bolsa de Carrefour recortada en tiras.

Realmente, no le veo el sentido. Porque nadie va a salir a la calle ni a ir a ninguna fiesta (bueno, excepto al Carnaval, supongo) con trajes que te tapan la cara, que son incómodos de llevar, con los que no se puede ni andar, con sombreros a lo pelo de Marge Simpson... ¿Y esto crea tendencia? Porque qué horror a lo que tendemos. Parece que lo que se busca en la moda es el ser original, el inventar algo que nadie ha hecho antes (tipo el arte moderno).... parece que volvemos al "todo vale".

Pero lo que más me llamó la antención es el ambiente que rodea a la moda. Ahí sí que me quedaba en fuera de juego. El público que acude a estos eventos, evidentemente interesado en marcar tendencia, es gente que hace de su imagen un patrón de vida. Preocupados por llevar el pelo más así o más asá, de punta hacia arriba, peinado-despeinado, con combinaciones horterísimas de vestimentas... buscando, nuevamente, el destacar frente a los demás. Un postureo que me recordó mucho a las carreras de caballos. Pero por muy diferente que quieran ser, al final son todos iguales. Todos preocupados su aspecto, todos poniendo poses mientras se hacen fotos, todos embobados viendo a los modelos pasar, comentando en serio los trajes (mientras yo me muero de la risa), ¡incluso tomando notas! (lo que daría por saber qué escribían)... En fin, un universo vacío para lelas y para lelos.

La plaza del pueblo

domingo, 14 de febrero de 2010

Todos los pueblos tienen una plaza (bueno, todos menos Covanera). Y no es un dato irrelevante: la plaza constituye un lugar esencial en la vida de sus ciudadanos. Ya desde antiguo la plaza, otrora llamada ágora o foro, ha sido una constante en todas las civilizaciones, desde los egipcios a los mayas, como el espacio público de encuentro, comercio y discusión.

Hoy en día las plazas siguen cumpliendo esa función. En los pueblos, los viejos se reúnen en la plaza para hablar del tiempo, del fútbol y de a quiénes se han encontrado por el camino. En la plaza se vende, se suele instalar un mercado, y siempre está el bar del pueblo donde echar la partida. En la plaza los niños juegan, las madres gritan a los niños que juegan, los hombres miran a las madres que gritan, y no se sabe muy bien porqué en la plaza siempre suele aparecer el tonto del pueblo haciendo de las suyas.

Será porque en Covanera no hay, pero me suelo fijar mucho en las plazas de los pueblos. Las hay grandes, pequeñas, cuadradas o redondas, porticadas, cerradas o abiertas... pero siempre suelen ser especiales. Hoy no hablaré de las plazas más conocidas de España (la Mayor de Madrid, la de Salamanca), sino de algunas excepcionales de pequeños municipios en los alrededores de Madrid. Seguro que pronto la lista se amplía.

Plaza Mayor de Chinchón, Madrid.
El pueblo de la bebida favorita de las borrachas de Aquí no hay quien viva destaca por su enorme plaza porticada, de geometría totalmente irregular. Casi cerrada en su totalidad por casas de 3 pisos, con paredes blancas y balcones de madera en verde, la plaza ha tenido usos de lo más diversos en la historia: corral de comedias, proclamaciones, ejecuciones públicas, corridas de toros... todo ello con la presencia coronaria de la Iglesia de la Asunción desde lo alto. Un lugar perfecto para zamparse una buena comida o comprar productos típicos, pero no busques heladería porque no la hay.

Plaza Mayor de Riaza, Segovia.
El pequeño pueblo de Riaza tiene una plaza circular, donde por supuesto en las fiestas se celebran las corridas de toros. La plaza no es cerrada, pero todas las casas que la rodean tienen unas característicos soportales, en cuyo techo, como curiosidad, se ven algunos agujeros a través de los cuales los vecinos espiaban quién estaba llamando a su puerta. La plaza es un sitio ideal para tomar algo calentito después de haber esquiado en la cercana estación de La Pinilla, pero eso sí, hay que saber que en el bar te dan colacao pero sólo frío. ¿?


Plaza Mayor de Ocaña, Toledo.
Impresionante espacio casi cuadrado, totalmente cerrado al que se accede por callejones atunelados. Su amplitud y simetría asombran: dos lados con 17 arcos en piedra de medio punto, los otros dos con 18, formando unos soportales llenos de comercios. Casas de 3 pisos perfectamente iguales y el ayuntamiento la jalonan. Su similitud con la Plaza Mayor de Madrid es evidente, aunque esta fuera construida un siglo después.

Un día en Alcalá

miércoles, 10 de febrero de 2010

Si alguien viniera de visita a Madrid, le ofrecería un plan de día completo en Alcalá de Henares, la ciudad patrimonio de la humanidad que apenas dista 20 minutos de la capital. Un lugar de cultura, turismo y vida, en el que las 24 horas se pueden quedar cortas.

Se deja el coche en el aparcamiento ubicado en el interior del recinto amurallado, donde cada año, por el puente de los difuntos, se representa la obra de Don Juan Tenorio. Desde allí, en pleno centro, ya destaca la Catedral de los Santos Justo y Pastor con su esbelta torre. De la misma plaza surge la calle Mayor, la calle soportalada más larga de España donde se ubica la casa natal del más ilustre alcalaíno, Miguel de Cervantes, convertida en un museo.

Es la hora de comer, y nos encontramos en el mejor lugar posible. La calle Mayor es famosa por sus terracitas, donde, al igual que en Granada, la tapa se sirve gratis junto con la bebida. Al final de la calle nos encontramos con la inmensa Plaza de Cervantes, lugar espacioso y tranquilo que aloja al Ayuntamiento de la ciudad.

En la misma plaza tenemos la posibilidad de subir a la Torre de Santa María, desde cuya cumbre se obtiene una panorámica de la ciudad y de sus innumerables torres, tantas que uno se pierde a la hora de distinguir ya los que es un convento de un colegio u otra cosa.

Queda lo mejor de la visita. Alcalá es famosa por su Universidad, originalmente la "complutense" (nombre romano de Alcalá) y muy importante por ser la primera fundada en España, por el Cardenal Cisneros. De hecho, el ambiente universitario se nota en sus calles, llenas de jóvenes que por estas fechas sólo hablan de los exámenes parciales. Impresionan su fachada y los patios interiores. Justo al lado de la plaza de la universidad hay un convento donde las monjas venden las típicas almendras garrapiñadas de Alcalá. Por supuesto que no lo pude resistir.

Si aún nos quedan fuerzas, se puede uno perder por las calles alcalaínas donde encontrará palacios, escudos, conventos y más conventos, colegios y facultades, e incluso algún ser extraño como el Torito Bravo.

Por la noche, un buen plan es ir al Corral de Comedias, en la misma plaza de Cervantes, uno de los teatros más antiguos de España donde aún, cada fin de semana, se celebran representaciones. Aunque no menos bueno es irse de bares y pubs, llenos de universitarios, que aguantan hasta las tantas. Y no digo cómo me enteré de esto.

La catedral a su gusto

sábado, 6 de febrero de 2010

Al norte de Gran Canaria, tras una sinuosa carretera que recorre un valle, se alza de repente, ante los atónitos ojos de cualquier lince, una estructura de color grisácea que contrasta en tamaño y color con las pequeñas casas blancas características de las islas. Al aproximarnos más, descubrimos que la construcción es en verdad una catedral, inmensa y recargada, que poco pega en el paisaje que la circunda. Una razón más para acercarnos a conocerla.

Estamos en Arucas, una población isleña pequeña, más conocida por ser la catedral del Ron de caña Arehucas. Pero no era la fábrica la que estábamos viendo. La Catedral de Arucas destaca primero por su color, grisáceo tirando a negro, dado que para su construcción se ha usado roca volcánica tan presente en Canarias. Por otro lado, es muy grande para un poblado tan chico. Pero lo más sorprendente es su estilo arquitectónico, con rosetones, agujas recargadas de 60 metros de alto y estirados ventanales. Un edificio gótico en toda regla que se empezó a construir... en el año 1909.

Por ello se define como neogótica, pero no importa, si Arucas quería una catedral, están en su derecho de construirla como quieran. Es más, en verdad la catedral no es tal; se llama Iglesia de San Juan Bautista, pero a los aruquenses les gusta presumir de su "Catedral de Arucas". Un edificio a su gusto y, desde luego, con gusto.

¡Qué planazo!

martes, 2 de febrero de 2010

Irte con tus compis de promo a las Canarias y sin saber que justo coincidía con el inicio de los Carnavales es un superplan. Pero volverte y pasártelo de lujo sin ni siquiera haber pisado el mogollón de las fiestas es auténticamente un planazo.

Por los que fuimos, Isra el sultán, Jaime obsesionado con estar siempre cerca de un sanitario, Mónica la chatunga que aguantó estoicamente rodeada de hombres, Jonay el rey del asaderito, y un Lince al que le cambia la cara de color de la mañana a la noche. Por los que nos encontramos, Álvar rompecorazones, Juan Carlos asiduo del Hooters y Aurelio el Ironman. Y por todas las personas que conocimos y que, sin apenas conocernos, nos trataron como en casa. Las literales 48 horas en Gran Canaria han sido espléndidas.

En 48 horas te da tiempo a hacer mucho y dormir poco. Da tiempo a conocer el ambiente nocturno de Las Palmas y a contemplar el amanecer desde una privilegiada terraza en la Playa de las Canteras. A tomar una bandeja de churros tamaño XL y a escuchar blasfemias acerca de ronquidos inventados. A conocer Arucas y a tomar un asaderito canario con una espectacular vista del mar. A asistir a una cena con desconocidos que te invitan y a tomar el riquísimo ron Arehucas canario para hacer cierto el himno "Borracho hasta el amanecer".

También se puede comer hamburguesas al más puro estilo americano y bailar el pollo rodeado de pivones. Ir a la Playa del inglés para pegarse un bañito en enero y pasear por las desérticas dunas de Maspalomas. Ir a conocer la torre y el centro de control de Canarias y disfrutar de la felicidad de los conocidos que el día anterior eran desconocidos. Y dar un paseo nocturno por el paseo marítimo de Las Palmas y acabar cenando rica comida canaria en una terraza junto al mar.

Un fin de semana reconfortante en todos los sentidos. Un planazo que habrá que repetir. Lo mismo la próxima hasta vamos al Carnaval.

Si las bicicletas hablaran

viernes, 29 de enero de 2010

Si las bicis hablaran, se sorprenderían de cómo una ciudad como Madrid, a la cabeza en vanguardia para muchas cosas, las tiene completamente olvidadas en su red de comunicaciones; las bicis se quejarían de tener que ir por unas aceras estrechas, esquivando peatones, por el miedo a circular por unas calzadas repletas de coches en su doble vertiente: parados en un atasco o a velocidad endiablada; y llorarían por la incomprensión de conductores que les pitan, les aparcan en doble fila o les abren la puerta del coche sin mirar si viene alguna.

Justo ayer recorrí los 12 kilómetros que separan mi casa de la Puerta del Sol, un recorrido en exclusividad por la calle Alcalá (la más larga de la ciudad) que se tradujo en una terrorífica experiencia de riesgo: ni por la acera ni por la calzada, soportando pitidos, Alonsitos, atascos, taxistas... el ciclista no cuenta nada en Madrid. Realmente, acudía a un evento que pretende conseguir lo contrario: todos los jueves finales de cada mes, a las 8 de la tarde, se reunen de manera no oficial en la Plaza de Cibeles todos aquellos ciclistas que lo deseen para dar un paseo conjunto por Madrid. Es la conocida como Bici crítica.

Al llegar a Cibeles me sorprendí de la gran masa de ciclos presentes: podría haber más de mil personas congregadas. Y enseguida empezó el recorrido, un itinerario de unos 10 kilómetros que cada mes varía según van decidiendo los que van en cabeza, los veteranos de este movimiento que ha cumplido ya 5 años de vida. El ambiente es festivo, y el pelotón ocupa toda la calzada por lo que impide el paso de coches. Así, hicimos un tranquilo paseo, ya sin miedo a ser atropellados por nadie, de casi dos horas de duración por las principales calles del centro, pasando junto a la Puerta de Alcalá, las torres de Colón, el Palacio Real, la Puerta de Toledo, Atocha y de nuevo Cibeles.

La concentración carece de normas, aunque se suele respetar a los peatones que tienen que cruzar la calle. No así a los vehículos motorizados: en los cruces, algunos ciclistas taponan a los vehículos para que no pasen y la bici crítica permanezca compacta. En el gran pelotón se ve de todo: monociclos, bicis antiguas de estas altísimas, tandems, gente en patines o monopatín, incluso un ciclista con un remolque que va llevando un hilo musical un poco esperpéntico pero bastante animado. Es muy curioso observar las reacciones de la gente al ver una concentración de bicis por las calles de Madrid ocupando tanto espacio: los incrédulos, los que se enfadan, y los que están encantados, como la señora mayor que, loca de contenta, se acercó para darme las gracias por esa gran idea de salir todos en bici, algo que ella ya no podía hacer.

¿Necesita Madrid una red de carriles bici? Es más, ¿sería factible? Es cierto que las distancias en la capital son tan enormísimas que el coche se hace imprescindible para los desplazamientos. Pero Madrid debe estar a la altura de las grandes ciudades europeas, que están apostando por integrar las bicicletas en el trazado urbano como un complemento a la red de transportes. El transporte público en Madrid es la envidia de muchas ciudades (el metro, quizás el mejor del mundo), pero debería dar más importancia a este medio tan ecológico. Muchos dicen que no hay hueco, pero también se decía de Sevilla y se ha conseguido. Las bicis ya han hablado, ahora le toca el turno a los políticos.

Clase de arte

domingo, 24 de enero de 2010

Tenía ciertos reparos a la hora de ir a conocer el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, ya fuera por lo repipi del nombre o por todas las implicaciones de lujo y fama que rodean a la familia de Tita Cervera. Pero la verdad es que, dejando al margen el lado rosa, me alegro mucho de haberme comido mis prejuicios porque la visita es, sencillamente, imprescindible.

Esta acaudalada familia ha apostado por invertir su fortuna en el coleccionismo de obras de arte, que ahora queda expuesto a pocos metros del Museo del Prado. Pero, a diferencia de este, el Thyssen está organizado de una manera cronológica, es decir, esta familia tiene tantísimo dinero que ha sido capaz de recopilar cuadros que van desde la pintura medieval del siglo XIV hasta los más modernos del Por Art del siglo pasado, pasando por todos los estilos y escuelas de la historia.

Así, ir al Thyssen es como acudir a una clase práctica de Historia del Arte. Con la audioguía al oido me fui enterando de toda la evolución del arte, claramente ejemplificada en la colección. Del teocentrismo al humanismo, de la pintura burguesa a la popular, del policromismo al tenebrismo, de Tintoretto a Van Gogh, del rococó al cubismo, de los patrones al individualismo... los progresos de las técnicas artísticas resumidas en 3 plantas. En ninguna clase teórica aprendí tanto como en este museo.

Además, por esta época el Thyssen (conjuntamente con la Fundación Caja Madrid) acoge la exposición temporal Las lágrimas de Eros, que nuevamente está organizada de una manera que considero muy acertada: se elige un tema genérico, en esta ocasión la relación del amor y la muerte en el arte, y se exponen obras de épocas y estilos diferentes sobre ese tema. Es muy ilustrativo porque da a entender de qué variada forma se puede expresar lo mismo, y se observa también la evolución del arte. No sé muy bien qué pinta el vídeo de Beckham echándose una siesta, pero todo lo demás de la exposición me pareció realmente interesante.

Todo vale

miércoles, 20 de enero de 2010

¿Qué es el arte? Creo que siempre me hago esta pregunta cuando visito alguna exposición de arte moderno; pero si ni científicos ni historiadores han logrado dar con una definición apropiada, no seré yo quién pierda mi tiempo hallando la cuadratura del círculo; en cambio, prefiero planterame esta otra: ¿vale todo en el arte?

El Museo Reina Sofía de Madrid es el centro de arte moderno más importante del país. Salvo algunas salas de la exposición permanente que supe valorar, como las cubistas con el Guernica de Picasso destacando, las surrealistas de Dalí y alguna de fotos de la guerra civil española, el resto me decepcionó. Y puede que quede como el típico cateto que no entiende el arte; pues vale, no sabré entenderlo, pero al menos sí puedo decir que no me gustó.

Parece que hoy en día para ser artista hay que ser original, pero yo creo que no debería valer todo. No entiendo porqué un señor que pinta un cuadro de blanco y le pone una rallita negra vertical minúscula en la parte central alta tirando un poco a la izquierda se merece estar en un museo; o el que dispone una pared con varios focos fluorescentes como los de las cocinas puestos en vertical en número ascendente; o el que hace un tablero de ajedrez en el suelo (que por cierto pisé sin querer). Tampoco es todo malo: hay obras excepcionales, originales y muy bonitas... pero hay otras que parece que el artista se está riendo del público (de hecho, se han hecho experimentos con obras de arte falsas expuestas en museos para ver las reacciones de la gente).

Si todo vale, todos somos artistas, todos expresamos cosas a diario, en nuestros quehaceres, en nuestros hobbies, en nuestros trabajos, luego todos nos mereceríamos estar en un museo. ¡Qué guay!

No quiero quitar méritos a los artistas modernos, que los hay y buenos, pero creo que alguno está aprovechando la indefinición del arte para colarnos más de un golito. ¿Todo vale? Mal que me pese, parece que sí.

La lluvia en Sevilla

domingo, 17 de enero de 2010

Después de un mes seguido sin parar de llover (los andaluces no exageramos, son los demás los que se quedan cortos), ¿a quién le sigue pareciendo que en Sevilla la lluvia es una maravilla?

Se quejan los conductores, porque los atascos se multiplican (aún más si cabe); y los del metro, porque han salido goteras; se quejan los ciclistas, porque no pueden usar las bicis; y los viandantes, que se mojan la ropa con los enormes charcos que se forman cada vez que llueve (¿por qué nunca drenan bien los sumideros?); se queja el peluquero porque la gente pasa de arreglarse el pelo; y el de la tienda porque nadie sale a comprar; los turistas, porque la ciudad está fea; y los de Lipasam porque no paran de limpiar.

Lo cierto es que pasarme toda la Navidad en casa y que no haya parado de llover es un trastorno incómodo, ya que apetecía más reguardarse en casita que salir a tomar algo. Pero a mí, en verdad, la lluvia en Sevilla me maravilla. Será por lo poco acostumbrados que estamos, pero me quedo embobado viendo las gotas caer tras la ventana. Y, cuando llueve, el aire se limpia, los humos se esfuman, y cuando por fin escampa y sale el sol, la luz que alumbra la ciudad le confiere un color especial.

Eso sí, a ver si sale el sol ya, que Sevilla parece Vigo. Que por tener, dicen, han tenido este año hasta nieve. Nuevamente, son los demás los que se quedan cortos.

Tatatito, Tati, Tati

lunes, 4 de enero de 2010

Irse a esquiar un fin de semana es todo un reto, pero se puede convertir en un viaje mucho más divertido si te equivocas de hotel y lo reservas a 170 kms de distancia de donde hubieras debido; la cosa se complica si encima Pas de la Casa es el último pueblo de Andorra, todavía más lejos. Pero no pasa nada, ya que estábamos, Ricardo el snowboarder y yo el esquiador principiante nos lanzamos a la aventura de conocer Andorra en un viaje exprés.

Muy ilusionado por esquiar en una estación nueva, aunque tuviera que volver al hotel a por la documentación ya que no se pueden alquilar esquíes sin dejar el DNI. El fin de semana pilló con poca nieve, pero nunca imaginé que hubiera tan poca que sólo estuvieran abiertas pistas rojas y negras (las más difíciles), yo que por lo máximo que me había tirado era por una azul... Así que tocaba armarse de valor para bajar por esas empinadas cuestas... y levantarse de las innumerables caídas. Remonte arriba (sin dar bastonazos a la señora de al lado, claro), y poco a poco cogiendo confianza y controlando más los esquíes. Y si alguna vez me perdía de Ricardo... bastaba con dar un toque al móvil para quedar en el lugar convenido (si no te olvidas el móvil en el baño del hotel, claro).

Al acabar la jornada de esquí, toca guardar el equipamiento en las taquillas del hotel (sin cerrar el candado en la taquilla del de al lado, claro). Duchita (sin mojar la toalla con el grifo, claro), siestecita sin moverse mucho para evitar los muchos lugares doloridos y vueltecita por el pueblo siguiendo las recomendaciones la recepcionista (ligando con ella sin la boca llena de chocolate, claro). Tras poner el correspondiente ticket de zona azul al coche (sin olvidarse la llave en la habitación, claro), conocimos trabajando bien en equipo la ambientada noche pasdelacasiense, especialmente el Déja Beer del que nos hicimos clientes habituales.

Un viaje con muchas anédoctas y en el que todo salió a pedir de boca... hasta el tiempo nos acompañó y aunque el lunes de regreso se cerraron muchas de las carreteras españolas, nuestra vuelta por la A-2 no tuvo mayor dificultad (después de haber comprado las cadenas para el coche, claro).

¿Hay alguien ahí?

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El último pueblo de Andorra, frontera con Francia, y separado del resto del mini país por el puerto con carreteras más álto de todos los Pirineos, el Puerto de Envalira (2.409 metros AMSL). Es Pas de la Casa, un poblado de 2.500 habitantes con una situación de aislamiento que se refleja en su población pero no en su encanto.

Los autóctonos de Pas hay que buscarlos con lupa. Se mezclan por un lado con los turistas de deportes de nieve, principal fuente de ingresos, y los buscadores de trabajo en temporada de invierno, que hace que el país de llene de argentinos que de autostop en autostop (muy usual en Andorra) buscan un buen curro para hacer su agosto en navidad.

La nieve es riqueza en Pas. Si no nieva, el pueblo queda desierto, como en verano, cuando se vive de los ingresos del invierno. Con nieve, las montañas enblanquecen y se abren las pistas de esquí y snowboard. Las pistas de Pas están conectadas con las de otros pueblos cercanos por medio de los remontes, lo que hace que, en una buena temporada, haya 193 kilómetros de disponibles en 110 pistas de todos los colores.

Pero Andorra es rico, y los andorranos se aprovechan de su ventaja fiscal de no pagar impuestos para ofrecer precios competitivos que llenen sus arcas. Pero no en todo: el ahorro se nota en tabaco (casi la mitad de económico), gasolina (10 céntimos menos por litro), alcohol (como en los Duty free de los aeropuertos) y en perfumes. Y les debe ir bien porque si no no me explico cómo las perfumerías Gala copan el pueblo pudiendo haber hasta 4 establecimientos iguales en un cruce de calles.

El alto status social se nota en muchas cosas. No ya en los coches caros (hay más coches que personas) o en las casas de lujo: la simple iluminación navideña, tan limpia, blanca y bonita, dan fe de ello (había hasta una grúa de obra decorada).

También me llamó la antención el idioma. Aún no tengo claro si escuché más español, francés o catalán. Y los que hablaban uno bien se dejaban llevar en el otro. La propia disyuntiva aparece incluso en el nombre del pueblo. Pas de la Casa parece una mezcla de francés y español, ¿o estará en catalán?.

Sea como fuere, mereció la pena conocer este lugar y sus gentes, aunque los -12 grados que llegamos a sufrir me hicieron cuestionarme si de verdad había alguien ahí; había que saber bien dónde buscar (sin duda, los bares como el Underground o el Déjà Beer eran buenas recomendaciones).

Un as en La Manga

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Puede que La Manga del Mar Menor sea el lugar más conocido de Murcia, por la singularidad del estrecho brazo de tierra que origina un gran lago interior separado del gran Mediterráneo. Sin embargo, su encanto natural se ha perdido en pro de la urbanización masiva: hoteles y apartamente se suceden devastándolo todo.

Pero en este Monopoly aún no está todo comprado: a escasa distancia al sur del Mar Menor existe una zona conocida como Calblanque, una extensión de 13 kilómetros de litoral de playas vírgenes (que me recordaron a Doñana o Cabo de Gata) en las que la acción de algunos seres racionales ha impedido que la especulación urbanística haya arrasado con semejante paraíso natural.

Efectivamente, para llegar a Calblanque hay que acceder por una pista de tierra. La única edificación es un centro de interpretación e información: todo lo demás es nada. Sólo un templado y cristalino mar, y multitud de playas, que van de inmensos arenales de un intenso amarillo a diminutas calas de ensueño, flanqueadas por montañas de escasa altura repletas de arbustos aromáticos como la jara, la lavanda o el romero.

Por Calblanque se pueden hacer rutas de senderismo o en bicleta, visitar sus salinas o unas dunas fósiles prehistóricas que hoy están protegidas. Pero lo más recomendable es dejarse atrapar por su aislamiento y tranquilidad. Proteger este lugar es tarea de todos, pues conservar este as es sin duda una jugada maestra.

¿Hay montañas en Murcia?

domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Quién dijo que en Murcia no había montañas? Pues no sé quién lo dijo, pero yo así lo creía. Y muy cerquita de la ciudad: en apenas 7 kilómetros ya se empieza a ascender por una verde ladera. La ruta empieza en el santuario de la Fuensanta, un lugar de devoción para los murcianos desde el que cada septiembre la virgen, patrona de la ciudad, es bajada a la catedral. Como no podía ser menos, sábado por la mañana y boda al canto en la ermita con Murcia al fondo.

Desde allí, una vereda secreta, que solo conocen los buenos murcianos, continua subiendo hasta el techo de la montaña, un mirador conocido como La Gaveta desde el que se obtiene una panorámica magnífica de toda la ciudad. Una imagen de la que resalta una mancha blanca central, correspodiente a lo urbanizado, y un anillo verde que la rodea, de las huertas que aún perduran en Murcia.

Nuestra ruta continúa, ya sin ascender demasiado, rodeados de pinos que estaban siendo talados para evitar mayores riesgos de incendio en el futuro. Hasta llegar a uno de los lugares más populares en Murcia, la cresta del Gallo, una serie de grandes peñascos (no hace falta decir qué forma tienen) rodeados de vegetación que son el auténtico pulmón de aire fresco que mitiga un poco el sofocante calor de la ciudad. Es un lugar ideal para sentirse en el campo, foco de salidas de grupos scouts y montañeros, pero sobre todo de escaladores que aprovechan sus empinadas paredes para practicar este deporte. Verlos trepar en vertical es una delicia.

Las vistas desde la cresta son espectaculares. A un lado Murcia y sus huertas, y al otro el mar, el gran Mediterráneo y el menor de La Manga. Es lo que tienen las montañas, que sí, efectivamente, existen en Murcia.

Murcia, hermosa, ¿qué eres?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Nunca había estado en Murcia y mi conocimiento sobre ella se limitaba a ese programa que cada 9 de junio (día de la comunidad) echaban por la noche en La Primera, con un lema que los murcianos han cogido un poco de tirria. Porque aquel programa de propaganda política no ha ayudado en nada para dar a conocer a una ciudad que, sin hacer ruido, es la séptima en población de toda España con nada menos que 430.000 habitantes. Murcia, hermosa, ¿qué eres?

Murcia se relaciona siempre con la huerta: hace años todos los murcianos tenían una casa con un huerto que les suministraba los productos más básicos ayudados por el benigno clima de la región; pero la expansión urbanística rompió tendencia y los murcianos vendieron sus tierras para que se construyeran los nuevos barrios. Por eso hoy se ven pocas huertas, y las que hay las encontramos en la periferia.

La venta de tierras dio dinero a los murcianos, la ciudad duplicó su población en 50 años, y hoy, según nos cuenta Juanchope, el estatus de vida mejoró y se nota en los hábitos de la gente, como en su forma de vestir o en el hecho de que algunos procuran perder el característico acento murciano (de boca abierta y con muchas "ees") por uno más formal.

Por lo demás, en Murcia se vive muy bien. El clima es espectacularmente cálido aunque bochornoso en verano; por eso, en diciembre, y a 20 grados, la gente va por la calle con abrigos (algún día habría que ponérselos). La ciudad está llena de bares y es típico el salir de tapas; de hecho, dimos buena cuenta de productos típicos como el zarangollo, los michirones, la ensalada murciana o el pastel de carne (espectacular el de sesos). Y por la noche, se nota buen ambiente por las calles.

El día que visitamos Murcia era día de fiesta, y la gente se agolpaba por las calles peatonales del centro. Por el cruce de las calles Platería y Trapería o en la Plaza de la Catedral, los murcianos disfrutaban de los edificios como el Casino o el Palacio Almodóvar; aunque lo que más nos llamó la antención es que todos los niños hermanos, aunque fueran de edades diferentes, iban vestidos iguales.

Por cierto, siempre se dijo que Murcia era una región seca. Es cierto, llueve poco, y el Segura recorre con poco caudal y un color verdáceo bajo varios puentes (uno, el típico de Calatrava) al sur de la ciudad. Del ayuntamiento y de varios puntos de la ciudad cuelgan pancartas reivindicando el "agua para todos", pero ese es un polémico tema de difícil solución.

Pon un Juanchope en tu vida

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Qué difícil es resumir el encuentro de Murcia... tan corto pero tan intenso. Empecemos por sus participantes, siendo protagonista indiscutible el gran anfitrión Juanchope, cuya bondad nos tiene ganada el cariño inmenso de todos... y por ser integrante del buen dúo Los caños; la cumpleañera Almu, que no duda en tratar de que su tos nos deje dormir curándola con chupitos de licor de crema; el inquieto Curro, estrenando California yendo a por el turrón; la reflexiva Meriangels, que busca El secreto de orientarse un poco mejor; el cuentacuentos Agus, feliz de poder por fin haber terminado una historia de miedo; la nutricionista Gema, tan contenta de ver el lema "Agua para todos" por doquier; y el lector Felirrintxi, que a falta de Audi se entretiene con las citas del libro rutero "Qué soñaste". Aunque, aún ausente, hay que citar al gran fichaje Mariana, cuya casa invadimos y que no puede faltar a la próxima quedada.

Ha sido un encuentro con cabida para la reflexión. A sabiendas de que el reto de vivir es el reto de elegir, hemos llegado a profundas conclusiones sobre el "¿Porqué no tengo pareja?". Pero no hablamos de ligar con furcias que fumándose un par de pitis nos digan vamos a follar por la calle; los achos pijos, para conquistar zagalas, tienen que empezar comprándose un perro, un capricho de Braco de Weimar a ser posible; o meterse a pintor de cuadros, o dejar medio armario vacío esperando a que venga tu media naranja. Todo sea por arrimar el caño...

Pero también tuvo cabida el entretenimiento. Tras un copioso desayuno con macedonias, tostadas de tomate y dulces varios, tuvimos ruta de senderismo por la sierra periférica de la ciudad. Visita a la virgen de la Fuensanta con boda incluida (algún pico de más) y subida a un precioso mirador de la ciudad y la Cresta del Gallo, un lugar ideal para practicar la escalada. Por la tarde, talleres varios: aprendimos cómo saber si eres zurdo o diestro de ojo; y a fabricar unas complejas estrellas de papiroflexia... con papel de servilleta. Y por la noche, tapitas por Murcia probando lo mejor de la huerta: zarangoyo, berenjenas fritas, ensalada murciana, habitas y sangre frita; y salidita nocturna por Murcia la nuit para bailar y adivinar las canciones que sonaban.

Al día siguiente tocaba baño. Tras comer la tarta que regalamos a Almu, nos fuimos al parque regional de Calblanque, donde entre montañas verdes llenas de arbustos aromáticos encontramos la calita que sería la base para el baño ritual. Arena amarilla y agua cristalina para disfrutar del calor murciano un 6 de diciembre. Comida y juego de orientación para que Almu encontrase sus regalos de cumpleaños. Y luego visita Portman para disfrutar de los colores de un atardecer en la bahía. De noche nos separamos con tristeza, ya que la mitad del grupo tenía que marchar. Los que nos quedamos pudimos conocer a la familia de Juanchope, tan buena como él. Y al dia siguiente nos dedicamos a visitar Murcia y sus monumentos, aunque por llegar apurados de tiempo siempre nos terminaban echando de todos ellos. Unas tapas por el centro, que en ausencia de Gema era fritanga y sesos altos en colesterol, un campeonato de lanzamiento de huesos de aceituna y el tiempo justo para recoger e irnos con una gran sensación de felicidad.

Glacias Juanchope por ponernos en tu vida.