American Idol

jueves, 31 de enero de 2008

A veces, si alguien anda un poco despistado, puede tener la sensación de que el avión ha aterrizado en suelo estadounidense en lugar de en el país de las verdes montañas. Los ticos tienen, por suerte o por desgracia, mucha influencia de sus vecinos norteños, y ello se refleja en varios aspectos de su vida diaria.

Las particularidades empiezan en el lenguaje. Lo primero que llama la atención es la peculiar forma con que los costarricenses pronuncian el nombre de su propio país. Tienen la costumbre de pronunciar la letra "r" de un modo extraño, de forma que cada vez que dicen "Costa Rica" recuerdan al ex presidente José María Aznar cuando imitó el acento tejano en su famoso discurso. E incluyen en su léxico habitual palabras en inglés que utilizan con toda naturalidad: hacen las compras en el "mall" (centro comercial), en el campo duermen en "sleepings" (sacos de dormir) y si la luz se va es que han saltado los "switch" (fusibles).

En las intersecciones de sus cuadriculadas calles no suele haber semáforos (ayudando al caos circulatorio), pero cuando los hay, son similares a los de Estados Unidos: un par de cables mantienen suspendido el semáforo en el centro. Y con frecuencia circulan autobuses escolares importados del país de Bush, como el que lleva a Bart Simpson al colegio de Springfield.

El sistema eléctrico varía con respecto al europeo (excluyendo al Reino Unido, por supuesto) ya que los enchufes se fabrican al sistema americano, con dos clavijas finas, por lo que hay que llevar adaptador. Las casas, en Navidad, se llenan de abetos con espumillón y los Reyes Magos están en el paro en favor del rechoncho Santa. Y, en ocasiones, los aseos públicos no distinguen entre hombres y mujeres, sino que los humanos nos transformamos en números, y conviene saber que en las puertas puede aparecer un 1 (que significa orinar) o un 2 (que sería defecar), práctica muy habitual en el gigante americano.

Las razones de esta influencia americana parecen estar en las ayudas económicas que Estados Unidos ha proporcionado a Costa Rica en los últimos años. Una gran colonia de pensionistas estadounidenses (alrededor de 60.000) han decidido acabar sus vidas buscando el sosiego costarricense y el número crece cada año. Afortunadamente, los ticos son conscientes de la importancia de preservar su patrimonio natural. Aunque en poco tiempo la llegada de una nueva norma legal puede hacer cambiar las cosas con respecto a la economía. Por todas las ciudades ticas se ven pintadas en contra del TLC (Tratado de Libre Comercio) que permitiría a las grandes potencias establecerse con total libertad y en igualdad de condiciones en el país para explotar sus productos, lo que podría llevar una destrucción total del comercio local.

De esta forma, el coloso americano acabaría por engullir al diminuto país centroamericano, y estas pequeñas costumbres que no dejan de ser anecdóticas empezarían a convertirse en algo más serio. Espero, por el bien del planeta, que esto no suceda.

Gymkhana urbana

domingo, 27 de enero de 2008

"Ciudad Colón, del Hogar de Ancianos, 100 metros al sur, 400 metros al oeste y 100 metros al sur, San José, Costa Rica"


No se trata de uno de mis juegos de ciudad que preparase en la capital de Costa Rica. Al contrario, es la dirección que aparece al dorso de los paquetes de rodajas de plátano frito que se pueden encontrar en cualquier supermercado.

El sistema de direcciones es uno de los aspectos más curiosos de la vida tica. Allí, nadie sabe qué nombre tienen las vías. En San José, la cuadrícula urbana se divide en calles (que van de norte a sur) y avenidas (que van de este a oeste), todas ellas con el nombre de un número que nadie recuerda. Y lo mejor de todo es que las casas carecen de numeración, por lo que, una vez situados en la calle correcta, hay que agudizar la vista para encontrar la puerta correspondiente.

Al preguntar cómo ir a cualquier punto de la ciudad, se presupone que hay que tener un máster en orientación, del que todos los ticos poseen ya el título. El juego comienza tomando como referencia siempre un punto en concreto y conocido por todos (la Catedral metropolitana, la oficina de correos, el Banco Nacional de Costa Rica, etc). A partir de ahí, la indicación siempre vendrá dada de 100 en 100 metros hacia cualquiera de los 4 puntos cardinales, teniendo en cuenta que una de las reglas principales de la gymkhana es que 100 metros son orientativos y que equivalen a una cuadra o manzana de casas (independientemente de que mida más de 100 metros o menos). En consecuencia, ubicados ya en la última de las paradas, si alguien te indica que el destino se haya a 50 metros, significa que lo encontrarás a mitad de la calle (igualmente, 25 metros es un cuarto de calle, como 75 metros son tres cuartos, rompiendo todas las normas matemáticas que hayamos podido estudiar en nuestras vidas). Y las indicaciones acaban siempre, para evitar improbables confusiones, con algún rasgo de la casa deseada (como el color de su puerta o el número de ventanas de la fachada). Si no ha quedado claro, basta con preguntar a cualquier tico que amablemente responderá a las dudas (aunque a su forma).

Así se mueven los ticos por sus ciudades. El juego comieza nada más llegar al país, pues si se coge un taxi, las indicaciones deben ser tal y como he descrito, pues de lo contrario será difícil llegar con éxito a la meta. Y resulta curioso que, al mandar una carta, se lean frases como "Fulanito de tal, mercado central, 100 metros al sur, 200 al este, 25 metros al norte, tercera puerta de la derecha, de color verde, San José de Costa Rica". Me imagino a los carteros como locos repartiendo la correspondencia.

No me extraña que este gente sea tan feliz, si se pasan todo el día jugando.

Un grupo de mucho peligro

jueves, 24 de enero de 2008

Lo mejor del Encuentro Costa Rica 2008 ha sido, sin lugar a dudas, el propio encuentro. El encuentro con personas ya conocidas, que a veces la distancia hace difícil de volver a ver; y el encuentro de personas anónimas que este tipo de acontecimientos te da la oportunidad de conocer. Me siento orgulloso de haber podido convivir con un grupo de gente tan heterogéneo pero a la vez tan unido. Sin desmerecer a nadie, el día a día en tierras ticas era algo inolvidable gracias a gente como los malagueños, la magnífica hornada de ruteros de 2006 que acudió, Paola, Gema, el grupo Térrabas encabezados por Marilaura y, por supuesto, el grupo Peligro.

Gracias a los peligros, la felicidad embargó mi estancia costarricense. Los pellizcos, mordiscos, cosquillas, juegos infinitos, expediciones nocturnas, intercambios de mantas azules, festines de frutas, te hacían ya levantarte con una sonrisa en la cara que perduraba durante todo el día.

Andrea, amante del café y observadora nata, siempre lista para reír, jugar y encontrar bichos imposibles; Vero, puertorriqueña de lujo, y modelo ideal para la serie de fotos canopy; Bélen, encanto personificado y dibujante oficial del grupo; Uxío, la duda constante y el temor de las tiendas; Íñigo, mi mae gemelo para pelear a todas horas y desordenar cuartos; Bernardo Peligro, guardia civil improvisado de carretera panamericana; Javi, a la llamada constante de todos los interesados en la red de proyectos de Aventura Quetzal; Jorge, quien desde que se disfraza de quetzal no sé si sabe lo que es doble; y Alfredo, amigo, compañero y fan de la canción "Una rosa es una rosa". A todos vosotros, gracias por hacer que en este vídeo salga siempre feliz.

Tutifruti

domingo, 20 de enero de 2008

Siempre me ha hecho mucha gracia la palabra tutifruti, genuina de nuestra lengua y sin parangón en ningún otro idioma (aunque parezca italiana). Se usa para el clásico helado de frutas variadas, y aquí la utilizo para describir la interminable miscelánea de este tipo de alimentos que se puede encontrar por Costa Rica en los supermercados o en cualquier puesto callejero. Sin duda, las particularidades climáticas (lluvioso, soleado y con una temperatura siempre constante y agradable) hacen que sea un lugar propicio para la proliferación de frutas. La macedonia incluye sabores clásicos como fresas, plátanos y bananas (éstas más pequeñas que aquéllos), uvas (que tan bien nos vinieron el día de fin de año), sandías, cocos (que se pueden coger directamente de las palmeras de las playas, listos para consumir), manzanas, naranjas o piñas (aunque allí estén mucho más sabrosas), pero en nuestra estancia americana no perdimos la oportunidad de probar todo aquello que nos resultase exótico.

Papaya. De forma alargada, parecida a un balón de rugby deforme, y de color rosa en su interior. Extraña su sabor al principio pero cuando te acostumbras está deliciosa. A pesar de su gran tamaño, es muy barata (no más de un dólar) y es muy refresante si se toma en zumo.

Granadilla. Una fruta de lo más curiosa. De aspecto anaranjado por fuera, se abre como un huevo Kinder (su piel es dura) y en su interior te encuentras la sorpresa: unas pequeñas bolas negras rodeadas de una sustancia viscosa que recuerda a huevos de renacuajo. Una vez pasada la desagradable primera impresión, los osados que la prueben quedaran satisfechos de su exquisito sabor.

Mango y manga. El mango es bien conocido por nuestros lares, pero su mujer, la manga, apenas existe. Es un fruto similar, también carnosa y de sabor dulce, aunque de mayor tamaño que el mango.

Guanábana. Es una fruta similar a la chirimoya, muy popular en el país como refresco, en zumo o en batido.

Carambola. La fruta bonita, pues su piel es de color amarillo y su forma muy curiosa: si se hace un corte transversal, aparece una estrella de cinco puntas. Se usa mucho en decoración de alimentos y su sabor es bastante ácido.

Maracuyá. La probé en zumo, y sin duda su sabor fue el más delicioso de todos los que degusté.

Café. Resulta raro ir a un cafetal y descubrir que su fruto se come directamente: la semilla del café está rodeada por una sustancia pulposa que contiene miel y que resulta exquisita a los paladares.

Y aún quedan más como el mamoncillo, el pejibaye, el zapote, el cas, la guayaba o el jocote, pero estos los reservo para el seguro próximo viaje a Costa Rica.

La experiencia de volar

jueves, 17 de enero de 2008

Volar es la utopía del ser humano. La naturaleza nos ha privado de medios naturales para vencer la fuerza de la gravedad e imitar el planeo de las aves. Pero el hombre siempre quiere conseguir lo que no tiene, y por ello no para de ingeniar medios para flotar por el aire. Leonardo da Vinci quiso ser el pionero pero fueron los Wright los que esbozaron lo que es el avión. Seguro que hoy disfrutarían de lo lindo con el canopy.

El canopy es una actividad de aventura que consiste en recorrer un circuito interconectado de tirolinas situadas sobre parajes espectaculares. En Costa Rica hay multitud de centros para practicar el canopy, que cuentan con los cables más largos de toda Centroamérica. Yo tuve la oportunidad de realizar el situado cerca de La Fortuna, conocida por su proximidad al volcán Arenal (el único de Costa Rica con forma de cono).

La actividad en sí impresiona desde su comienzo. Se comienza en un mirador desde el que se divisa la ostentosa catarata de La Fortuna, con su caída de 80 metros de altura. Después, 10 tirolinas de diversa longitud (la más pequeña de 150 metros) que se adentran en el espesor de la selva, que sobrevuelan el valle que forma el río que surge de la cascada y que se aproximan al enorme chorro.

La sensación es difícil de explicar. El miedo inicial se supera enseguida dada la seguridad de la actividad. Y a partir de entonces, sólo queda disfrutar. Durante los segundos que dura el vuelo te llegas a sentir como un pájaro que va de árbol en árbol, buscando cobijo o alimento. En el cable 6, el que pende junto a la catarata, las gotas de agua que rebotan tras haberse precipitado al vacío se esparcen por tu cara cuando pasas a su lado. Y en el cable 7, el más largo de todos (nada menos que 980 metros), la sensación es absolutamente placentera durante los 45 segundos de trayecto. Tras aterrizar en la plataforma de llegada, solo (faltaban mis compañeros del "equipo canopy" para el abrazo ritual) y aún sumido en la felicidad que me proporcionó el viaje, sobrevoló en círculos a escasos metros de mi cabeza un zopilote (un ave rapaz típico de estas tierras). Quién sabe si tras el largo vuelo me confundió con algún pariente suyo.

Sin duda, la experiencia más cercana a volar que he tenido nunca. Este vídeo, grabado por alguien que hizo el canopy aquel día conmigo, da una ligera idea de lo que se experimenta.


Pura vida

miércoles, 16 de enero de 2008

Pura vida es el lema de Costa Rica. Los ticos (así se llaman así mismos los costarricenses, como una forma de ahorrarse 10 letras cada vez que hablan de su nacionalidad) lo utilizan para todo. Se escucha por todos los lugares del país y puede significar "hola", "gracias", "de nada", "perdone" y muchos más (me recuerda en su uso al "prego" italiano). Lo leímos en un enorme anuncio publicitario de la cerveza Imperial (la más famosa del país) nada más llegar al aeropuerto y sucesivamente en camisetas, carteles, periódicos...

Y me parece un lema de lo más acertado. Los ticos viven muy bien, sin prisas y con una tranquilidad innata como se comprueba a la hora de esperar cualquier comida en los restaurantes o cuando te envuelven cualquier regalo comprado en una tienda. Disfrutan de lo que tienen y se sienten orgullosos de sus maravillas naturales (una cuarta parte del país está considerada reserva natural). Viven en paz y nos les hace falta tener ejército (las Fuerzas Armadas fueron abolidas en 1949, cuando presidía don Pepe Figueres). Prácticamente los 4 millones de ticos que viven en el país gozan de agua potable (quizás tengan algo que ver las ingentes cantidades de agua que caen típicas del clima tropical) y el estado garantiza salud pública a ellos y a cualquiera que se halle en territorio costarricense. Y son amables por naturaleza: hacen gala de una hospitalidad que a veces extraña en las culturas actuales donde predomina el individualismo y la competitividad.

¿Alguien puede dudar entonces de lo pura que es su vida? Costa Rica es un país fascinante que da para mucho, aunque como avance presento un vídeo al ritmo de Bamaselo, una banda tica de música reggae.

Un oasis de paz

martes, 1 de enero de 2008

Leí este titular en mi guía de Costa Rica, y me llamó la atención: quería descubrir esos lugares en los que la naturaleza aún gana la batalla a los hombres. Costa Rica está repleta de ejemplos en los que el verde predomina sobre todo lo demás.

Ayer estuve en Playa Uvita, en algún lugar del límite occidental del país, y experimenté esa paz que relataba mi guía mientras levitaba sobre las aguas del mar, sin prisas ni preocupaciones, mirando a la arena y contemplando el espectáculo natural que me brindaban las palmeras llenas de cocos y las verdes montañas de alrededor.

Ayer fue el día de fin de año, y lo recordaré para siempre. Jamás en mi vida podía haber imaginado comerme las tradicionales 12 uvas españolas al son de unas improvisadas campanadas en una playa paradisíaca, con una puesta de sol espectacular, en bañador, y sumergiéndome en las templadas aguas del inmenso océano Pacífico (no podía tener otro nombre en Costa Rica).

Por el lugar, la gente, y el momento, ayer fue un día muy especial.

Cuestión de fe

domingo, 23 de diciembre de 2007

Si hay algo que me marcó sobremanera en Marruecos, fue su devoción religiosa. Para nuestras mentes occidentales, acostumbradas a costumbres religiosas seculares que, ya sean en entredicho o no, no pasan del cristianismo, es fácil dejar escapar el hecho de que existen otras formas de vivir la fe diferentes y perfectamente válidas a los ojos de quien las practica. No seré yo quién juzgue lo adecuado o no de una u otra, ya que mi posición a este respecto está claramente alejada de todas ellas, pero sí me gustaría hacer hincapié en que no hay una mejor que otra y que, realmente, existen muchas similitudes entre ellas.

Los musulmanes (que son aquellos que profesan el Islamismo) creen en un único Dios que llaman Alá; tienen también su profeta de Dios en la tierra, que en vez de llamarse Jesús se llama Mahoma (o Mohamed, ¡qué raro!); y toda su doctrina está escrita en un libro conocido como Corán, con función similar a la Biblia salvo que sus ideas están expresadas en árabe y se comienza a leer de atrás hacia delante. En el Corán no se establecen 10 mandamientos, pero sí hay cinco pilares básicos que todo buen creyente debería cumplir: la oración (hasta 5 veces al día avisados por un muecín), la limosna, la peregrinación a la Meca (al menos una vez en la vida), el ayuno en el mes del Ramadán y la profesión de fe.

Por las medinas no se ven iglesias, pero están plagadas de mezquitas. Son extraordinariamente bellas, pero los no musulmanes por lo general no pueden entrar en ellas (con toda la lógica del mundo: es un lugar sagrado cuya función es la oración, no el turismo). En un momento determinado en el que aún el muecín no llamaba a la oración por los altavoces de su alminar, pudimos visitar la mezquita de la Madraza Bou Inania de Fez (una especie de escuela donde se explica el Corán). Allí comprobamos que el Islam es una religión que no venera ninguna imagen (no se ven esculturas de Alá ni cuadros de Mahoma); su decoración se basa en motivos geométricos y en las preciosas formas que presenta la escritura árabe tallada en la pared. Pero la visita duró poco porque a las 5 de la tarde los musulmanes venían de nuevo a rezar; desde la puerta de fuera vimos como entraban sólo hombres, se quitaban los zapatos o babuchas y se lavaban ritualmente la cara, manos y pies en la fuente del patio (lo hacen porque piensan que, para poder purificarse por dentro con la oración, primero deben estar purificados por fuera).

Su día sagrado, en lugar de ser el domingo, es el viernes. En Fez estuvimos un viernes, y la ciudad parecía otra a las 12 de la mañana: todos los puestos estaban cerrados, las calles daban la impresión de haberse ensanchado de repente, y el griterío se apaciguó. Desde la puerta de la impresionante mezquita Karaouiyine (una de las más antiguas e ilustres del país) echamos un ojo sin molestar demasiado, y vimos hileras de hombres todos descalzos y de rodillas sobre esteras (en un marco simbólico de estricta igualdad) postrándose hacia una persona conocida como imán que dirige las oraciones (él dice pasajes del Corán y los demás lo repiten). Cuando acabaron, nos tuvimos que pegar a la pared de la estrecha calle para no ser aplastados por la muchedumbre que salía por la puerta.

Por todo lo que vi, me dio la impresión de que los musulmanes son bastante coherentes con la religión que siguen. Aunque algunas de sus normas carecen hoy en día de mucho sentido (como la prohibición de comer cerdo) o de lógica (¿porqué no entran las mujeres en la mezquita?), son muy fieles y su propio libro sagrado los invita a respetar a las demás religiones como el cristianismo o el judaísmo. ¿Hacemos nosotros lo mismo?

Rompiendo tópicos

martes, 18 de diciembre de 2007

Mi padre se levanta todos los días a las 6 y media de la mañana. Trabaja toda la jornada en la empresa que él mismo ha sabido montar y muchas veces no tiene tiempo de almorzar en casa si el trabajo así lo exige. Nunca llega a casa antes de las 7 de la tarde, 12 horas después de haber comenzado, y de cuándo en cuándo se lleva el trabajo a la almohada (el no poder desconectar es lo que tiene regir tu propio negocio). Y así han sido todas las semanas de sus últimos 30 años.

Y a pesar de ello, aún tengo que aguantar necios comentarios que se oyen con asiduidad pasando de Despeñaperros, del tipo: "los andaluces sois unos vagos, si estáis todo el día de fiesta".


Los estereotipos son un cáncer de la humanidad. El hombre es dado a no pensar y asume con extrema facilidad las generalizaciones sobre determinados grupos de personas sin reflexionar sobre su veracidad o sobre si los tópicos pueden provocar daños morales a los "estereotipados".

Por eso, al igual que no soporto que digan que mi padre no hace nada, supongo que a los marroquíes les molestará que les califiquen de guarros, vagos, aprovechados, terroristas o cualquiera de las etiquetas que cuelgan de su gentilicio. Haber hay de todo, pero como en cualquier parte del mundo.

Hablando desde mi experiencia, he de decir que ni nos han robado, ni nos hemos puesto malos con diárrea por las comidas, ni nos han quitado (que sepamos) ningún órgano del cuerpo. Al contrario, hemos encontrado mucha gente muy amable y servicial dispuesta a ayudarnos en todo momento. Yo, personalmente, prefiero quedarme con su recuerdo.

El papel de la mujer

domingo, 16 de diciembre de 2007

En el ocaso del viaje me percaté de un hecho que me pareció singular. Llevaba una semana recorriendo todo el orbe marroquí y no habíamos establecido contacto con ninguna mujer. Tan sólo comenzamos algún diálogo con la joven del agua y con la policía de "la pequeña Suiza". Más allá de eso, nada.

Por las calles del zoco, los comerciantes de los puestos son todos hombres. Ellos son los que instan a los turistas a "sólo ver" sus bellos productos artesanales, los que dominan como nadie el rito del regateo y los que te sirven el artilugio comprado en una bolsa negra de plástico. Y el mismo esquema se repite en los hoteles, en las tiendas de ultramarinos, en las ventanillas de las estaciones de transportes públicos y por supuesto en aquéllos avispados sujetaparedes que conectan el radar en cuanto atisban a cualquier turista recién llegado a la medina para ofrecerle cualquier tipo de servicio (da igual si lo necesita o no) en busca de la ansiada comisión.

Es como si ellos, los hombres, fueran los únicos que gozan del derecho de establecer relaciones con el mundo exterior. El papel de la mujer es totalmente secundario. No se comunican con nadie y su valor productivo se limita, según lo que pudimos observar, a la limpieza de las estaciones de tren o a la venta de tatuajes de henna en alguna plaza. Como si el velo que recubre sus cabezas psicológicamente las aislara del mundo que las rodea.

Pero al parecer la situación está cambiando mucho en el país desde que en 1972 (hace sólo 30 años) la nueva Constitución garantizó a las mujeres el derecho a votar y ser votadas (sufragio activo y pasivo) y se reforzó con la llegada al poder de Mohamed VI (su actual monarca) con sus ideas aperturistas, quien por ejemplo, saltándose el protocolo, presentó en sociedad a su esposa tras acceder al trono.

Aún así, parece que estos avances sólo llegan a las ciudades más desarrolladas, como la policía que nos perdonó la multa en "la pequeña Suiza" (una mujer con un empleo de importancia). En los pueblos o medinas del sur las cosas van más despacio, y da la impresión de que prefieren asumir el incomprensible decreto "mudawwana" que rige en el país todavía desde 1957 según el cual las mujeres no son consideradas personas adultas maduras. Espero que por poco tiempo.

Y ahí estás tú

lunes, 10 de diciembre de 2007

Hoy me siento patriótico. En sólo un fin de semana he tenido la oportunidad de admirar dos paisajes naturales opuestos y fascinantes, cada uno a su manera. La nieve, en Sierra Nevada; la playa, en Doñana. Tan diferentes y tan cercanos. Contrastes dentro de la misma región.

Sierra Nevada y Doñana son los dos parques nacionales de Andalucía. El poder haber estado en ambos en tan corto espacio de tiempo me ha hecho ponerme a pensar en la riqueza que posee nuestra tierra, cosa que a veces se nos olvida. Ese es un gran error de los humanos: no saber valorar lo que tenemos más próximo.

Por ello se me ocurrió darle un merecido homenaje y deleitarme con algunas de mis mejores fotos hechas en Andalucía. Aunque faltarían mil paisajes más para completarlo, esta mínima muestra me hace estar contento del lugar en el que vivo.

De aquí para allá

martes, 4 de diciembre de 2007

Moverse por Marruecos roza la odisea. Tuvimos la suerte de poder viajar en todo tipo de transporte (¿incluimos también los paseos en camellos?) por el alargado país y todos los trayectos tuvieron esas, digamos, particularidades que los hacen inolvidables.

El tren. Nuestro primer viaje fue sobre vías ferroviarias, nada más y nada menos que 11 interminables horas entre Tánger, al norte, y Marrakech, en el centro-sur del país. Costaban un poco más caros pero no dudamos mucho a la hora de elegir compartimentos con litera para poder dormir algo durante la noche. No intentéis pagar el billete con tarjeta que no dejan, o al menos, eso nos quisieron contar.

Petit taxi. Estaba permitido que los cinco viajásemos en un taxi de tamaño pequeño, o al menos eso es lo que nos quiso contar el chófer. A diferencia de los "grand taxi" (con los que se viaja de una ciudad a otra), los "petit" son interurbanos. El precio lo regateamos bien, pero no debió quedarse muy contento el conductor, pues nos dejó en un punto bastante más cerca del que le habíamos indicado.

Road trip. En Marrakech alquilamos un coche, no sin antes regatear su precio haciéndonos los duros (ya salíamos para la calle cuando vinieron a buscarnos corriendo diciendo que aceptaban nuestra propuesta). Merece la pena conducir por Marruecos, aunque advierto que tiene la consideración de "actividad de alto riesgo". Por las ciudades apenas hay líneas (¿para qué si cada uno circula por donde mejor le conviene) y la adrenalina sube en el momento de entrar en una rotonda (pareces volver a la infancia montado en los coches locos). Por las carreteras, es una constante el encontrarte todo tipo de seres pululando sin rumbo fijo por el lateral del asfalto (no recuerdo ver ningún arcén): niños con mochilas yendo al colegio a cualquier hora del día, burros cargados con alforjas, personas en bicicletas, coches estropeados (o lo que te quieran contar, como contaré próximamente), grupos de mujeres con velo... Y por supuesto nos pusieron una multa por exceso de velocidad. Lo que más me llamó la atención es que fuera una mujer la policía (estábamos en una ciudad con muchos jardines conocida como "la pequeña suiza"), y en un perfecto francés nos comunicó que íbamos a 62 km/h (la velocidad máxima en ciudades es 40). No sé si por pena o porque conducía Guepardo, nos perdonó.

Autobús. Sin duda, el medio de transporte más surrealista de todo el país. En primer lugar, porque tú puedes tener la intención de ir a Chef Chauen, pero un cualquiera apoyado en la ventanilla puede decirte que no hay autobús para esta ciudad pero que él nos ofrece uno que sale para Tetuán, que es, según él, una ciudad mucho más bonita. El colmo de "lo que te quieran contar". Y en segundo lugar, porque una vez que ya estás montado en el autobús sin saber muy si estás en el adecuado (hay que fiarse de otro cualquiera que te lleva de un lado para otro y te cobra por subir las maletas al techo del vehículo), comienzan a subirse pasajeros sin control (parece que el "overbooking" es una práctica permitida en este transporte) y personas que aprovechan las paradas en las estaciones para en el mismo pasillo del autobús venderte pañuelitos o pedir limosna.

Vuelta en ferry. El viaje en barco es muy emocionante, sobre todo cuando hay mucho oleaje y las personas y las cosas apenas pueden mantener el equilibrio a bordo. Pero lo más gracioso es que los relojes en el puerto de Tánger señalaban una hora menos que la real. Por supuesto, "la que nos querían contar".

Compañeros de viaje

jueves, 29 de noviembre de 2007

Hay a quien le gusta viajar solo, otros prefieren hacerlo acompañados. A me gustan ambas, pues viajar es una de mis grandes pasiones y disfruto con ello de todas las formas. En Marruecos mis compañeros de viaje fueron una parte fundamental de la experiencia que viví.

Merche. La verdadera "madrasa" de todos. Siempre poniendo el toque de cordura ante la avalancha de incoherencias que pueden soltar los otros 4 alocados viajeros viajando por el "coño tita" (con perdón, pero estos de Cádiz tienen mucha gracia diciéndolo).

Guepardo. Si en algún momento necesitas un momento de diversión, Guepardo tiene la solución. Con ella no hay lugar para el aburrimiento. Y todo lo que sabe... ¡sabe hacer magia!

Ballenato. Un gran compañero de aventuras que siempre tendrá una sonrisa en su boca nada chica.

Hanah. El gran descubrimiento. Mi Dorothy particular, no pasa un día en el que no me sorprenda por algo nuevo. Gracias por contaminarme.

Para todos vosotros, os dedico este vídeo.


La joven del agua

miércoles, 28 de noviembre de 2007


De vuelta del desierto conducía abstraído en ese tipo de pensamientos que vienen y van (como bien diría Fito) cuando vas al volante de un coche, cuando nos cruzamos con una de tantas personas que te encuentras en medio de la nada por las carreteras marroquíes. Pero en esta ocasión se trataba de una niña acompañada del que podía ser su hermano pequeño. Vestían ropas haraposas y nos hacían gestos pidiendo agua.

Decidimos parar y me bajé para trasvasar algo de la garrafa que llevábamos en el maletero. Con pulso firme llené su botella pero ante mi sorpresa a la mitad me dijo que parara y comenzó a pedirme insistentemente otras cosas, como pan o "un stylo" (bolígrafo). Abrí de nuevo el maletero y les di un pan pero ambos comenzaron a husmear dentro y pedir ropa para continuar pidiendo dirhams. Su ansia de pedir no cesó y tuvimos que apurarnos en cerrar las puertas y marcharnos rápidamente de allí. Arranqué el motor con una sensación muy agria, pues habíamos intentado ayudar a aquellos pequeños pero parecía que nuestro gesto no les reportó ninguna satisfacción.

Y al alejarnos de allí me pregunté si aquella joven alguna vez sería feliz.

Naturaleza en estado puro

lunes, 26 de noviembre de 2007


Un mismo día la naturaleza me regaló dos espectáculos únicos que, por desgracia, la intervención del hombre hace que normalmente para poder disfrutarlos haya que viajar hasta lugares remotos. Por su apreciada singularidad merece la pena el esfuerzo del viaje.

Una mañana me desperté el primero de todos. Me encontraba en una haima en algún lugar del Sáhara y enseguida noté algo que me llamó la atención. No escuchaba nada. Silencio absoluto. Ni bocinazos, ni anuncios en la televisión, ni campanadas de un tranvía, ni gritos del gentío. Ningún sonido llegaba a mis oídos y tuve la sensación de encontrarme en el vacío. Me pareció que tenía que ser muy similar a la que siente un astronauta levitando en el espacio. Y la sensación eran tan placentera... Salí de la haima deseando continuar con esa sensación en medio de las dunas. Sentado en el pico de la más alta, solo y rodeado de un mar de tranquilidad, me sentí muy pequeño.

Esa misma noche decidimos parar el coche en cualquier lugar de la carretera para picar algo y ver el cielo. Jamás había visto nada igual. Sin luces artificiales a nuestro alrededor que nos obligaran a contraer las pupilas, el firmamento nos invitó a contemplar toda su grandeza. Millones de estrellas que incluso dificultaban la percepción de las constelaciones más simples; una Vía Láctea más lechosa que nunca; estrellas fugaces que caían una vez sí y otra también; y dos invitados de excepción descubiertos por el gran maestro: la galaxia Andrómeda que siempre está ahí pero distinguirla se torna casi imposible, y el objeto borroso que, de repente, se situaba junto a Perseo (luego nos enteramos en la prensa que se trataba del cometa 17P/Holmes, que sin saber aún por qué ha decidido mostrarse a nuestros ojos). Tumbado en el suelo, junto a mis compañeros de viaje y mirando al cielo, me sentí aún más pequeño.

Naturaleza en estado puro.